Contexto Político

Borja M. Herraiz | Lunes 27 de octubre de 2014
Estados Unidos acude este martes a las urnas para renovar su sistema bicameral y gran parte de los gobernadores de sus 50 estados. Las elecciones, conocidas como de mid-term o de media legislatura, son las últimas de Barack Obama como inquilino de la Casa Blanca. El presidente, si bien no concurre, juega un papel importante en unos comicios que condicionarán en buena medida la elección de dentro de dos años. Los asuntos locales y la baja participación serán los grandes protagonistas en una jornada que, si bien se presenta menos emocionante que en otras ocasiones, puede aupar o hundir a varios candidatos presidenciales en potencia.

La crisis económica ha quedado atrás, o al menos eso es lo que se pregona desde la Casa Blanca, sabedores de que las elecciones del próximo martes son una buena piedra de toque a dos años vista de los comicios presidenciales. Si bien Barack Obama no concurre, el presidente estadounidense sabe que su colegas demócratas se juegan mucho en menos de una semana y que el varapalo que apuntan los sondeos puede ser de los que dejan huella profunda.

El martes 4, la Cámara de Representantes, lo que en España vendría a ser el Congreso de los Diputados (si bien esa denominación en EEUU abarca ambas cámaras), un tercio del senado y 37 de los 50 gobernadores, amén de cientos de alcaldes, jueces, tesoreros y fiscales, serán escogidos por los ciudadanos en lo que son los comicios más relajados para Barack Obama desde que llegó a la Casa Blanca, una vez diluida la amenaza del Tea Party, pero no por ello menos relevantes.

Asuntos del día
La flexibilidad en la disciplina de partido que prima en Estados Unidos provoca que cada elección, ya sea al Senado o a una pequeña alcaldía, sea un microcosmos en sí misma. No es extraño ver cómo un líder estatal esgrime unas ideas distintas a la línea 'oficial' de su partido, ya que el político norteamericano se debe a sus votantes y no a su grupo ideológico. De este modo, las campañas electorales se centran en convencer al ciudadano, al individuo y no tanto al colectivo. Cada voto cuenta, allá donde se encuentre.

De este modo, muchos de los discursos electorales que se escuchan estos días a lo largo y ancho del país se centran en dos asuntos puntuales y circunstanciales: el ébola y la amenaza del ISIS. La economía local, las relaciones exteriores o las reformas legislativas quedan en gran medida sometidas a la actualidad. Para eso ya apenas quedan dos años y será otra historia... o no.

Con la Casa Blanca en mente
Y es que la carrera presidencial ha comenzado, en cierto sentido, ya mismo. Demócratas y republicanos batallan por hacerse con las mejores posiciones en el tablero bicameral y estas elecciones podrían relanzar o truncar las aspiraciones de más de uno. En unas elecciones de mid-term, el partido en la oposición suele salir victorioso, en especial si es el caso de los republicanos, puesto que a las urnas acude el electorado más fiel de ambos bandos en una participación muy baja, lo que ayuda a los conservadores.

De este modo, Hillary Clinton, ex secretaria de Estado y presumible candidata a liderar a los demócratas hasta la Casa Blanca en 2016, ya ha empezado a moverse intensamente de este a oeste y de norte a sur sabedora de que es muy probable que los republicanos se hagan con la mayoría en ambas cámaras, lo que conlleva que Obama, cuya aprobación entre el electorado ha caído hasta el 41 por ciento, su nivel más bajo desde que es presidente, esté atado de pies y manos casi para cualquier iniciativa legislativa, que deberá negociar con la oposición.

Y a la inversa lo mismo, todo texto aprobado por el Senado y la Cámara debe contar con el visto bueno del presidente, que también tiene derecho de veto. Resultado bastante probable: el Gobierno al ralentí durante media legislatura hasta 2016, cuando toda la carne sí estará en el asador.

Es por eso que tradicionalmente el presidente saliente afronta, en este contexto, los dos últimos años de mandato como una larga despedida de 24 meses. Todo lo que ha podido sacar adelante ya ha sido aprobado y lo que no, como su reforma migratoria, pospuesta para después de las mid-term, lo que ha levantado arduas críticas incluso entre el sector inmigrante, de tendencia demócrata, o el cierre de la base de Guantánamo, no tiene visos de pueda tener luz verde a tiempo.

El Senado, la verdadera trinchera
A día de hoy, la Cámara de Representantes, cuyos escaños se reparten en función de la población de cada territorio, está en manos republicanas y el Senado (dos asientos por estado) en las de los demócratas. En el primer frente no parece que vaya a haber cambios, puesto que la división por distritos favorece los electorados cerrados, e incluso la mayoría podría verse ampliada hasta los 15 o 16 escaños.

Sin embargo, en el segundo la historia es muy diferente con un dato demoledor de fondo: el 90 por ciento de los senadores que se presenta a la reelección la consigue. Los demócratas son dueños de la cámara por ocho asientos, si bien los republicanos están en condiciones de arrebatarles la hegemonía. Una veintena de asientos dictarán sentencia. Montana, Virginia Occidental y Dakota del Sur cambiarán de manos, de no mediar sorpresa mayúscula de última hora, a manos conservadoras.