Opinión

El ébola ha muerto, viva la corrupción

Y DIGO YO

Javier Cámara | Jueves 23 de octubre de 2014

No, no estoy haciendo con este título una alabanza a esa habilidad de moda que consiste en robar aprovechándose de un cargo relevante en la función pública. Sólo destaco lo que desde el punto de vista sociológico ocupa uno de los primeros puestos en la lista de preocupaciones de los españoles.

Mientras la auxiliar de enfermería se debatía entre la vida y la muerte y las personas a su alrededor –y no tan cerca– vivían angustiadas ante la incertidumbre de las vías de contagio, los medios de comunicación centraban sus informaciones en el ébola. Superado el virus, vencida la enfermedad (¡bien por Teresa!), todo vuelve a la normalidad, a lo que venía siendo habitual, es decir, a la información sobre la corrupción. El pan nuestro de cada día…

Bárcenas y los sobres, los eres y las empresas andaluzas, Pujol y su clan, Blesa, Rato y las tarjetas negras negrísimas de Caja Madrid que sonrojan a todos los consejeros que las disfrutaron, los sindicatos y los cursos de formación que no se daban, las otras cajas y los otros bancos… Y de pronto llega un día en el que te recuerdan casos de los que ya no nos acordábamos y vemos, no sin asombro, que todavía estamos a vueltas con la Gürtel.

Términos como comisiones o blanqueo o apropiación indebida, Suiza o Andorra o Lichtenstein, amigo o socio o cuñado o testaferro… forman parte de nuestro vocabulario cotidiano, del día a día que hay que aguantar sin remedio justo en el momento en el que más duelen los dispendios y lujos que algunos han saboreado sin ganarlo cuando una mayoría echa unas cuentas que no salen para poder pagar la hipoteca a ese mismo banco que hemos visto en la primera página.

Y cuando se acaba la parte de la política/corrupción en el informativo y uno espera otro tipo de noticias más digeribles, se encuentra con guerras terribles y decapitaciones o con que volvemos a una recesión en Europa y mucho paro o con que los clubes de fútbol deben dinero y que si Messi o Neymar y sus respectivos padres o con que “la Pantoja” junta desesperada su fianza para evitar la cárcel o, lo más comentado, asistimos estupefactos a las diabluras de un pequeño caradura que inunda las portadas porque se colaba en cualquier acto de notable y elevada concurrencia y todos sabemos ya quién es el pequeño Nicolás y cómo timaba a todo hijo de vecino mientras hinchaba su ego viviendo una vida que no era la suya.

La corrupción es un fenómeno generalizado. En política ya no se puede decir que un partido sea más corrupto que otros. Toda formación que ha tenido responsabilidades de Gobierno ha contado algún caso de podredumbre entre los suyos.

Precisamente por esto, hay que exigir que se deje de utilizar como arma argumental en los debates y se trabaje para que no se avergüence a los políticos honestos –que los hay– que trabajan duro por y para servir a los ciudadanos. También para que la lista de escándalos, abusos, tramas, corruptelas, fraudes, latrocinios y paseíllos judiciales no aburran a los que sí viven dentro de los márgenes convenientemente marcados por la ley, que son, por lo general, todos los demás.

Y todavía se pregunta alguno por qué tienen éxito propuestas como las de UPyD, Ciudadanos o Podemos.