Los Lunes de El Imparcial

A. M. Homes: Ojalá nos perdonen

NOVELA

Domingo 16 de noviembre de 2014
Traducción de Jaime Zulaika. Anagrama. Barcelona, 2014. 656 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 15,99 €


Por José Pazó Espinosa



La novela estadounidense tiene un idilio con la familia. Con la familia rota, desestructurada, casi irreconocible. Desde Faulkner hasta Roth, las familias yankees desfilan por una galería de espejos deformantes que le habría encantado a Valle-Inclán, y dejan sus rictus, sus tics, sus horrores, sus interioridades más oscuras para la memoria del lector, para su secreto deleite, para su desazonadora comparación interna. La familia norteamericana es una caja de Pandora que en su exterior huele al pavo asado del día de acción de gracias, y en su interior al azufre que se destila en los infiernos. Aunque, como en todo infierno, haya una posibilidad de redención. Y como alguien dijo que todas las familias se parecen, los que carecemos en nuestros países de una literatura tan especializada en exponer la familia a los rigores del bisturí, leemos la literatura norteamericana con placer, con sonrisas, y con lejano azoramiento interno. Al fin y al cabo, ellos no somos nosotros.

Ojalá nos perdonen es la última novela de A. M. Homes, una de las jóvenes promesas de la narrativa norteamericana, que ha publicado Anagrama en castellano, y muy bien traducida por Jaime Zulaika. En la estela de DeLillo, de Roth, del Pynchon de las horas fáciles, de un Updike incluso transexualizado -que no trangenerizado-, Homes ha escrito esta novela de más de seiscientas cincuenta páginas, pero que se lee como si tuviera la mitad. La novela no tiene capítulos, sino escenas sin hiato formal, y está escrita en presente y en primera persona, lo que le da una inmediatez incesante, ágil y, curiosamente, superficial. Superficial porque el personaje protagonista, el narrador, un profesor universitario judío de Nueva York, pasa por las cosas las quinientas primeras páginas como un insecto “pernilongo”, un zancudo, pasa por la superficie del estanque. Observándolas pero sin penetrar en ellas.

Harry, el narrador, un experto en Nixon -símbolo de toda la novela como vendedor y verdugo del sueño americano-, se acuesta con la mujer de su exitoso hermano menor George, lo que lleva a este a asesinar a su mujer. El asesinato es el detonante de la paulatina deconstrucción de las familias implicadas y satélites. El esquema es muy sajón-judío, muy a lo Roth: un ataque de sexo escasamente asumido por parte de sus protagonistas, prende mecha a un psicodrama en el que todas las debilidades e inmundicias vitales de los personajes salen a la superficie. Eso sí, inmundicias del primer mundo, del imperio, y de personas cultas y, aunque la solapa del libro se empeñe en presentarlos como clase media, de un muy bueno bienvivir. Aunque, ¿en realidad son debilidades de la clase media/alta norteamericana?

Si estuvieran despojadas de los campus, de los centros comerciales, de las casas con garaje, jardín y vallas blancas, si estuvieran inscritas en un paisaje humano venezolano o colombiano, por ejemplo, mucha gente pensaría que los latinos son, de natural, gente de sangre caliente que les lleva a estos actos irracionales. Cubiertas de la parafernalia del país de internet, parecen oscuridades de gente racional. A esta banalización del desastre íntimo, tan angloamericana estas últimas décadas, contribuye un tono irónico y sarcástico que hace que hasta en el mayor de los desastres haya un pequeño solaz interno.

En la página quinientos, aproximadamente, descubrimos que el protagonista está cambiando, que los hechos, tras un remojo de casi un año, están germinando en algo diferente. Pero poco después nos damos cuenta de que, tras una lenta pero inexorable reconstrucción familiar, nos dirigimos en rumbo de colisión al próximo Thanksgiving, al siguiente pavo relleno. Que de una familia consanguínea pero desprovista de significado, hemos pasado a otra reconstruida, mestiza, a ratos absurda, pero con sentido. Y que lo hemos hecho de la mano de una narradora inteligente, incansable, escasamente retozona, y esquivamente intelectual. De hombre (la gran tradición de la novela masculina estadounidense) a mujer (Homes). De pavo a pavo.