Opinión

Impuestos y realidad del poder político

TRIBUNA

Fernando Caro | Domingo 07 de diciembre de 2014

En La Loi, Frédéric Bastiat, hacia 1850, nos dice que dos anhelos son inherentes a la persona: el 1º disfrutar del mayor bienestar material posible; el 2º hacerlo a cuenta del prójimo, siempre que pueda.

Bien, partiendo de la aceptación de tales premisas como verdades de partida, y atando cuatro cabos sueltos, veamos si fragua algo consistente.

1. El poder político lo es en la medida en que se ejerce, en la medida en que se aplica, en la medida en que condiciona, coaccionando, los comportamientos de los más. Si no, no sería poder; de cajón.

2. Los impuestos son la manifestación paradigmática de ese ejercicio, de esa coacción. El propio término lo establece “impuestos”, de “imposición”. Aún así, en una posible taxonomía, cabría hablar de “impuestos voluntarios”, aparente contradictio in terminis, aquellos inherentes a ciertas conductas o consumos: los del juego, el tabaco, etc. y cuantos pudiera haber de ese tenor.

Pero pongamos pie en tierra y un ejemplo sencillo. Supongamos que mi tipo-resumen en el IRPF, ingresos por nómina y punto, es del 25%. Si no hubiera robo, hurto, malversación, desviación, saqueo, expolio, etc. del dinero que se recauda, si este se gastara rectamente en lugar de despilfarrarlo estúpidamente –y que nadie me venga con sutilezas de qué entendemos exactamente por “gastar rectamente” con la que está cayendo, o saldrá malparado porque se oirá de todo menos “bonito”–, quizás fuera suficiente con un 18%, o un 15%, para ofrecer unos servicios públicos razonablemente parecidos a los que disfrutamos. Y tengo claras dos cosas: la validez del argumento y lo burdo de la cuenta.

Yo, y cualquiera que estuviera en parecida circunstancia, dispondría de más recursos, de más opciones de emplearlos, de más iniciativa: de más libertad. Lo mismo cabe decir del las restantes figura impositivas, IVA o lo que sea.

Pero entonces el poder político, el nuestro, apacentado en los pastos del más genuino sometimiento –sometimiento en ambos sentidos, el ejercido y el aceptado; ¿qué otra cosa puede esperarse de las listas cerradas y bloqueadas?– se vería débil a sí mismo, poco coercitivo: su grado de coacción, vía impuestos, sería sensiblemente menor. Y no sé qué conducta seguiría una sociedad como la nuestra, adormecida bajo los efectos de la ecuación siniestra–Empobrecimiento +Embrutecimiento = Sometimiento–, y tan carente de instrucción auténticamente ciudadana, en circunstancia tal.

El texto que acaban de leer es revisión de un correo multidestinatario que remití el día 05 dic 2011; el PP acababa de recibir el mayor número de votos en las recién celebradas votaciones generales. Añadía el corolario que sigue, del que no muevo ni una coma.

Corolario

¿Qué va a hacer el nuevo Gobierno? Se dirá a sí mismo: “Vamos a lo fácil. Empobrezcamos a nuestros gobernados aumentando impuestos, reduciendo salarios, cercenando sus expectativas, sus iniciativas y su libertad. No sea que algunos piensen que no tenemos poder y que no sabemos qué dijo Bastiat”. Es decir, más de lo mismo.