Los estrenos teatrales, casi inexistentes por la torpe decisión de los amos de teatros, han dejado de servir de ayuda a la necesaria difusión de las programaciones, en su doble aspecto de primera prueba ante el público y de propaganda. El glamur de damas y caballeros ataviados comme il faut movía a fotógrafos y comentaristas a difundir imágenes del acontecimiento y con algo de suerte hasta informaban del lugar, la hora y el precio de la entrada, como solo se hace para publicitar lamentables charangas y los encuentros del fútbol ese.
También acudían a los estrenos políticos y gobernantes del momento y daban ejemplo de interés por uno de los aspectos de la cultura, a la vez que se acercaban a un público con el que compartían vecindad y espacio.
Recuerdo aquellos estrenos con José María Álvarez del Manzano, por siempre El Alcalde, estrenista omnipresente desde paisanita desconocido a primer regidor del reino; un Alcalde que no llegaba tarde a lapremier ni permitía preferencias en las filas interminables que formaban los privilegiados asistentes al acontecimiento; un Alcalde aficionado a la zarzuela que no faltaba los lunes al Café Viena, de la calle Luisa Fernanda, a las veladas organizadas por Nieves Fernández de Sevilla, donde todos cantaban –él también- fragmentos de zarzuelas, acompañados al piano por el maestro Manolo Gracia; un Alcalde que se disculpó, en un recital de poesía a cargo de la actriz Luisa María Payán, porque debía marcharse en unos minutos para acudir a una cena política en el diario El Mundo… Y hora y media más tarde subía emocionado a felicitar a Luisa María: la cena era secundaria en emociones; un Alcalde que para llegar puntual a un estreno abandonó su coche oficial y, con uno solo de sus escoltas, tomó el metro, previo pago de los billetes correspondientes, y cuando alguno de los asistentes al estreno le advirtió de la imprudencia, su escolta dijo: seguridad toda, el vagón completo del metro aplaudió al reconocerle; Un Alcalde, en fin, que acaba de celebrar su traitantos cumpleaños, al que felicito por cumplir un año más, por humano, por aficionado al teatro y por Alcalde siempre.
Ya no hay estrenos; el teatro está delicado de salud y los amos de teatros, los famosos y los políticos, en ausencia de estrenos floridos (ya la florista no pone nardos a los caballeros ni rosas a las señoras) los amos no organizan fiestas, los famosos se quedan en casa o visten vaqueros y los políticos ¡tienen tanto que hacer…!