El pasado domingo, Spielberg y su equipo presentaron en Cannes la esperada "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal", la cuarta película de la famosa saga en la que Harrison Ford, con 65 años, vuelve a cine más puro de acción.
Activistas comunistas rusos aseguran en la red que "El film describe de forma caricaturesca y miserable la actuación de los soldados soviéticos y de nuestros agentes de inteligencia, liquidados cínica y despiadadamente por el superhéroe americano Indiana Jones". Añaden que "semejantes mentiras fomentan en los rusos de las nuevas generaciones un estado de ánimo decadente, inseguridad en el poderío de su país y un sentimiento de idolatría por Estados Unidos".
Con 125 millones de dólares de presupuesto, la cinta, producida por George Lucas ("La Guerra de las Galaxias"), no trata de inventar nada nuevo y ofrece un sinfín de guiños a los incondicionales, con sus recursos más exitosos. Persecuciones, precipicios, plagas de insectos que sortear son los obstáculos que "Indi" tendrá que salvar para avanzar hacia la inevitable leyenda que podría salvar la Tierra. En este caso, trece calaveras de cristal que, unidas, tendrían consecuencias milagrosas para la Humanidad.
Aplausos moderados en CannesEl estreno en Cannes se vivió con gran revuelo mediático, pero público y crítica vivieron el estreno con moderado entusiasmo. Los primeros compases se vivieron con gran excitación, pero tras las dos horas de proyección los aplausos se redujeron hasta las cotas habituales: satisfacción sin excesos. Spielberg ha optado por ofrecer todos los ingredientes de su criatura jugando sobre seguro, sin salirse de las pautas que le dieron un éxito que aún se mantiene fresco y sin perder tirón.
El tiempo ha pasado para el personaje, que comparte pantalla con Mutt Williams, que resulta ser el hijo de Marion, la mujer con la que Indiana compartió la búsqueda del Arca Perdida, y que vuelve a interpretar Karen Allen. El sombrero, la chaqueta de cuero y su inseparable látigo siguen presentes, pero el marco histórico ha cambiado, y de la Segunda Guerra Mundial se pasa a la Guerra Fría, con los agentes soviéticos como enemigos a los que adelantar en la lucha por la calavera de cristal.
Previsible "taquillazo"El estreno de la última aventura de Indiana Jones se produce en un contexto sombrío para el cine español, que en 2007 perdió cinco millones de espectadores y cuya cuota de mercado alcanzó un escaso 12,6%. José Luis Borau, académico y presidente de la SGAE, lanzó hace pocos días un diagnóstico para los incurables males del cine español. "La ausencia de un mercado natural es la principal traba del cine español", aseveró, recordando la existencia de un mercado no del todo tenido en cuenta: el hispanoamericano. Borau incidía en que, con 22 países de habla hispana y 400 millones de personas vinculadas a esta lengua, existen grandes oportunidades de negocio desaprovechadas.
Los exhibidores españoles sienten, entrados en 2008, el miedo a un fenómeno parecido al de las tiendas de discos. Una extinción que ya se traduce poco a poco en el cierre de muchos cines, como es un hecho evidente en la Gran Vía madrileña, paradigma de la exhibición cinematográfica, que ve cómo sus grandes teatros cierran sus puertas.
En 2007, sólo gracias a los excepcionales resultados de "El Orfanato" y "[REC]" se pudieron maquillar unas cifras de taquilla que, pese a todo, fueron negativos. Se estrenaron menos largometrajes (347 en total); y 47 salas de cine cerraron sus puertas, dejando la cifra en 889, frente a las 936 censadas en 2006. La recaudación ascendió 4,5 millones de euros (hasta superar los 640 millones), pero el número de espectadores registró un bajón de cinco millones de espectadores, en una tendencia a la baja que desciende imparable desde 1999.
La llegada de Indiana Jones, con el poderoso látigo de Hollywood, vuelve a plantear la necesidad de encontrar nuevas fórmulas que relancen la maltrecha industria cinematográfica española.