Traducción de Ibon Zubiaur. Errata Naturae. Madrid, 2014. 259 páginas. 19, 50 €. Al cumplirse este 9 de noviembre los 25 años de la caída del Muro de Berlín, se publica en España esta antología y sólido estudio que nos acerca a la literatura de la República Democrática alemana.
Por Alejandro San Francisco
La vida en Alemania oriental, detrás del Muro de Berlín y dentro de la órbita soviética, tuvo dimensiones muy variadas: la construcción de un régimen totalitario, con un Estado policial omnipresente a cargo de la temible Stasi, la represión sistemática de la disidencia (incluso de los miembros del régimen caídos en desgracia), el régimen comunista con el monopartidismo de hecho, la ausencia de libertades sociales y políticas, el imperio de la desconfianza y un cierto tono gris que parecía inundarlo todo. Un mundo creado, lo ha dicho recientemente Anne Applebaum en su excelente investigación El Telón de Acero. La destrucción de Europa del Este 1944-1956 (Debate), a imagen y semejanza del sistema político de la URSS, impuesto en los territorios ocupados por el Ejército Rojo.
Una de las manifestaciones más interesantes del sistema comunista en Alemania oriental se da en el ámbito de la cultura, y específicamente de la literatura. Es el tema que aborda, precisamente, el presente trabajo editado por Ibon Zubiaur, referido a diversos autores que vivieron y escribieron dentro de la RDA. La literatura no era un mundo al margen de las características que definían el régimen de Ulbricht y después de Honecker, aunque tenía sus manifestaciones propias. Tal como había ocurrido en la Unión Soviética -heredera de la extraordinaria tradición rusa y con Premios Nobel de Literatura en su haber- el modelo literario de Alemania oriental estaba sometido a los rígidos cánones oficiales, establecidos para la edición de los libros y también para los escritores, bajo el modelo del realismo socialista que se impuso en la URSS en la década de 1930. Recrear y rescatar ese espíritu y algunas de sus obras -también de las disidencias- es el objetivo del presente libro, que además aprovecha para mostrar en lengua española una tradición escasamente conocida entre los quinientos millones de hispanohablantes. Para ello, el modo que elige Zubiaur es presentar a un autor a través de una breve biografía, y luego introducir un texto relativamente breve (habitualmente el capítulo de un libro), que permita aproximarse a su obra.
Los criterios definidos por el editor para la selección de autores incorporan varios aspectos: de partida, uno temático, referido a la RDA en su literatura; uno de relevancia, al escoger a los escritores más citados e influyentes; luego se utiliza uno de género, de carácter narrativo, con escritos en prosa; finalmente, se trata de textos no traducidos anteriormente.
¿Cómo era escribir y cómo era la literatura detrás del Muro? Una conferencia de Jurek Becker (1939-1997), titulada “La reunificación de la literatura alemana”, pronunciada en 1990, ilustra muy bien sobre el tema, y aunque cierra el libro conviene citarla en primer lugar. Establece un par de características centrales a considerar: primero, la literatura en la RDA tenía una función sustitutoria (al no haber libertad de prensa, las novelas comunican y muestran la realidad); segundo, la censura gobierna sobre toda la vida literaria, es decir, toda obra es permitida o bien prohibida oficialmente.
Como resultado propio del régimen, surgió la disidencia, también en las letras. Esto tenía algo de heroico y mucho de trágico y numerosos peligros, desde la prohibición de publicar hasta una especie de ostracismo cultural. Como resultado, algunos autores procuraron publicar en Occidente, cuestión que se volvió crucial para la sobrevivencia, pues así les llegaban algunos ingresos negados tras el Muro; también significaba un cierto prestigio y reconocimiento, precisamente por ser valorados en la RDA; finalmente, porque la celebridad del autor servía de “escudo de protección” frente a la arbitrariedad del Estado policial.
El presente libro propone una selección de textos que incluye obras escritas después de 1961, es decir tras la construcción del Muro. La selección incorpora autores diversos, de acuerdo a su calidad y los gustos del editor, como él mismo reconoce. Son obras diversas de autores que también tuvieron vidas distintas e incluso contradictorias, tanto en sus posiciones políticas como en su actitud ante el poder.
Stephan Heym (1913-2001), fue “el primer disidente del país”, de quien se escoge “Necrológica”, parte de sus memorias. Es un autor problemático para la dictadura, que narra con valentía la rebelión de 1953 en Alemania y la represión consiguiente del pueblo. Erich Loest (1926-2013), fue quizá quien sufrió las mayores represalias en la RDA, detenido y condenado en un proceso-farsa de 1957. “Una grieta en la tierra” también es parte de su autobiografía: “Esa tarde empezó el proceso del Partido, el final estaba claro de antemano”, señala en una parte central que ilustra una situación repetida al este del Telón de Acero.
