Los Lunes de El Imparcial

Joaquín Leguina: Los 10 mitos del nacionalismo catalán

ENSAYO

Domingo 09 de noviembre de 2014

Temas de Hoy. Barcelona, 2014. 223 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 12,99 €


Por Alfredo Crespo Alcázar



Joaquín Leguina nos presenta una obra en la que opta por la claridad expositiva y de intenciones desde la primera página. Se agradece, ya que cuando se analiza el nacionalismo catalán, en la mayoría de las ocasiones el rigor científico y académico se subordina a la corrección política.

El autor llama a las cosas por su nombre: las demandas (exigencias) nacionalistas nunca se sacian, solo se transforman. Los ejemplos que pone corroboran esa idea. Así, frente a la visión de Cataluña como colonia (de España) fomentada por el nacionalismo catalán, él responde desvelando que el presidente de la Generalidad y 55 altos cargos cobran más que el presidente del Gobierno Español.

En efecto, el otrora político socialista, desde la independencia intelectual, rebate los mitos sobre los que el nacionalismo catalán ha cimentado la “historia catalana” y su enemigo (España). El recurso al esencialismo, como en su día hicieran Unamuno, Baroja o Azorín al hablar de España, convierte la ficción en realidad.

Leguina hace un recorrido cronológico con lo cual el lector puede seguir en todo momento la narración (la derrota de 1714, la formación a inicios del siglo XX de la Lliga Regionalista o la deslealtad hacia la República por parte de Esquerra Republicana de Cataluña). Este último punto es relevante porque ilustra las posturas antagónicas de Manuel Azaña y José Ortega y Gasset, quien en 1932 se mostraba tan visionario como realista: “El problema catalán es un problema que no se puede resolver, que solo se puede conllevar. Por cualquier fecha que cortemos la historia de los catalanes encontraremos a estos enzarzados con alguien, también consigo mismos”(pág. 98).

Obviamente, el “momento actual” goza de abundante presencia en la obra. La tesis que maneja Leguina se ajusta a los hechos y es fiel reflejo de la historia: la acometida independentista que lideran Mas y Junqueras no obedece a una causa única y concreta, como podría ser la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña o a las (supuestas) cesiones que los nacionalistas hicieron en la Transición.

La clave reside en otra raíz a la que muchas veces por miedo a la ira nacionalista o a ser etiquetado de “separador”, no se apela: los Gobiernos de Pujol iniciados a partir de 1980, crearon un régimen. A partir de esa fecha y bajo el objetivo de “fer país”, se establecieron dos categorías de catalanes: de primera (los nacionalistas) y de segunda (los que no comulgaban con las tesis pujoliano-convergentes). La lengua y los medios de comunicación, éstos generosamente subvencionados, fueron las herramientas de las que se valió la Generalidad.

En este sentido, resulta interesante leer la parte en la que analiza cómo la izquierda (sindicatos incluidos) se ha rendido ante el nacionalismo catalán asumiendo sus mantras, por ejemplo, el “derecho a decidir”. Conducta similar se ha observado en algunos intelectuales.

Finalmente, Leguina dedica un apartado a las soluciones. En un primer término detalla lo que serían no-soluciones, esto es, el diálogo con el nacionalismo, pues en última instancia implicaría una nueva cesión a cambio de unos años de paz. Además, como no se podrá “dialogar” de todo sino solo de las reivindicaciones nacionalistas, “entonces no se trataría de un diálogo abierto, sino de la redacción de un acta de rendición a firmar por el Estado” (pág. 209).

Tampoco el federalismo es la respuesta y sí el apoyo a las diferentes plataformas de ciudadanos surgidas en Cataluña que describen y combaten la asfixia a la que les ha llevado el nacionalismo. Si se opta por esto último, quizás haya motivos para la esperanza. En palabras del diplomático Juan Claudio de Ramón, que Leguina hace suyas, “en la nueva etapa que se abra no hay que dialogar con el nacionalismo catalán, pero sí, y mucho, con los catalanes” (pág. 211).