Las negociaciones entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno de la nación están resultando un camino harto complicado. A lo largo de los casi dos años de conversaciones en La Habana, los guerrilleros han dado escasas pruebas de que realmente quieran alcanzar la paz si está implica, como debe ser, que sus crímenes no queden impunes. El secuestro del general Rubén Darío Alzate y de quienes le acompañaban en la especialmente conflictiva zona del Chocó no es precisamente una señal que motive al entendimiento. Ante semejante hecho, el presidente Santos hizo bien en suspender de inmediato la negociación.
Ahora, los narcoguerrilleros han anunciado que liberarán a los secuestrados y parece ser que las FARC y el Ejecutivo colombiano han llegado a un acuerdo para reanudar las conversaciones. Un acuerdo completamente opaco, quizá porque, evidentemente, los guerrilleros no van a soltar a los prisioneros a cambio de nada o de simplemente reanudar las conversaciones. Una opacidad que no es la primera en todo el proceso negociador, y que está presente en él a pesar de que para acallar las críticas en este sentido el Gobierno y las FARC hicieron públicos algunos acuerdos. Acuerdos que estaban repletos de tópicos, como que se debe “encauzar a Colombia por el camino de la paz”, y de inconcreciones hasta tal punto que, a la hora de llevarse a la práctica, podrían interpretarse de muy variadas maneras.
Está por ver que las FARC liberen a los secuestrados y, si lo hacen, no deja de resultar inquietante preguntarse a cambio de qué ventaja en la mesa de La Habana. Es verdad que los colombianos quieren la paz, pero no a cualquier precio. En las últimas elecciones presidenciales, aunque ganó Santos, su principal rival fue el candidato del partido creado por el expresidente Álvaro Uribe, que obtuvo un apoyo nada desdeñable, en buena medida por su cuestionamiento de la negociación. El presidente Santos ha apostado muy fuerte por este proceso, pero no puede ni debe cerrar los ojos a la catadura de las FARC y querer alcanzar su conclusión sea como sea.