Duran Lleida ha sido siempre el buen sentido en política. Zarandeado por tirones radicales desde Barcelona y desde Madrid, ha sido capaz de conservar el equilibrio y la moderación. Desde hace dos años ha asistido estupefacto a la deriva de un político mediocre y menor, Arturo Mas, al servicio hasta el 9-N de Oriol Junqueras. La torpeza del Gobierno de la nación al enfrentarse con la convocatoria de aquella fecha le ha permitido a Arturo Mas gallear, incluso frente al que hasta ahora había dictado su política.
Duran Lleida ha mantenido a Unión en una posición diferente a Convergencia y ha presentado ahora una plataforma, Construïm, que es lo que necesita Cataluña y el resto de España para recuperar la cordura. El líder de Unión quiere construir una sociedad para todos, por encima de lenguas y posiciones ideológicas. Quiere recuperar la honestidad y la decencia de la clase política porque “no todos los políticos somos iguales, pero el problema es que lo parecemos”, “Los partidos estamos ofreciendo un anuncio gratuito a Podemos”.
Desde la prudencia, Duran Lleida intenta superar la tensión cada vez más agravada entre Cataluña y el resto de España, a causa de la pasividad de Rajoy y los despropósitos de Arturo Mas.
Si al presidente del Gobierno le deja su eminencia Pedro Arriola, adalid del no hacer nada, debería entablar contacto inmediato con Duran Lleida y dar a este político con los pies en la realidad el relieve que se merece.