Entre los autores cercanos al régimen, o comprometidos con la construcción del socialismo, hay varios que aparecen en esta obra. Stephan Hermlin (1915-1997), fue de joven un militante comunista, del cual se publica “Regreso”, que narra su retorno a Alemania en 1945, después de años fuera del país dominado por Hitler. Contribuye a la comprensión de la literatura en los primeros años de la Guerra Fría, ilustra sobre las persecuciones y la perseverancia comunista -también su obsecuencia ante el nuevo régimen- y es un hombre convencido de la “capacidad de transformación de los intelectuales y su papel determinante a la hora de construir una sociedad mejor”. Una figura fundamental es Brigitte Reimann (1933-1973), escritora precoz, polémica y muerta prematuramente de cáncer, cercana al régimen pero nunca militante, ciertamente poco convencional, de quien se reproducen sus “Diarios 1955-1963”. La Stasi quiso reclutarla sin éxito, y en una máxima recoge el espíritu de la literatura oficial: “Verdadero es lo que a los lectores de la editorial les parece verdadero. Bello es lo que a los lectores de la editorial les parece bello”, en un alcance irónico que resume el sistema de censura oficial. Helmut Sakowski (1924-2005), era una especie de escritor-funcionario, es un defensor de la literatura útil, cuya meta es ayudar al Partido, aunque también hay que vivir bien la vida, como se explica en “Hay que disfrutar con el socialismo”.
Asimismo, Franz Fühmann (1922-1984) llegó a ser una referencia moral, sufrió los dos regímenes totalitarios, el nazi y el comunista. De él se publica “Carta al Ministro de Cultura”, donde urgía a ser menos conformista y estandarizar la literatura alemana con las mejores del mundo, elevando el nivel de la crítica. Erik Neutsch (1931-2013) fue un autor expresivo del realismo socialista, como se ve en “El rastro de las piedras”, un esfuerzo para servir al Partido y mostrar aquello que vale la pena conocer en la construcción del socialismo. Hermann Kant (1926) fue un gran autor, de quien se desprecia su colaboracionismo con la Stasi, quien presenta en “El aula” un debate en la Unión de Escritores, que resulta muy interesante e ilustrativo. Volker Braun (1939) fue otro autor leal a la causa del comunismo, cuya “Historia inacabada” muestra historias reales a través de personajes de ficción, en temas literarios valiosos, como la posibilidad de finales estimables o los juicios literarios de un matrimonio.
Como contrapartida, aparecen los escritores disidentes o libres. Günter de Bruyn (1926) es autor de “la novela más perfecta escrita en la RDA: El asno de Buridán”, a juicio de Zubiaur. Sin embargo, el texto seleccionado es “La entrega del Premio”, que se refiere al estado de la literatura en la RDA, reconociendo que si a veces aburre es porque “no afronta los temas verdaderamente actuales”. Irmtraud Morgner (1933-1990) es una autora original, de quien se reproduce “Vida y aventuras de la trovadora Beatriz”, que muestra con sátira e ironía el sistema literario de la RDA. Wolfang Hilbig (1941-2007) es un autor que distingue la imposibilidad de integración de la labor del intelectual, del escritor, con el mundo del trabajo manual. Es un rebelde que publica en Alemania occidental y despacha una perla moral: “No tenía otro remedio que preservar mi escritura del poder, ya que el Estado y el estalinismo eran capaces de reprimir mi escritura”. Hans Joachim Schädlich (1935) es un hombre libre y crítico, que desarrolla “el tema del control y la paranoia totalitaria”, como ilustra el texto seleccionado, “Pequeña escuela de poesía”. Günter Kunert (1929) fue un autor prolífico que chocó con las autoridades socialistas. De él se selecciona parte de sus memorias, “Juegos de adulto”, que muestra de manera transparente el tono gris del régimen y el “continuo deterioro en la atmósfera de la política cultural de la RDA”, los intentos por huir, las reuniones con escritores, las luchas y los delatores.
La caída del Muro de Berlín no solo abrió las puertas a la libertad en Alemania oriental y sacó de una verdadera cárcel a diecisiete millones de personas, sino que también permitió acceder a los archivos para reconstruir la historia de casi cinco décadas de socialismo. En materia cultural, nos permitió recuperar una literatura no siempre conocida, que el presente volumen nos muestra, que tiene muchos aspectos realmente interesantes y valiosos. No debe llamar la atención que el famoso Mauer, el Muro de Berlín, no aparezca mencionado en las diversas obras. Después de todo era una palabra que el totalitarismo había prohibido en su pretensión de borrar la realidad. Esto, en sí mismo, ilustra muy bien toda una época en la literatura del siglo XX.