Luis María ANSON | Martes 09 de diciembre de 2014
Cinco millones de automóviles en viajes de largo recorrido y otros tantos en trayectos menores...
Cinco millones de automóviles en viajes de largo recorrido y otros tantos en trayectos menores han vertebrado el puente de la Inmaculada. La ocupación hotelera ha rebasado en numerosas provincias el 90%. Las ventas se han generalizado y se acrecienta la esperanza de que las próximas Navidades retornen a una situación superadora de la crisis.
Hay razones objetivas para el optimismo. La prima de riesgo está en mínimos históricos y el interés por los bonos camina por debajo del 2%. Mariano Rajoy ha acertado con las medidas económicas y con la reforma laboral. Es cierto que sobre España pende la espada de Damocles de una deuda abrumadora. Por otra parte, el desempleo resulta acongojante y queda un largo y penoso camino hasta que las cifras del paro se sitúen en porcentajes razonables.
Aun así, la recuperación del consumo ha despejado muchos horizontes. El comercio se las promete felices y el índice de ventas crece de forma acelerada. Difícil cuantificar la economía sumergida. Tal vez a ella se deba el que no se haya producido un estallido social. Habrá que convenir, sin embargo, que frente a las vacilaciones y a la inestabilidad de naciones como Italia y Francia, nuestro país ha recuperado el optimismo económico, al menos en gran parte. Probablemente en este año 2014 y en el próximo España crecerá más que nuestros vecinos. Las cifras que se esgrimen resultan alentadoras. Mariano Rajoy ha anticipado que el año 2015 superaremos el 2% de crecimiento y no parece que se trate de un canto electorero sino de una realidad contrastada.