Escribamos de lo lejano para entender lo cercano. Fijémonos en las noticias que empezaron a aparecer en la prensa hace unos años: la presencia económica de China en África y en las repúblicas de Hispanoamérica es cada vez más intensa. China se ha convertido ya en el líder de la inversión y el comercio en esas zonas y ha desplazado a los EEUU en el mercado principal de minerales. A finales de octubre, hemos conocido por la prensa que Afganistán va por el mismo camino de África e Hispanoamérica, o sea, China es ya su principal inversor en el sector de recursos naturales, especialmente en el sector minero y la construcción. El gigante asiático señala que la razón principal de su interés en Afganistán es evitar los conflictos militares que pueden surgir con la retirada de las fuerzas aliadas, entre otros motivos, para su propia seguridad territorial. En cuanto a los ejemplos más cercanos de este expansionismo chino, recordemos la compra de una empresa china del emblemático Edificio España en Madrid.
Este tipo de noticias sobre China en el mundo seguirán apareciendo en los medios de comunicación. Ya es hora, pues, de sacar algunas conclusiones de este expansionismo. La primera y principal es la indudable presencia de China en la economía mundial como un líder indiscutible. A esto, quiera o no quiera, tendráque hacer frente Occidente. El avance paulatino y silencioso de China no causa escándalos ni atrae mucho la atención porque, en principio, sólo es de carácter económico; pero, en mi opinión, muy pronto se convertirátambién en una presión ideológica y cultural de China sobre el resto del mundo. En efecto, aparentemente, China no pretende inculcar su cultura o religión. En realidad, no le hace falta hacerlo de modo directo, porque sus valores y símbolos están presentes en las obras que lleva a cabo y en la formación de los profesionales en los países donde invierte. Por lo tanto, se equivoca quien piense que el comercio y la economía están lejos de influir en las costumbres y en las formas de hacer política.
La historia siempre nos enseña para el presente, por ejemplo, recuérdese las relaciones conflictivas de España y China en Filipinas. La presencia china siempre causómás que malestar, daños considerables al imperio español que desde el descubrimiento de las Islas Filipinas tuvo que defenderlas de las sublevaciones y ataques de piratas chinos, japoneses o turcos. Durante el siglo XIX, los Estados Unidos ejercieron esta función de hacer frente a los focos de sublevación en las Filipinas. Es decir, un imperio y luego otro defendieron las zonas periféricas donde se juega el futuro del centro. La presencia china en la región Asia-Pacífico, desde el siglo XVII hasta hoy, no ha cambiado su carácter: evitar el enfrentamiento directo o la guerra, pero fomentar los ataques o sublevaciones subterráneas.
La situación actual ha variado, obviamente, del Imperio Español no queda ni un recuerdo y los Estados Unidos han dejado un peligroso vacío del poder en la arena internacional, pero una cosa permanece: China sigue imponiéndose de modo silencioso al resto del mundo; así, el consejero especial del Gabinete del primer ministro japonés, Tomohiko Taniguchi, nos llama la atención del peligro chino tanto en la región asiática como en todo el mundo. Su reciente entrevista publicada en El Mundo (8.11.2014) anuncia la necesidad de renovar las alianzas entre los países democráticos, porque la influencia subterránea china requiere mucha más atención por parte de la UE y los EEUU. ¿Quécabe hacer ante el avance chino? Política realista, o sea, según Taniguchi, si pensar en contener a China es poco menos que naif, entonces tenemos que prepararnos para lo peor; o sea, "si quieres paz, prepárate para la guerra"; por eso, el consejero japonés señala como primera necesidad de mejorar las guardias costeras por parte de Filipinas, Vietnam e Indonesia. Japón busca nuevos aliados, porque entiende perfectamente que nunca un tirano económicamente fuerte ha sabido poner límite a su influencia. Además, China hoy día tiene a su lado el país más irracional del mundo, la Rusia de Putin, que no se abstendráde aliarse con el mismo Diablo si esto sirve para fastidiar el Occidente.