Martes 28 de octubre de 2014
Es más que comprensible la indignación de Javier Limón, marido de Teresa Romero, por el calvario que han vivido él y su mujer. La auxiliar de enfermería tuvo la valentía de presentarse al Carlos III como voluntaria para ayudar a los afectados por el virus del ébola. Por desgracia, por incontables fallos en el protocolo y por circunstancias todavía no aclaradas se contagió. Y cuando se supo, el consejero de Sanidad de la Comunidad estuvo más que torpe al achacar todas las responsabilidades del contagio a Teresa Romero. Dijo que se tocó la cara con las manos al quitarse el traje de seguridad, circunstancia que ahora ella niega. Pero, sobre todo, llegó a acusar a la valiente mujer de haberse infectado por desconocer el protocolo.
La reacción de Javier Limón, pues, parece justificada. Lo que empieza a parecer exagerada es la obsesión del marido en hacer constantes declaraciones, convocar ruedas de prensa, conceder entrevistas… Y empiezan a resultar chocantes sus reiteradas amenazas de que va a querellarse contra el consejero y la ministra. ¿Qué busca? ¿Dinero? ¿Notoriedad?
Según ha sabido El Imparcial, ya ha algunos canales de televisión que le ofrecen suculentas cantidades de dinero por aparecer en ciertos programas. Y también hemos sabido que está siendo asesorado por políticos y abogados de la oposición y de los populistas. Resulta más que comprensible que Javier Limón quiera defender a su mujer. Pero no lo sería tanto, que aprovechara la trágica circunstancia que ha vivido para sacar rédito y popularidad. Solo faltaba que Javier Limón, después de hacer caja, quiera dedicarse a la política. Ya hay alguno de los famosos sociólogos de Podemos que le están animando a inscribirse en el “partido”. A este paso, Pablo Iglesias puede encontrase con otro competidor.