El escritor y periodista publica nuevo libro, 'Diario de México'. Por B.M. Herraiz
Su libro lleva por título 'Diario de México, si bien es mucho más que una recapitulación de vivencias personales, pues también hace las veces de crítica cultural, crónica social o, incluso, de ocasional guía de viajes. ¿Cuál fue su intención inicial y se ha ceñido ésta al resultado final de su obra?
Es un libro de filosofía, naturalmente, española, o sea, puede leerlo cualquier persona sin aburrirse. Este libro participa del mundo filosófico, crítico y, en un determinado sentido, novelesco que he construido en obras anteriores, por ejemplo,
Meditaciones de Hispano-América,
Viaje a los ínferos y
La escritura de la política.
Entre la creación y la crítica filosófica, esta obra se inscribe en la tradición hispanoamericana. Es un modo novelesco de contar la vida cultural mexicana, un ensayo, un nuevo intento filosófico, para cumplir con el dictum de Ortega y Gasset: “La claridad es la cortesía del filósofo”.
Veo, estudio y analizo la vida cultural de México en relación siempre con España. Es imposible comprender, querer y vivir este país de otra manera. Más aún, resulta inviable tratar la cultura de este país sin las tradiciones, creencias y costumbres de otras tierras de Hispanoamérica. Tampoco a las ideas de México es posible acercarse sin los conceptos, las fórmulas e incluso las ideologías que alguna vez tuvieron su origen en España.
Parece querer tomar el pulso a un país en su conjunto con la cultura como punto de partida e hilo conductor...
Sí, trato de hacer una crítica de la sociedad y de la política a través de la crítica de la cultura. También por aquí rescato tanto la tradición de la Teoría Crítica como la de Razón Histórica de Ortega. Por ejemplo, comienzo mostrando cómo la vida cultural mexicana está circunstanciada por la violencia, por el afán de adoctrinamiento y la excesiva institucionalización del arte.
Por otro lado, son muchos los intelectuales mexicanos que no parecen dispuestos a soportar su herencia cultural. Más aún, se ponen de espaldas a su tradición, a su mestizaje y a reconocer que pertenecen a una rica tradición cultural. Niegan ontológicamente lo que son. La ideología invade la cultura, o peor, es utilizada como un sustituto de la religión.
A lo largo del libro subyace una crítica feroz al sistema de valores cultural de México, quizás banalizado en exceso. ¿A qué se debe este declive?
Sin duda alguna, en primer lugar, al nacionalismo mexicano. Yo no crítico al “ser mexicano”, sino a la construcción de una política cultural que fundamenta un complejo sistema político y social que deja aislado al mexicano, en realidad, marginado de toda la riqueza y tradición cultural del mundo hispánico. Precisamente por eso, los dos grandes autores mexicanos del siglo XX son desconocidos: José Vasconcelos y Alfonso Reyes, que son, por otro lado, los dos grandes críticos de la revolución mexicana.
¿En qué medida considera que la crisis política, la inseguridad ciudadana y la situación económica están lastrando la cultura mexicana, si bien en otros casos podrían servir estos elementos incluso de acicate para el surgimiento de nuevos exponentes?Es un asunto fundamental que trata mi libro. Para comprender el gravísimo problema de la violencia en México hay que trasladarse a 1913, de la sangre derramada entonces viene el México del siglo XX y el de nuestros días. Es menester volver a contar la muerte de Bernardo Reyes, la famosa Decena Trágica, para entender el aquí y ahora. Podemos recontar esa historia siguiendo la oración fúnebre de sus hijos, Alfonso y Rodolfo, leyendo los
Recuerdos del porvenir, de Elena Garro, haciendo historia de una de las revoluciones más sangrientas que ha dado la historia o, sencillamente, leyendo mi libro, pero es menester hacerse cargo de las maldades de la Revolución para comprender el México contemporáneo.
Si hay un nombre que destaca en su libro por encima de los demás es el de Gabriel Zaid. ¿Qué cree usted que representa la figura del escritor en el contexto de la cultura no sólo mexicana, sino también iberoamericana?Zaid es el gran pensador de Hispanoamérica. Por desgracia, no le han dado todavía el Premio Cervantes. No es un hombre del establecimiento. Quizá no se lo otorguen nunca. Es demasiado inteligente y ácido para ser soportado por nuestro empobrecido establecimiento cultural. Pero su obra es el eje por el que pasa la gran cultura mexicana y de Hispanoamérica. Una síntesis genial de Reyes, Ortega y Paz. Grandioso poeta, magistral crítico de la cultura y de la política. Un extraordinario filósofo que ha equiparado su obra con su vida. Uno de los grandes de la cultura humanística de nuestra época. De su generación, dicho sea de paso, trato a un gran cuentista y crítico de cine, nacido en nuestro Santander, pero escritor profundamente mexicano: José de la Colina.
Hablando de autores, su libro trata con deferencia a Octavio en Paz en el centenario de su nacimiento...
Creo que la crítica a la revolución de Paz es importante, pero, en mi opinión, no es la crítica histórica, la vinculación constante de la moral y la política que lleva a cabo Paz durante toda su vida, su aportación más relevante a la cultura de nuestro tiempo, sino sus aportaciones estéticas, poéticas. Son imprescindibles para comprender las variaciones de la sensibilidad de nuestra época.
En algunos capítulos, como el referente al de la localidad de Torreón, usted hace referencia el espinoso asunto de la violencia provocada por los cárteles del narcotráfico, tan de actualidad en las últimas semanas por la desaparición de 43 estudiantes. ¿Cree usted que esta problemática puede tener solución a corto o medio plazo?
No, no la tendrá a corto plazo, pero, a veces, la cultura puede ayudar a conllevar esa tragedia.
Como experto conocedor de ambos países, naciones con profundas raíces comunes pero con notables diferencias al mismo tiempo, ¿qué cree usted que queda por hacer en las relaciones bilaterales tras más de cinco siglos de historia compartida? ¿Cuáles son esos grandes puntos de encuentro sobre los que cimentar la colaboración cultural del futuro?
Seré muy concreto: mientras que la figura de Hernán Cortes no tenga una estatua en México, la historia de este país seguirá siendo mitología. Falsificación.