Como 1989 fue un año rico en hechos noticiosos, este 2014 celebramos varios 25º aniversarios. El 9 de noviembre, la caída del Muro de Berlín, efeméride que Artur Mas, Oriol Junqueras y demás elementos del bloque proconsulta nos querían aguar o incluso chafar. Este 23 de octubre, la creación de El Mundo, no por Dios sino por Pedro J. Ramírez, que pese a los equívocos usuales de la sociedad idolátrica, no son la misma persona. Y el pasado 19 de octubre, la elección de Camilo José Cela como premio Nobel de Literatura, noticia que él había anticipado medio siglo antes al poeta Rafael Montesinos.
De Camilo José Cela se podría escribir durante toda una vida, no en vano él convirtió su vida en “una dilatada y compleja literatura”. Esta expresión entrecomillada la utilizó Borges para definir a Quevedo (Otras inquisiciones, 1952) y suponemos que no le sentará mal a Don Camilo desde el más allá, puesto que él reconocía con generosidad su filia quevedesca. Dado el (quizá) insondable e inabarcable mar de literatura que nos dejó, no solo novelas, sino cuentos, poemas, artículos, ensayos, apuntes, escenas y demás, a nadie se le deben caer los anillos por reconocer que no ha alcanzado a leer la mitad de su obra, ni tampoco por anunciar que sí ha leído una estimable parte de la misma. Yo dudaría de cualquiera que dijera que ha leído su obra completa.
Aunque uno no es casi nadie y no ha cumplido ni los 30, se atreve a publicar unas impresiones en columna sobre el genio literario al que tanto admira. Camilo José Cela es más que Comer, Joder y Caminar (él mismo rellenó así sus iniciales), Camilo José Cela es observar, sentir y, sobre todo, pensar. Es pensar sin tregua sobre todo y sobre todos, es un filósofo continuo que utiliza su narrativa para dar hilo a su rico pensamiento filosófico. Camilo José Cela es estar con los sentidos y las terminales nerviosas siempre abiertas, interiorizar toda la experiencia posible que nos ofrecen la vida y el universo y trabajar con ella en un rincón interior para devolverla al mundo en forma de literatura.
Camilo José Cela es vivir para escribir, en el sentido metafórico pero también en el literal. En estos siglos en los que a los escritores, en líneas generales y como bien explica Juan Manuel de Prada, no les sirve ser escritores para ligar más, para ganar algo ni para que nadie les haga caso, la figura de Cela es reconfortante para quienes aspiramos a convivir con la literatura y a hacer algo con ella, es decir, para todos sus pretendientes. Él fue un escritor de cuerpo entero y de alma entera, no le hizo falta complementarse con otras profesiones, aunque las practicara. Fue un laborioso escribidor muy celoso de su oficio. Irreductible. Por eso hoy me permito nombrarle el Celador de la Literatura.