espectaculos

Penélope Cruz: "No se le puede decir que no a Woody Allen"

entrevista

Miércoles 21 de mayo de 2008
Es la prueba evidente de que no se equivocó…
No fue un capricho, ni el empeño de cumplir un sueño. Tenía la necesidad de ir subiendo peldaños en la profesión, de conocer nuevas fases. Me empleé “a fondo” y conseguí hacerme un hueco. Trabajar fuera me vino muy bien para cotizarme mejor en mi país...


¿Tenía necesidad de estar más valorada?
Nunca me he quejado del trato profesional, que se me ha dado en España. Siempre me he sentido muy valorada, pero tampoco nunca me he creído las cosas que han dicho sobre mí. Si quieres evolucionar no es bueno hacer caso de las críticas. Ni al principio era tan inexperta, ni ahora soy tan buena actriz como dicen...

Intuyo que el peor crítico está en casa...
(Risas)¡No lo dudes! Soy una inconformista permanente, siempre pienso que todo se puede mejorar. Soy consciente que he evolucionado mucho como actriz, pero me queda mucho camino aún por recorrer. Ahora tengo mucho menos miedo a arriesgarme y aceptar ciertos retos interpretativos. Ya decido lo que quiero, sé más y –por supuesto- me cuido más…

¿Ha sido este el año de “Penélope Cruz”?
Ha sido una etapa estupenda, ésa es la verdad. No sé si ha sido mi año, porque quiero pensar que lo mejor siempre está por llegar, pero sí me ha dado una cantidad de satisfacciones difíciles de olvidar.

Cuando le entrevisté por “Volver” hablamos del límite del talento y el “tocar techo”. Ahora, en “Vicky Cristina Barcelona”, parece que su potencial como actriz no tiene fin…
Es fácil superarte cuando tienes al lado a un genio como Woody Allen. Nunca le agradeceré la plusvalía que le ha dado a mi registro interpretativo. El papel de María Elena es un regalo para una actriz y yo he tenido la suerte de que fuera para mí.

¿Qué le sedujo del proyecto, trabajar con Allen o el personaje en sí?
Ambas cosas. No se le puede decir que no a Woody Allen. Es un genio que, tan solo con su comportamiento, te está enseñando y enriqueciendo como actriz. Al margen de eso, cuando leí el guión, supe que tenía que estar en la película. Me reí muchísimo y, durante el rodaje, volvía a reírme y disfrutar en las mismas escenas, aunque descubrí también la auténtica soledad que se escondía detrás de mi personaje. En el fondo, la vida de María Elena no era una comedia, sino un auténtico drama.

¿Sabe qué?, antes de la proyección de la película, no se hablaba de otra cosa que de la cantidad de besos que se daban entre todos, especialmente el suyo con Scarlett Johansson...
¡Me parece increíble! En el cincuenta por ciento de las entrevistas me preguntan por eso. Nuestro beso es una pura anécdota, no tiene trascendencia ninguna en el desarrollo y en la trama de la película. Supongo que había que despertar expectación y el morbo siempre es un buen alimento.


Ahora todos, sin distinción, valoran y premian su talento...
Si te digo la verdad, eso me importa cada día menos. Las críticas, todo lo que se dice de mí, no lo leo. Hace tiempo que no lo hago, así evito cualquier tipo de influencia. Sería muy malo para mi cabeza creerme todo lo bueno que dicen de mí y también me haría mucho daño hacer caso de lo malo. Así que me dedico a trabajar duro y escuchar a los que tengo a mí alrededor, que me dicen siempre la verdad, por muy dura que sea.

¿Los premios, recibidos hasta ahora, alimentan suficientemente su vanidad?
No soy nada vanidosa, me conoces un poco y lo sabes. Tengo las cosas muy claras y, si alguna vez “se me va la cabeza”, ya tengo gente a mi alrededor que me da un “toque de atención”. La vanidad es bastante peligrosa. Yo no me creo diferente, por eso nunca me creo lo bueno que dicen de mí. Creo que es un buen ejercicio para que lo malo no me haga daño...

¿Qué hay de la niña Penélope de “Jamón, jamón” en la actriz consagrada de hoy en día?
Muchas más cosas de las que te puedes imaginar. Siguen intactas las ilusiones, la pasión por el trabajo, el ansia de superación, la perseverancia. Y, en el terreno personal, el amor por mi familia, la lealtad con mis amigos, las ganas de vivir...

¿Ha aprendido a “lidiar” con la curiosidad por su vida?
Creo que sí... Cuando me siguen preguntando por mi vida personal, no contesto. Sigo siendo coherente con los que he hecho siempre. Estoy segura que todo el mundo entiende por qué lo hago...

¿Nunca habrá un momento de debilidad?
Hay veces en las que me entra la tentación de compartir muchas más cosas con la prensa, mostrarme ante vosotros siendo más yo y estar más relajada, pero me he dado cuenta que, a la larga, eso me saldría mal.


¿Siente que la prensa “se la ha jugado”?
Nunca generalizo en nada. Tengo amigos periodistas y ellos entienden que proteja mi vida privada, que no hable de ella. Es la naturaleza del periodismo: por muy buena persona que sea un periodista, siempre va a la búsqueda de un titular, a sacar partido de lo que más vende. Y ahí es cuando, sin quererlo, una tiende a autoprotegerse...

¿Y las cosas van mejor así?
Por lo menos me siento más relajada. Antes te hablaba de mi obsesión por ser coherente en todas las actuaciones de mi vida, pues en esto también. Cada vez me afecta menos lo que la gente piense de mí ante esta actitud. Estoy convencida que todo el mundo entiende que alguien quiera proteger su vida privada. Yo sé que hago lo correcto. Mi vida privada está para compartir con mi pareja, mi familia y mis amigos...

¿Qué es lo más difícil de todo este trabajo?
Supongo que las renuncias porque, por mucho que te apasione todo esto, hay cosas que se quedan en el camino. Yo lo que llevo mal es la separación de mis familia, de mis amigos. Siempre procuro dar un salto y plantarme en España para estar con ellos. Ahora estoy encantada porque con el rodaje de Pedro (se refiere a “Los abrazos rotos”, la próxima película de Pedro Almodóvar) voy a estar un tiempo en casa.

¿Cómo recicla cuando está con la familia?
¡Soy una mujer nueva! Me carga mucho “las pilas” estar en casa. Me olvido de las dietas, de los madrugones y disfruto de los platos caseros de mi madre. No me preocupa nada “llevarme de regalo” unos kilos de más, pero no renuncio a una fabada, unas lentejas y un buen guiso...


¿Una se acostumbra a vivir lejos de casa?
Yo no, pero es la vida que he elegido llevar en este momento. Sé que es algo transitorio, pero tampoco sé dónde está el fin. Cuando me fui a Estados Unidos, siempre decía que nunca podría vivir en Los Ángeles. Sin embargo, mi trabajo está allí y es donde tengo que vivir.

A estas alturas de la vida, ¿ha logrado llevar una convivencia armónica con la fama?
La fama está llena de trampas y procuro no caer en ellas. Ser famosa no implica que tengas éxito, ni que seas buena actriz. La fama te permite ciertas ventajas, que no quiero que me condicionen. Me gusta que la gente reconozca mi trabajo, incluso que les motive tener un autógrafo mío, por ejemplo, pero lo que a mí me importa de verdad es trabajar, no dejar de aprender cada día más. Para eso sí me gusta la fama....


TEMAS RELACIONADOS: