Opinión

Podemos y la chapuza del juego sucio

TRIBUNA

Ignacio Fernández Candela | Lunes 17 de noviembre de 2014
Los líderes de Podemos daban al palique entre los suyos universitarios y colaba pero en el ruedo del debate profesionalizado son simples aficionados que mecánicamente arguyen inconsistentes argumentos, dejando en evidencia la ignorancia de sus nimias practicidades. El ideólogo Monedero se ha convertido en el lego que con su soberbia recalcitrante ha evidenciado no saber ni de Economía elemental ni de Derecho básico-como demostró ante el economista José Carlos Díez o la abogada Montse Suárez-, pero siempre halla el asidero de la excusa para ridiculizarse sin sonrojo. Nada le amilana para dejar de ser altanero que con sus modos chulescos recuerda un monigote novelesco de esta angustiosa realidad que supera a toda ficción. Difícil creer que la ignorancia que rige Podemos aspire a gobernar España, porque todo es humo, venden humo y anuncian, es lo peor de ellos, incendios. Como si no tuviéramos exasperantes calvarios propios o suficientes antecedentes y referencias con la Venezuela que asesoraron estos gurús bolivarianos hacia la debacle actual, careciendo el país de productos básicos siendo otrora rico en recursos naturales. Eso sí que es rizar el rizo de la imaginación más retorcida convertida en inusitada realidad que nos conmina aquí sin reticencia alguna. No saben pero convencen a los que menos pueden saber para arrastrarnos a todos hacia una incertidumbre histórica perpetrada con muy mala leche. Les basta cambiar el concepto de dictadura por el de democracia, así confundir a los incautos. No juegan limpio.

Pablo Iglesias acredita en la actitud la intención del juego sucio. Es una equivocación dar credibilidad a quien los alumnos denominan como farsante, provisto de un ego impenitente que no disimula, no. Mayor aberración será dar oportunidades de poder a quienes los propios estudiantes dedican estas palabras: "Si esta es la gestión que hacen en la universidad, podríamos imaginarnos cuál sería la gestión que harían de cualquier otra institución, ya fuera en la Unión Europea o el Estado Español".

Demostrado está que mienten más que hablan. Errejón desdice ahora, una vez más de tantas, que contemplen la posibilidad de salir del euro cuando a machamartillo lo han anunciado como propuesta estrella de las modificaciones de política económica. ¿A quién convencen? La chapuza está bien en aquellos que no implican en perjuicio a sus semejantes, hay que probarlo todo, pero en estos amateurs debería considerarse un crimen solo la intención, estando en juego la vida de millones de personas y la subsistencia vital de un país.

Son aficionados, teóricos de la soflama que el altavoz del pueblo pretende convertir en gobernantes con demostrada incapacidad para comulgar con el pragmatismo necesario que no deje las ideas en meras declaraciones de intenciones, sin nada eficaz que aportar en España. Si algo define Podemos, es la caradura para tragar las múltiples contradicciones de las que adolecen sin rumbo, sin norte, pretendiendo guiar el futuro de los españoles. Ineficaces, maniqueístas a conveniencia, estrafalarios, inveraces y oscurantistas, habrá también con voluntad de servicio social como Echenique: los engañados. Nada de lo que han dicho hasta ahora es válido para lo que verdaderamente nos importa, al margen de la soflama incendiaria o de la crítica ajena presumiendo, Dios nos valga, de perfección.

Es así que el programa electoral de las europeas se ha convertido en ejemplo de ineptitud que siguen camuflando tras una verborrea efectista para cuantos se dejan engatusar por cantos de sirena, eso sí, demasiado disonantes ya. Pero aquí parece que los gorgoritos de Iglesias son los de una deslumbrante Callas y no hay oído como tampoco vergüenza. España adolece de muy mal gusto encumbrando mediocres a la élite del poder y adora a sus tuertos en esa ceguera que unos cuantos influyentes padecen guiándonos a golpe de papeletas, o pataletas, hacia el insondable abismo de un futuro acabado. No es extraño pues el nivel de responsabilidad exiguo que caracteriza a muchos que poseen derecho a voto, fáciles de manipular, perfectos para alimentar revanchismos que acaben con ellos mismos... y con todos. Afortunadamente, hay inteligentes ciudadanos que ya con la mosca tras la oreja comienzan a vislumbrar la esencia realista del Podemos más visceral, dispuesto a desintegrar sin argumentos producentes.

Votar constructivamente es un deber moral para los que aportan algo en el progreso de su país, pero el poder de la decisión en la estulticia posee un morbo ideal para los que nunca deciden nada salvo en los comicios de turno. Un don nadie se crece con pasmosa facilidad y elige el futuro de su país. Multiplicado por cientos de miles son marabunta, males endémicos de la democracia que pretenden exterminarla.

Podemos no es una alternativa sino el impulso al conflicto social frente a toda alternativa. El poder no es la ubicación para tan denigrantes orquestadores del desorden. Juegan sucio aprovechando las debilidades del esfuerzo común que intentó construir durante décadas, más mal que bien, nuestro sagrado Estado de Derecho. Ese Estado es la base sobre la que asentar toda futurible propuesta de regeneración democrática; lo contrario debe cuestionarse en su legitimidad habida cuenta de lo que nos jugamos a partir de ahora.

Podemos es una formación política de nueva hornada que aprovecha la debilidad de la democracia española para irrumpir, mediante la justificación de las urnas, con una extrema apuesta de desintegración masiva sobre los valores de la libertad conquistados durante cuarenta años, al margen de ideologías políticas que no me incumben pero sí la convivencia y el consenso por muy complejas que sean. Desde el punto de vista formal, existe una validez que debería ser cuestionada cuando se trasluce el profundo trasfondo dictatorial que entrañan disposiciones revanchistas conducentes a exterminar los logros democráticos ganados a pulso por todos durante nuestra dilatada etapa constitucional, por muy desgastada que pueda estar.

Viendo la chulería de gaznápiros incapaces de debatir ejerciendo el estudio real de las disciplinas del conocimiento, una sabiduría que no una verborrea, una sapiencia contrastada de la que carece Monedero, verbigracia, cuesta creer que exista permisividad para atentar contra la libertad de la propia democracia. Pero no es la amenaza contra el derecho democrático que nos asiste a los españoles desde hace cuarenta años lo que debería importar-de muchas hemos salido- sino la impotencia aparente para evitar que un grupúsculo pretenda dar un giro de ciento ochenta grados al país contemplando como paradigma el desastre venezolano o argentino.

"Estoy harto de la concepción de una España agresiva, que diga la lengua que tienen que hablar o lo que tienen que sentir sus ciudadanos. España es un país de países, un país de naciones", ha exclamado exultante el líder de Podemos que lo mismo podía haber berreado su discurso en Sri Lanka. ¿A quién le importa de lo que esté harto este egocéntrico líder sectario, que en sus borracheras de triunfalismo, virtuales y literales, habla de las verdaderas intenciones que oculta para ganar adeptos a una causa engañosa? Esperemos no tantos como venezolanos eligieron su desdicha votando el chavismo que luego se quitó la careta de la moderación.

Los confiados y ensoberbecidos Iglesias, Monedero o Errejón ni disimulan, como hizo arteramente Chávez. A estos se les ve el plumero. ¿Acabar como Venezuela? Con la amenaza hay que contar si queremos defendernos efectivamente de ella. Este país posee recursos para evitar su destrucción. Una España donde se padeció una intentona golpista en 1981 sabiendo guardar el secreto de lo sucedido que dio un giro inesperado en las urnas hacia el felipismo, ése que terminó expoliando el 10% del PIB. Un país que permitió un latrocinio estatal de Rumasa en 1983 siendo un holding legalmente establecido; que consintió a un gobierno de maleantes expropiar un patrimonio valorado en 18.000 millones de euros sobre retasaciones; un país que convierte a la Justicia en cómplice del saqueo dejando sin un elemental juicio justo durante tres décadas, que se dicen pronto, a la víctima que fue exculpada de toda imputación en 1997...

Con indignada y amarga ironía cabe decir: un país que sufrió una brutal matanza de 192 personas dando un giro político que nos llevó a la degeneración absoluta que padecemos saliendo impune el precursor de nuestras decadencias; en fin, un país de tramposos capaz de engañar históricamente con las peores extravagancias, dar por bueno y legal lo aberrante... ¿no es capaz de pergeñar una trampa más que engañe a la historia para evitar caer en las fauces destructivas del populismo? No me lo creo.

Sarcasmos agrios aparte, sí creo que los ciudadanos inteligentes no confunden la indignación con el impulso autodestructivo y la práctica electoral será otra cuestión más responsable frente a la protesta inmediata, mediante la intención del voto contemplado en las últimas encuestas del CIS. Falta saber cuánta cordura pragmática y elemental nos queda todavía en España. Los próximos comicios serán auténticos test de inteligencia que nos indicarán el grado de locura social que hemos alcanzado para instar al suicidio colectivo, o no... Igual descubrimos que no somos tan necios para votar por la hecatombe definitiva, como ahora el CIS puede hacernos sospechar. ¿Arrancada de caballo, parada de mulo? Lo tengo muy claro, seguro: cuanto más se den a conocer, mejor... o no. Falta saber ese grado de necedad colectiva que las encuestas del CIS no pueden calcular.