Economía

“Las pensiones corren peligro si no se alcanza un gran pacto entre partidos”

Daniel Villagrasa | Domingo 30 de noviembre de 2014
EL IMPARCIAL conversa con Conde-Ruiz sobre el futuro del sistema. Por D.V.


El futuro del sistema de pensiones público preocupa entre la ciudadanía, en un momento en que se evidencia que la población española está envejeciendo, y lo va a hacer cada vez más. La Seguridad Social bate récords de desembolso para pagar a los pensionistas cada mes, en un contexto de restricción del gasto público. Además, como cada fin de año, los bancos y aseguradoras se encuentran enzarzados en una batalla para conseguir clientes para sus planes de pensiones privados. EL IMPARCIAL ha charlado con José Ignacio Conde-Ruiz, subdirector de Fedea, miembro del comité de expertos que elaboró para el Gobierno el informe sobre la reforma de pensiones y autor del libro “¿Qué será de mi pensión?” (Ediciones Península).

-¿Corren peligro las pensiones?
Corren peligro si no se hacen las cosas bien. Si se piensa que el problema está solucionado y no hay que hacer nada que más. Entonces llegaremos a un desequilibrio importante o a un sistema ineficiente.

Creo que el envejecimiento de la población es una buena noticia. La mortalidad está cayendo y cada vez hay más masa de individuos en la parte alta de las pirámides demográficas.

Por tanto, en los ratios entre trabajadores y pensionistas se va a pasar de un pensionista para cuatro trabajadores a cerca de un pensionista por cada trabajador, o por cada dos trabajadores.

-Se oyen voces a favor del sistema de capitalización, pero usted no es muy partidario.
Sí, en el mundo existen dos tipos de sistemas de pensiones, los sistemas de reparto, que es el que tenemos aquí, y en la mayoría de países, donde es una generación la que paga las pensiones de los jubilados a cambio de que las generaciones que vengan se las paguen a ellos.

Si uno piensa este sistema, son varias generaciones las que están interactuando para garantizarte la pensión y, por tanto, digamos que son varias las generaciones que te están garantizando que el sistema funcione. En contraposición, hay sistemas de capitalización que no digo que no sean útiles, lo son como complemento del de reparto, pero imagínate un sistema en el que tenemos el dinero metido en un sistema… ¿Qué ocurre si se produjera un suceso, Dios no lo quiera, aunque han ocurrido en el pasado, y de repente esa cantidad de activos se viene abajo por una crisis financiera, por cualquier evento de riesgo macroeconómico? Pues al final te quedas con que esas personas no tienen nada.

En un sistema de capitalización, cada generación ella se lo guisa y ella se lo come, por decirlo así. Es decir, tú tienes que meter tus activos en unos ahorros y luego, cuando te jubilas, vas a recibir la rentabilidad de esos activos vía pensión.

En los años 30, en EEUU no tenían un sistema de reparto. Algunos países europeos ya lo habían implantado. Después del crash de los años 30, todas las personas mayores que tenían ahorros vieron cómo los habían perdido. ¿Qué hicieron? Pues se introdujo un sistema de reparto, es decir, se les regaló una pensión. De esta manera, no entraron en las altas tasas de pobreza que ya tenían y pudieron sobrevivir. A cambio, aquellos que estaban pagando la pensión a estas personas mayores que habían perdido todo en el crack, las nuevas generaciones le pagaron una pensión.

Como complemento de un sistema de reparto tienen sentido.

- Es necesario, con el sistema actual, que el pacto generacional esté vigente. ¿Peligra este pacto?
Efectivamente, yo creo que cuando uno habla de reforma, en seguida la gente se pone nerviosa, se opone a la reformas. Pero creo que las reformas hay que interpretarlas como reescribir el pacto intergeneracional, para que sea sostenible o se mantenga en el tiempo. Si no hubiéramos hecho nada en las últimas reformas, de 2011 y 2013, seguramente estaríamos abocando a las generaciones del futuro a pagar prácticamente el 80% de su renta a nosotros. Uno podría decir, bueno, a mí que me la paguen, yo me la merezco.

Pero es que si piensas un poco, dices, lo van a romper, esos jóvenes lo van a romper, no van a dedicar el 80% de sus salarios a pagarte la pensión a ti. Es decir, honestamente, los trabajadores, a pesar de que a nadie le gusta tener que trabajar más años o percibir una pensión más baja, la acaban aceptando porque entienden que ese pacto se va a romper, porque tú no puedes obligar a las siguientes generaciones a hacer lo que tú quieras y esto es una parte que hay que tener en cuenta.

