Traducción de Carlos Milla Soler. Plaza & Janés. Barcelona, 2014. 496 páginas. 23,90 €. Libro electrónico: 11,99 €
Por Federico Aguilar
El comienzo de Mr. Mercedes refleja una escena desgraciadamente cotidiana: miles de personas forman una interminable fila con la esperanza de obtener un empleo. Están allí desde la madrugada, algunos incluso han pasado toda la noche, pues en el Centro Cívico va a celebrarse la Primera Feria Anual de Empleo, y se ha colgado un cartel de reclamo en el que se lee: “¡1.000 empleos garantizados”. El escenario del hecho es una localidad de Estados Unidos, pero lo que se ve ocurre en muchos otros lugares. Algo va a alterar la escena, algo amenazador y finalmente terrible: de entre la niebla surge un Mercedes conducido a toda velocidad. De pronto, arremete contra la fila con fiereza y atropella a cuantos encuentra a su paso. Tras la siniestra acción, parece que va a marcharse, pero vuelve a embestir con la misma contundencia. El trágico resultado es ocho muertos y quince heridos. El coche no está conducido por un fantasma, sino por alguien muy real. Y malvado.
A continuación se nos presenta al protagonista de la novela: el policía jubilado Bill Hodges. Hodges está en su casa, bebiendo una cerveza y viendo un programa basura de televisión, que Stephen King describe de forma impagable. Hodges siempre tiene a su lado un revólver y flirtea con la idea del suicidio: “Siempre lo coge unas cuantas veces y mira el ánima del cañón. Inspecciona esa oscuridad redonda. En un par de ocasiones se la ha introducido entre los labios”. Hodges revisa su correspondencia y, entre la mayoritaria publicidad, se encuentra con una misteriosa carta sin remite. Hodges la lee, la firma “El asesino del Mercedes”. Fue quien hace años cometió el crimen del Centro Cívico, un caso que Hodges investigó, pero que se quedó sin resolver. En la cínica misiva, el criminal le cuenta morbosos detalles y le invita a que se ponga en contacto con él a través de internet. También, haciéndole sentir culpable de su fracaso para atraparle, le anima a que se vaya al otro mundo.
Pero al contrario de seguir su macabro consejo, Hodges recobrará impulso para terminar una tarea que quedó inconclusa. A partir de ahí, nos sumergimos en una intensa partida donde los papeles de cazador y presa a veces se intercambian en una lucha sin cuartel, con vidas en juego, entre Hodges y el asesino. Este es Brady Hartsfield, un joven que trabaja en una tienda de informática y mantiene unas extrañas relaciones con su madre alcohólica (planea el célebre Norman Bates de Psicosis). A los ojos de todos parece un chico normal y pacífico. No lo es.
Con Mr. Mercedes, Stephen King, el maestro del terror, con títulos ya clásicos como El resplandor o Carrie, se adentra por primera vez en la novela policiaca, en su inquietante apartado de asesinos en serie. La misma maestría que King derrocha en sus novelas de terror, se muestra aquí, donde asistimos a la batalla entre Hodges y Hartsfield con el corazón en un puño. Todo un sabroso festín para los amantes del género.