Opinión

El terrorismo en el Sinaí

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 25 de octubre de 2014

La península del Sinaí ha sufrido esta semana dos atentados terroristas que han dejado un terrible saldo de 31 muertos y, como mínimo, 28 heridos.

El primero de los atentados fue en un puesto de control en Sheikh Zuweid, una ciudad beduina en el norte del Sinaí, entre Arish, la capital de la provincia, y Rafah, ya en la frontera con Israel. El estallido de un coche bomba mató a 18 soldados. Cuando otros compañeros fueron al lugar de la explosión, varios hombres armados abrieron fuego contra ellos y mataron a otros 10. El segundo ataque terrorista fue en Arish. Un grupo de terroristas disparó contra un puesto de control del ejército y mató a tres soldados. Esta misma semana, cerca de la Universidad de El Cairo, un artefacto explosivo hirió a diez personas. El mes pasado, dos policías murieron en un atentado contra el Ministerio de Asuntos Exteriores.

El Sinaí es un polvorín y está estallando. El atentado de Sheikh Zuweid es el mayor que ha sufrido el ejército egipcio en los 15 meses que lleva combatiendo con distintos grupos terroristas. Las dos principales organizaciones terroristas que operan en la península son Ansar Bait el Maqdis y las Brigadas Al Furqan. La primera ha reivindicado estos dos atentados y otros cometidos en 2013 y en los meses de enero, febrero y mayo de 2014.

Diversas fuentes afirman que Ansar Bait el Maqdis es aliada del Estado Islámico y sus efectivos se estiman entre 1.000 y 2.000 hombres, la mayoría de ellos beduinos. Según Nabil Naim, uno de los fundadores de la Yihad islámica, el grupo está dividido en dos ramas que operan respectivamente en Gaza y en el Sinaí y reciben fondos de los Hermanos Musulmanes. Desde la caída de Morsi y el ascenso al poder de Al Sisi, la actividad terrorista en el Sinaí ha aumentado. Ansar Bait el Maqdis está incluido, desde abril de 2014, en las listas de organizaciones terroristas del gobierno británico y del Departamento de Estado estadounidense.

Es difícil valorar la evolución que el terrorismo en el Sinaí va a tener sin hacer referencia al Estado Islámico, que progresivamente va sustituyendo a Al Qaeda como modelo para los yihadistas de todo el mundo. En especial, la organización de Abu Bakr Al Baghdadi ha exhortado a cometer atentados en Egipto, especialmente en el Sinaí, que dañen al turismo; por ejemplo, en Sharm el Sheikh. Las fuentes oficiales egipcias insisten en que no hay terroristas del Estado Islámico en Egipto pero no pueden negar la presencia de jóvenes yihadistas egipcios luchando tanto en Siria e Irak como en Libia.

La complejidad de los dos atentados de esta semana y el armamento empleado en ellos confirman que los terroristas tienen una gran capacidad operativa. Se sospecha que algunos de ellos podrían haber regresado de combatir en Siria contra las tropas de El Asad y que ya podrían estar recibiendo ayuda económica del Estado Islámico. Según información de Al-Monitor.com, la detención en el norte del Sinaí de un presunto miembro de Ansar Bait el Maqdis llamado Adel Hebara reveló la existencia de conversaciones telefónicas entre Hebara y miembros del Estado Islámico en Siria en las que le prometían la suma de 10.000 dólares a cambio de lealtad a la organización de El Baghdadi y la comisión de atentados en la Península del Sinaí.

La influencia del Estado Islámico crece gracias a un aparato muy efectivo de propaganda y a unas técnicas de combate que combinan la eficacia militar con el terror de los grupos yihadistas y unos grandes recursos económicos fruto, por ejemplo, del tráfico de petróleo y la extorsión de los habitantes de las zonas que controlan. Solo una oposición decidida podrá detener su avance. La batalla contra el Estado Islámico no ha hecho más que empezar.

Ojalá sea derrotado.