Las reformas se suelen hacer con la gente arrastrada por los pies y tarde pero, en el fondo, esta hipocresía se suprime y al final se sabe que hay que mantener el pacto y la única forma es reescribirlo.

- Usted propone algo muy interesante en el libro que es una retroalimentación entre el sistema de pensiones y el sistema educativo, para que no se rompa ese pacto intergeneracional.
Es algo teórico, ningún país lo ha implementado. Pero imaginemos cómo funciona el sistema de reparto: en él pagas unas pensiones a tus padres, a cambio de que los que vienen detrás te las paguen a ti. Entonces, en el fondo, uno lo puede reinterpretar de esta forma: hagámoslo de un modo un poco más amplio, imaginemos que cuando estoy trabajando, lo que estoy haciendo es pagar la educación de mis hijos, de la generación joven, y cuando yo me jubilo no es que ellos me paguen la pensión a mí, porque yo se la pagué a mi padre, sino que ellos me están devolviendo el préstamo que yo les hice para que invirtieran en su capital humano. Las transferencias se podrían reinterpretar así.

Hoy en día, si tú tocas las pensiones se crea una revolución. Pero miremos lo que está ocurriendo con la educación. El sistema educativo está fatal, por problemas de diseño y de dinero, entre otros, pero apenas nadie se está quejando.

Con mejor educación, las nuevas generaciones tendrían mayor productividad, y por tanto podrán pagar pensiones más altas.

Es un concepto teórico, pero permite reinterpretar este contrato intergeneracional y no verlo solamente como transferencias de “yo pago porque a mí me han pagado” sino yo lo que estoy es devolviendo un crédito, un préstamo que me hicieron. Ningún país lo ha implementado.

-Conforme la población envejezca, el desinterés de los gobiernos por los jóvenes irá a más.
En el libro hago economía política y es verdad que las pensiones son lo que más apoyo político recibe y si uno se lo piensa es que o tu eres un jubilado o lo vas a ser. Todo el mundo va a pasar por eso.

Si se dice, ‘vamos a dar más becas’, pues quizá los hijos ya hayan estudiado y ya no preocupe. Sin embargo, si se dice, ‘vamos a pagar más pensiones’, se piensa: ‘aunque no la esté cobrando yo la cobraré’.

No hay ningún programa del Estado de bienestar que reciba tanto apoyo como las pensiones. Al final es una pena, porque hay otras políticas, la educación, la sanidad, I+D, etcétera, que no es casi un gasto, es una inversión.

Es verdad que la rentabilidad de esa inversión es a largo plazo, y el político que las ha promovido ya estará en su casa.

- De modo que las pensiones tienen una alta rentabilidad política.
Sí. Los economistas sabemos muy pocas cosas pero si sabemos algo, es que hay que cumplir las restricciones presupuestarias. Podemos discutir ideológicamente, pero hay dinero que no lo vas a poder gastar. Se confunde a veces con ideología, pero eso es sumar.

Si tu quieres un sistema equilibrado, sin cambiar nada, y la gente está envejeciendo, al final la rentabilidad de ese sistema es cada vez más bajo, porque te tienen que dar menos. Pero paralelamente hay lo que se llama rentabilidad política, es decir, si tú tienes un trabajador que está cerca de la jubilación, a ese trabajador le quedan muy pocos años por cotizar, y mucho por percibir.

El votante mediano, ahora tiene 44 y dentro de poco va a tener 58. Estas personas ya sólo miran lo que les queda por cotizar y lo que queda por percibir. No está mirando todo lo que ha pasado.

Tiene estas dos fuerzas, la rentabilidad económica, la rentabilidad política. Todo ello hace que se tarde un tiempo y las reformas se vayan retrasando, porque aunque la rentabilidad económica es la que es, mientras que la rentabilidad política seguirá siendo elevada.

Por eso los políticos apuran al máximo hasta que ven que el pacto social se va a romper. La rentabilidad política tira del sistema pero hasta un límite, en el cual sabe que si pasa de ahí se va a romper el pacto intergeneracional. Ahí es donde empieza a aceptar las reformas.

