EPPUR SI MUOVE
Antonio Hualde | Jueves 23 de octubre de 2014
Decía Lutero que “la soberbia es la rabia del impotente”. Y tenía razón. En el caso de Gala León, cansina donde las haya, esta máxima parece hecha para ella. Se trata de un penoso episodio de machismo, pero al revés -me resisto a llamarlo feminismo, porque no es tal-, aderezado con un buen puñado de resquemor y prepotencia.
Recapitulemos: España ha tenido grandes tenistas femeninas. Desde Lilí Álvarez en la noche de los tiempos hasta Arancha Sánchez Vicario, Conchita Martínez o Virginia Ruano, todas ellas han sido campeonas dentro y fuera de la pista. Números uno del mundo, torneos de Grand Slam -Wimbledon, Roland Garros- y Master Series o medallas olímpicas son sólo algunos de sus logros. La tal Gala León, en cambio, no es una de ellas. Lo máximo que alcanzó en su mediocre carrera fue un puesto 107 en la WITA y un par de campeonatos de España, pero en una época en la que no había rivales y en la que ni el tato se presentaba a jugar. Vamos, tanto como ganar la liga de béisbol de Burkina Faso -si es que la hay, que para el caso es lo mismo-.
En el campo de los chicos, la nómina de campeones es aún mayor, destacando sobre todos ellos el gran Rafa Nadal. Además, están David Ferrer, Nico Almagro, Fernando Verdasco, Feliciano López o los hace poco retirados Carlos Moyá o Juan Carlos Ferrero. Es tradición que se nombre capitán del equipo de Copa Davis a algún ilustre veterano -casos de Albert Costa o Àlex Corretja, por ejemplo- que conozca a los tenistas y tenga buen trato con ellos. Nunca ha habido una chica como capitana, pero no creo que hubiese mayor problema. De hecho, cualquiera de las tres citadas anteriormente -Arancha, Conchita o “Bibi”- saben de esto un montón y seguro que lo harían de cine.
Y de nuevo, no es el caso de Gala León. Ella, directora técnica de la Federación, era quien tenía que dar el OK al nuevo capitán del equipo de los chicos, y no ha tenido mejor ocurrencia que elegirse a ella misma. Se jacta de no relacionarse con ellos, de no ir a torneos de tenis -¡!- y de sabe Dios qué más. A falta de títulos en su carrera, ahora puede presumir de haber logrado una cota difícil de superar: ser rechazada por todos. Tan es así que a principios de semana todos ellos -salvo Nadal y Ferrer, que tenían partido pero cuya opinión coincidía con la de sus compañeros- la citaron a una reunión para decirle que no la querían como capitana por poco capaz y, encima, borde.
Lo peor de Gala León no es su soberbia o su incompetencia, que también, sino su afán por tildar de machismo lo que es simplemente resquemor. “No pienso pedir perdón por ser mujer”, dice. Sólo faltaba. Es cuestión de capacidades, no de género. En el deporte, como en todo, lo importante no es ser hombre o mujer sino valer y hacerlo bien. Si no, a otra cosa. Tú sí que eres machista, Gala León.