Opinión

Júbilo o jubilación (I)

TRIBUNA

Nacho López | Viernes 12 de diciembre de 2014
‘Una enfermedad imaginaria es peor que una enfermedad real’. Proverbio yiddish

Según Wordreference, júbilo significa “alegría extrema que se manifiesta con signos externos”, y según Wikipedia, jubilación significa -entre otras cosas- “edad a partir de la cual se le permite legalmente abandonar la vida laboral y obtener una prestación monetaria por el resto de su vida”.

Si algo he aprendido de mi padre es la preocupación por el ahorro y si algo he aprendido de mi madre es a disfrutar de las cosas según vienen. La generación de nuestros padres tenía otras prioridades: primero era el piso, después el coche, iban de tapeo y cuando se podía, a un restaurante, apartamento antes que el hotel… primero lo básico y detrás, lo lúdico. Mi padre y mi madre se complementaron y ahora son una pareja de jubilados con júbilo, con tiempo y con dinero. Vienen de una generación que se adaptó a las circunstancias y son el ejemplo de un equilibrio presupuestario en toda regla y no el de los Presupuestos Generales del Estado, que ni son presupuestos realistas, ni son generales, ni son para el Estado.

Hay pocas cosas que aún tengo claras, el resto se han ido enturbiando o han cambiado. Tengo claro que nos vamos a morir, que tiempos pasados no fueron mejores, que nunca el ser humano estuvo tan concienciado a pesar del narcisismo imperante, que la medicina occidental sobrediagnostica, en ocasiones, pero ayuda a muchas personas a vivir largo y tendido y también tengo muy claro, desde hace más de 20 años, que yo no voy a tener una pensión tal y como la entendemos hoy.

No me pregunten por qué pienso que el sistema no es sostenible, no podría explicarles, es una corazonada que me viene acompañando desde hace mucho tiempo, locuras de uno, ya saben. Supongamos por un casual que tengo razón y la cosa no viene muy favorable, entonces digo yo, ¿cuándo narices nos vamos a poner a ahorrar los jóvenes como lo hicieron nuestros padres? Alguno pensará que para qué ahorrar, que ya lo hicieron sus padres y alguien tendrá que disfrutar del piso en la ciudad, el apartamento en la playa y la casa del pueblo que van a dejar. Bien, no creo que la mayoría de los españoles estemos en este supuesto, aquellos que lo están pueden dejar de leer aquí mismo si lo desean. Otros pensarán que papá Estado proveerá, estos también pueden dejar de leer aquí mismo si quieren. Por último pueden pensar que sus hijos les van a cuidar, vale, aquí estoy de acuerdo con ustedes, es posible que los valores humanos estén de moda y que, como decía Daniel Goleman, el siglo XXI no vaya sobre Coeficiente Intelectual sino sobre Inteligencia Emocional, pero por mucha empatía que adquieran sus hijos, piensen en lo que hacemos ahora con nuestros mayores y proyéctenlo a futuro.

Sin entrar a valorar cuál es la mejor forma de ahorrar, si un plan de pensiones, una cuenta de ahorro, olivos en su pueblo, propiedades o joyas, sí me gustaría dejar clara una cosa: aquellos que no sean capaces de retrasar la gratificación no tendrán más remedio. La frase no está incompleta, es un tono bíblico-sarcástico que me acabo de inventar, puedo decirlo más alto o lo puedo decir susurrando, pero no puedo decirlo más claro.

El derecho a disfrutar de la vida ha calado en nuestra sociedad actual, el ocio, tener hobbies y tiempo para nosotros, porque nos lo merecemos y porque sólo se vive una vez. Creo que los papás de ahora están haciendo una maravillosa inversión en sus hijos, se dedican a ellos en cuerpo y alma a pesar del peso del trabajo y de los problemas cotidianos, pero mientras tienen un ojo en el presente, no dejen de mirar al futuro con el otro, dediquen tiempo a sus ahorros y planifiquen su jubilación, dejen de procrastinar, sean sensatos como nuestros padres y pónganse manos a la obra, a ellos no les fue nada mal.

Si han llegado hasta aquí y les sigue interesando el tema, la semana que viene escribiré sobre dónde y cómo creo que pueden invertir en su futuro. Entiendo que los tiempos son los que son, que las economías domésticas están como están y que no sólo es muy difícil ahorrar, sino que parece imposible llegar a fin de mes.

Les anticipo dos cosas, bueno, en realidad les pido dos cosas: la primera, y aprovechando que ‘estamos en campaña’, es una frase de Michail Bletsas (El Mundo 28/11/14): “Debes saber que si un servicio es gratuito el producto eres tú”, y si además les acribillan a anuncios, les piden favores personales y les regalan TVs, vajillas o bonificaciones del 4%, al menos duden un poquito, pero solo un poco. La segunda es que antes de pedir su próximo préstamo personal y comenzar a pagar cuotas de 100, 200 o 300 euros al mes, piensen en si necesitan lo que van a comprar y sepan que si ingresaran esos 100, 200 o 300 euros todos los meses durante 20 años, podrían convertirse en 68.730, 137.460 y 206.190 euros respectivamente (a un interés compuesto y constante del 10% anual) o en 39.679, 79.358 y 119.037 euros (al 5% compuesto y constante anual) cifras maravillosas para un posible entorno deflacionista o de estancamiento de precios (Japón lo tuvo 20 años, pero aquí por supuesto no va a ocurrir, palabra de Draghi).

NOTA: Este último supuesto es tendencioso, manipulador y no 100% realista. Lo mismo pienso de ciertas técnicas seductoras de marketing, pero creo mucho más en la posibilidad de sacar rentabilidades de entre el 5% y el 10% a sus ahorros de forma recurrente que en las mil y una promesas que escucho y leo por TV, radio, Internet y prensa.