- En todo caso, usted defiende en el libro que se debe retrasar la edad de jubilación o cobrar menos.
En el año 2013 se hizo una reforma bastante importante, en la que participé en el comité de expertos, y establece que hay que cumplir una restricción presupuestaria. La mejor manera de garantizar un sistema sostenible es saber que voy a tener unos recursos para pagar las pensiones en el futuro.

El Gobierno tomó está idea, que es algo que ya debería de haber estado ahí que es que el ingreso tiene que ser igual al gasto. En el momento en el que los ingresos son menores que los gastos, se revalorizan un 0,25%, algo que en el libro llamo una ‘cuasi congelación’.

Por suerte, o por desgracia, hemos tenido la inflación cercana a esas cifras, por lo tanto las pensiones no han perdido poder adquisitivo. Básicamente porque el Banco Central Europeo ha sido incapaz de mantener el nivel de inflación del 2%.

Si hubiera sido capaz, nos hubiera venido mejor a nosotros, a la economía general, porque como país endeudado nos viene mucho mejor tener inflación, pero hubiera ido muy mal a los jubilados, que hubieran perdido un 1,75% de poder adquisitivo cada año.

Esta restricción que se impuso, que yo creo que es correcta, va a llevar a que si no haces nada las pensiones se van a congelar para siempre. Estamos en un momento de deflación, pero la inflación llegará. Lo que anticipo es que tan pronto como llegue la inflación, que llegará tan pronto como el Banco Central Europeo acierte con su política monetaria, y suban los precios, los pensionistas se van a quejar.

Habrá una presión muy grande para que se vuelva a reformar el sistema de pensiones.



-Porque verán que pierden poder adquisitivo.
Supongamos un cobro de 1.000 euros mensuales. En la medida que vive más años la capacidad de compra de esos 1.000 euros es cada vez menor.

Además, no sabes cuándo te vas a morir. Puedes morirte a los 85 como te puedes morir a los 105. Cada vez vas a poder ir comprando menos cosas y no sabes por cuánto tiempo se va a prolongar esa situación.

La reforma va a llegar y va a llegar cuando la gran masa de jubilados, que son los que se encargan de decidir unas elecciones, exija cambios.

- Nos encontramos en plena campaña de venta de planes de pensiones de los bancos. Según lo que dice, no cuentan ninguna ‘milonga’.
Sí que te la están contando. Porque no se trata de que, como las pensiones van a ser bajas, tengo que contratar un fondo de pensiones. Eso es una locura, porque la elección aquí es que tú vas a vivir muchos años. Por lo tanto, los sesenta años van a ser como los cincuenta de tu padre. Con los 60 vas a seguir estando fenomenal, y vas a seguir trabajando.

Podrías tener un dinero ahorrado, y al meterlo en un fondo de pensiones estarías cometiendo un gran error porque quizá te venga mejor utilizarlo para mejorar tu inglés, o para aprender a utilizar cualquier tecnología que se te ha quedado fuera, invirtiendo en definitiva en tu capital humano.

Reciclar tu capital humano para que te permita estar activo el mayor tiempo posible. Ese debe ser el objetivo y no ahorrar mil euros ahora, si al final te vas a quedar en el paro con 55 años.

Tu objetivo es estar siempre en un sector, o invertirlo en tu formación básica, que sepas cuál va a ser en el futuro. Si ya se tienen 50 o 53 años, y se está en un sector que se cree que no va a tener futuro, a lo mejor compensa cambiar de sector aunque no se pueda ahorrar tanto dinero, pero que sí va a permitir estar más años trabajando.

Quien crea que de este libro se saca la conclusión de que hay que abrirse un plan de pensiones privado se está equivocando y mucho.

Otra cosa es que una persona que tiene ya la vida resuelta, que tiene un capital humano que está fenomenal, que sabe que va a poder estar activo todo lo que quiera, si sabe que su pensión va a ser más baja y quiere complementarla con una inversión en un fondo de pensiones, perfecto.

Es muy importante saber que las recetas mágicas no existen y cada cual tiene que aplicarse la suya. Un libro en plan ‘esto es lo que tiene usted que hacer’ me habría dado para pagarme a mí la pensión porque la gente lo compra, pero eso sería engañar.

El mensaje es que, como se va a vivir más años, se va a trabajar por más años y, por tanto, hay que estar preocupado por tu capital humano. También complementar la pensión, pero sobre todo asegurarte que vas a poder estar activo por más tiempo, anticipando que el futuro no va a ser como ahora.

