Críticas de Ópera

Crítica de ópera: Jaroussky sigue levantando pasiones en el Real. Por A. Huerta

CRÍTICA DE ÓPERA

Alicia Huerta | Jueves 11 de diciembre de 2014
El contratenor ha hecho que la elegancia del barroco vuelva más auténtica que nunca.

Este miércoles, el contratenor Philippe Jaroussky ha vuelto a demostrar que su éxito sigue creciendo y que en Madrid cuenta con un gran número de fieles seguidores que no quieren perderse la oportunidad de escucharle.

Igual que tampoco suelen renunciar a esperar pacientemente – ni siquiera a pesar del frío que anoche intentaba colarse desde la Plaza de Oriente – a que el joven contratenor les dedique su último disco al final de cada concierto. El ritual se viene cumpliendo cada temporada desde hace ya varios años, y eso que Jaroussky hace poco que cumplió los treinta. En todo caso, la especialidad de una voz como la suya poco podía hacer presagiar hace algún tiempo que el joven contratenor francés se convirtiera en toda una estrella, haciendo que la elegancia del barroco volviera a todos más auténtica que nunca. También más elegante, aunque jamás podría llegar a decirse que no sea precisamente esa elegancia casi etérea lo que de forma predominante caracterice la música de aquel genial periodo de la historia del arte. Lo cierto es que, predecible o no, Jaroussky hace mucho que dejó de necesitar presentación y, menos aún, ayuda para llenar un teatro. Nunca falla: la velada en la que él canta, milagrosamente nadie suele tener contratiempos de última hora. Anoche no fue la excepción. Su voz expresiva y diáfana es el mejor reclamo. Y el atractivo era anoche, además, por partida doble. O, mejor dicho, triple.

Porque el joven cantante subía al escenario acompañado de Ensemble Artaserse, la prestigiosa agrupación musical formada en 2002 por Christine Plubeau, Claire Antonini, Yoko Nakamura y el propio Jaroussky que ofreció su primer concierto en el Palis-Royal de París con un clamoroso éxito que le llevó a ganar numerosos galardones nacionales e internacionales. Y a ir creciendo con la incorporación de nuevos miembros. Hasta convertirse en una de las más prestigiosas formaciones de repertorio barroco con intérpretes de instrumentos de época. Una de las más reclamadas en todo el mundo, y que este miércoles han contribuido junto a Jaroussky no solo a deleitar con esa belleza elegante de la música de Vivaldi, sino también a demostrar que se trata, además, de una música vibrante, llena de matices. Si me lo permiten, de posibilidades.

Foto: Javier del Real

Y, por último, decíamos que el interés de este concierto, enmarcado en el ciclo Las voces del Real, era triple, precisamente, porque se trataba de un programa dedicado en exclusiva a Antonio Vivaldi, un compositor del que hasta hace pocos años se desconocía su extensísima producción vocal, ahora felizmente en parte recuperada. Y como suele decir el talentoso y carismático contratenor francés, que ayer volvió a conquistar al público, al que quiso dirigirse en español cuando presentó los tres bises que regaló a un teatro abarrotado y sin prisas por marcharse, ningún compositor le ha dado tanta suerte a lo largo de su carrera como Antonio Vivaldi. Por eso, a sus obras vuelve Jaroussky una y otra vez. Para seguir explorando sus cantatas, sus óperas y su música religiosa. Separados por siglos, compositor y cantante se unen a la perfección sobre el escenario. Con permiso, por supuesto, de lo que pudiera opinar Vivaldi.