Opinión

1932

MIRADA ESCOLÁSTICA

Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 24 de octubre de 2014

Tras la “sanjurjada” Ramiro ya es uno de los elementos más vigilados por la Dirección General de Seguridad, y calificado en su expediente policial como “político muy peligroso para el orden republicano”. Había visitado ya la cárcel como preso político en tres ocasiones que contabilizaban las tres estancias 24 días, pero en absoluto le arredraron estas estadías carcelarias, ni le desviaron de sus propósitos revolucionarios. Al contrario, cada día está más convencido de la idoneidad de su ideario radical y nacionalista. El fracaso del golpe de Estado de Sanjurjo en agosto hizo que la situación política entrañase un dilema fatal: o democracia parlamentaria (o burguesa), o marxismo bárbaro y antiespañol. También durante este año muestra claramente Ramiro sus diferencias programáticas con el hitlerismo, a punto de tomar el poder total en Alemania.

Aunque Ramiro siempre reconoció a Hitler como un genio natural de la organización y de la agitación políticas, jamás estuvo de acuerdo en pensar que fuese un gran hombre de Estado. Al contrario. No fue del agrado de Ramiro el posibilismo y pragmatismo que Hitler estaba usando en su imparable ascenso al poder. Ledesma ya pronosticaba que gran parte de los Ministerios serían entregados en manos de diestros burgueses conservadores, como Franz Von Papen, que para nada querían la revolución económica que el nacional-socialismo entrañaba y había pregonado. Hitler había prometido en su pomposo programa la reforma radical del régimen económico y financiero de Alemania, que llevase el bienestar a todos los hogares alemanes; pero ese compromiso, según Ramiro, Hitler no pararía de posponerlo. Y si Hitler no cumplía sus compromisos en el radical cambio de la realidad social alemana, su régimen se convertiría simplemente en una autocracia nacionalista, pero no nacional-socialista, y los liberales capitalistas – en el fondo – acabarían teniendo a Adolf Hitler como un gendarme más de su capital en la Historia de Alemania. Una marioneta en el fondo del Gran Capital Germánico.

- A mí me gustan más la cerveza y las mujeres que a Hitler. Adoro tanto las carnes muertas como vivas. Y ello explica que Hitler acabe siendo un epígono degradado del gran Fausto. Venderá su alma sólo por su mantenimiento en el poder, y no por aplicar la doctrina nacional-socialista. Nosotros, sin embargo, dirigiremos España con sindicatos justicieros y fuertes, aunque tiembles y nos abandonen los burgueses.

Otra diferencia que Ledesma también tuvo con el Führer germano es que mientras Hitler no sólo se autodefinía como antiliberal, sino también como antidemocrático, Ramiro, reconociéndose antiliberal, consideraba, sin embargo, que el jonsismo llevaría a España a la auténtica y suprema Democracia. Consideraba el jonsismo en sí mismo profundamente democrático, cristalización de una nueva Democracia, que era como un nuevo eslabón en la cadena de la evolución histórico-política, una forma más progresiva de Democracia, una nueva concepción en la que el dêmos adquiriría su plena realidad orgánica sustantiva y, por tanto, iría camino de integrarse de su plena esencia, para ser el forjador de su propio y verdadero Destino. Por ello, las nuevas democracias, totalitario-autoritarias, irían a completar el proceso de integración democrática, en que las puras democracias de forma se habrían de convertir en democracias de fondo. Es así que para Ramiro el liberalismo cuaja en la democracia parlamentaria, y el jonsismo en la democracia orgánica. Y es también así como aquella joven democracia liberal que fue la Segunda República tenía un centro pequeño de demócratas verdaderos, cercados por sendos totalitarismos de izquierdas y de derechas. La Segunda República no iba a vivir mucho, pero Ramiro tampoco la iba a sobrevivir.

1932 es el año en que también Ledesma sostiene que la revolución nacional tiene demasiados pocos abuelos recomendables, que las generaciones pretéritas de los dos siglos anteriores tienen nada o muy poco que ofrecer; por ello fundamenta su Movimiento en los signos “creadores y geniales” de Isabel y Fernando, Los Reyes Católicos. 1932 es el año en que afirma que la reconstrucción de una España deshecha sólo podrá llegar con el logro del pan y la justicia para todos. Y algunas de sus exclamaciones nos llegan a dar miedo hoy mismo… “¡Basta de corrupción política sin ninguna consecuencia penal! ¡Basta de miseria entre los trabajadores que soportan sobre sus hombros este pantagruélico sistema inepto!”

En este año de 1932 se hace amigo íntimo y devoto de otro Ramiro, Maeztu, con el que habrá de ser salvajemente asesinado en 1936. Para el Ramiro zamorano, Maeztu representaba la Hispanidad y la emoción nacional. El otro amigo que conquista en 1932 es el comandante Franco, Ramón Franco. Su amistad no le impide llamarle “pelele de la República”. “¿Podrá Franco levantar de nuevo en vilo su fervor español y revolucionario, uniéndose a algo que luche heroica y auténticamente por recuperar para España su fortaleza, su vigor y su libertad?”, se preguntaba Ramiro. Y también en 1932 se hace enemigo cordial y acérrimo de Gil Robles y Ángel Herrera, que como líderes de Acción Popular podrían domesticar y ablandar los ímpetus católicos, pero también violentos, justicieros y revolucionarios de las futuras juventudes jonsistas.