La demografía va a hacer que el desempleo juvenil desaparezca, porque prácticamente no va a haber jóvenes. Cuando uno piensa de aquí a 20 o 25 años, hay que pensar así, que no es como ahora. A los jóvenes vamos a hacerles fotos cuando los veamos por la calle.

-¿Qué papel juega la agitación política en torno a las pensiones?
Se debe llegar a un pacto por las pensiones. No puede ocurrir que en el 2011 salga una reforma de las pensiones en la buena dirección, que plantea que hay que retrasar la edad de jubilación y el partido que iba a gobernar, que era el PP se oponga y diga que no, y vote en contra.

Dos años más tarde el PP hace una reforma que impone una restricción presupuestaria. Es verdad que a lo mejor podría mejorarse por algunos lados, pero que tengas que cumplir que el ingreso sea igual al gasto es algo que está bien. Otra cosa es que se pueda defender que hay que aumentar los ingresos para enfrentar esta restricción. El asunto es que el otro gran partido se opuso y votó en contra.

Los ciudadanos se encuentran con un partido que cuando estaba en la oposición se pone en contra y cuando entra a gobernar está a favor de dos reformas que eran complementarias y entonces se pregunta que qué está pasando aquí. Eso genera muchísima confusión.

Entonces otros partidos nuevos que llegan dicen: ‘pues ahora la jubilación a los 60’, y, ¿por qué no a los 58?’ Tiene que ver con que no hay un pacto con las pensiones y todo cuela.
Si los ciudadanos vieran a todos los políticos juntos tirando del problema no habría espacio para populismos que no pueden ser. Pero en el fondo, de una forma u otra todos lo hacen.

-Se refiere a Podemos.
Es verdad que hay que esperar un poco para ver cuál es su propuesta final, ya que están rehaciendo su programa, pero es un caldo de cultivo que han creado los partidos políticos jugando electoralmente con las pensiones.

Ójala fuera posible la jubilación a los 60, pero es un problema de restricción presupuestaria. Hay que cumplir la norma de que el ingreso sea igual al gasto, es básico en Economía, de primero de carrera.

(Tras la realización de la entrevista, Podemos presentó, el viernes, un informe que encargó a los economistas Juan Torres y Vincenç Navarro, en el que se proponía devolver la edad de jubilación a los 65 años, entre otras medidas, lo que hacía necesario reformular la pregunta sobre el programa económico de Podemos)

A pesar de que es un avance con respecto a lo que proponían en las Europeas de adelantar la edad de jubilación a los 60 años. Lo cierto es que siguen siendo recomendaciones vagas y poco precisas, sin reconocer el problema del envejecimiento y proponiendo cosas atractivas para los votantes sin enseñar los números y los supuestos que lo sostengan. Aunque unos más que otros lo cierto es que todos los programas electorales pecan de hacer política económica sin una restricción presupuestaria. Esto es muy fácil de hacer pero al final aparece la cruda realidad de los números, y es que por mucho esfuerzo ideológico que hagamos, dos más dos es siempre cuatro. En el caso de las pensiones, en mi opinión es clave un gran pacto por las pensiones que evite proponer cosas que no son factibles.

-No se puede vivir más y trabajar menos.
Me encantaría. Pero, de todas maneras, hay cosas que son positivas. Los trabajos más penosos desde el punto de vista físico cada vez son menos, aunque los sigue habiendo y por ahí sí que se puede mejorar. Además, se dedica una mayor una mayor etapa de la vida a estudiar.

Pero lo que sí que es imposible es poder seguir jubilándose a los 65.

Dos cifras explican un poco lo que está pasando: la edad de los 65 años como una edad a la que una persona se tiene que jubilar se introdujo en España en 1919, en otros países fue antes, cuando sólo el 35% de los que nacían estaban alcanzando esa edad. Ahora está alcanzando esa edad por encima del 92% de cada generación.

¿Cuál sería el equivalente actual, la edad a la que sólo llega el 35% de la población? Pues está entre los 85 y los 86 años.

Otro dato: de todas las personas que a lo largo de la historia de la humanidad han cumplido los 65 años, dos terceras partes están vivas hoy.

Se dice “hemos perdido derechos”, porque se trabaja más. Creo que en realidad se han ganado, porque gracias a los avances sociales y a los avances sanitarios ha subido la esperanza de vida.

Pero hay que trabajar más para ser justo con los derechos que se han ganado o perdido. Si la gente se muriera ahora como hace 30 años no habría problema con las pensiones.