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Ferguson, el incombustible, ante Grant, el maltratado

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Martes 20 de mayo de 2008
En Inglaterra nadie pone en tela de juicio las tácticas que emplea el "boss" del United. En Old Trafford, Sir Alex Ferguson se ha labrado un currículo admirable escribiendo a base de trofeos la historia de un club campeón.

La imagen clásica del escocés es la del técnico serio, poco o nada dado a bromas, que masca chicle sin cesar y celebra cada gol con la pasión de un adolescente.

Con él al frente de los "diablos rojos", este equipo ha visto madurar escuadras campeonas, como la que ganó el "doblete" en 1994 y cinco temporadas después (en 1999) conseguía el "trébol" (Liga, Cpa y Liga de Campeones).

Es, además, el segundo entrenador más veterano de la historia que llega a una final de la Copa de Europa: el 21 de mayo, día del encuentro, tendrá 66 años y 142 días, por detrás del belga Raymond Goethals, con 71 años y 231 días, que lo hizo con el Olympique de Marsella ante el Milán, el 26 de mayo de 1993).

Si derrotan al Chelsea en Moscú, el United logrará su tercera Liga de Campeones (las anteriores fueron en 1968 y 1999).

Mientras que de Ferguson nadie espera que demuestre nada, su colega Avram Grant vive una historia opuesta en el Chelsea, un club forjado gracias al talonario sin límites de su dueño, el magnate ruso Roman Abramovich, y al que con frecuencia se le critica un fútbol aburrido y su falta de identidad.

El conjunto de Londres sigue sin digerir bien la marcha de su anterior técnico, el provocador portugués José Mourinho.

Cuando Mourinho, la antítesis más clara de Grant, llegó a Stamford Bridge, su carisma y personalidad excesiva camelaron a los aficionados e hicieron las delicias de los periodistas. "Mo" se creó su propio personaje, cien por cien mediático, y que no podría diferir más de la personalidad discreta y silenciosa del israelí.

La llegada de Mourinho, además, coincidió con la conversión de los "Blues" en la nueva fuerza del fútbol inglés en un momento en el que, también, fueron muchos los que se atrevieron a vaticinar que los días del longevo Ferguson con el Manchester habían llegado a su fin.

La historia demostró que se equivocaban. El escocés "reconstruyó" el equipo e hizo mucho más que simplemente remendar parches. Suplió de forma exitosa las lagunas dejadas por Beckham, Van Nistelrooy y Roy Keane, cuyas marchas tanto lloraron los hinchas.

En el año del portugués Cristiano Ronaldo, fichado para cubrir la ausencia de Beckham en el medio campo, y del inglés Wayne Rooney, el United ganaba la decimoséptima corona de la "Premier", y la décima durante el glorioso reinado en Old Trafford del escocés.

Ahora, además, los "diablos rojos" podrían alzarse con otra Copa de Europa el próximo miércoles en Moscú.

Lo que convierte a este club, y a su técnico, en especiales es su capacidad para desarrollar constantemente nuevas plantillas sin prescindir de una seña de identidad. Algo que no tiene el Chelsea.

El juego ofensivo y vistoso que tanto gusta a Ferguson ha sido elogiado continuamente durante esta campaña, aunque su marcha triunfal hacia la Liga se cimenta en su solidez defensiva.

Tan sólo han concedido 22 goles en sus 38 compromisos de la "Premier", todo un récord para esta entidad, que tiene en el tándem formado por el serbio Nemanja Vidic y el inglés Rio Ferdinand el dúo de centrales más rocoso del país.

Otro que ha sorprendido es el francés Patrice Evra como lateral izquierdo, sin olvidar a los centrocampistas Owen Hargreaves y Michael Carrick.

Mientras que el United ha demolido a los rivales con un equipo compacto, coordinado e increíblemente efectivo, el Chelsea ha ido solventando la temporada gracias, en gran parte, a momentos individuales de brillantez.

El trato recibido por ambos técnicos también ha diferido diametralmente. Ferguson cuenta con un respeto incuestionable. Grant, por su parte, ha soportado palos por varios frentes. Ni los seguidores han mostrado simpatías hacia el hombre que reemplazó al "especial" (el mote con el que se bautizó a sí mismo Mourinho); ni los medios han dejado de cuestionar sus decisiones.

Curiosamente, la situación no ha mejorado después de que Grant, y no Mourinho, clasificara al club a la primera final europea en su historia. Para muchos, son los frutos de lo que sembró su antecesor.

Grant optó por no variar radicalmente el tipo de juego que ya hacía el Chelsea antes de su llegada, un fútbol "resultadista" en lugar del despliegue de sofisticación al que aspiraba Abramovich.

Tampoco ha habido en la entidad llegadas relevantes, a excepción del galo Nicolás Anelka, procedente del Bolton Wanderers, al que fichó en el mercado de invierno, pero que aún no ha podido lograr un hueco fijo en la titularidad.

Grant se ha defendido. Esta semana recordaba en Cobham, Surrey, donde la plantilla tiene su campo de entrenamiento, un e-mail que le envió un aficionado septuagenario en el que le agradecía haber convertido un sueño de toda la vida realidad al meter al equipo a la final.

Y también ha salido en su apoyo públicamente John Terry, el capitán del Chelsea.

Guste o no, la falta de gancho del israelí en el plano público se compensa con los números: el conjunto tan sólo ha encajado 3 derrotas en 38 encuentros disputados (con 25 victorias y 10 empates). No está mal para el fiasco que dibujan, a veces, sus detractores

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