Miércoles 21 de mayo de 2008
Los que hablan de un proceso de desaceleración global de la economía, no andan muy descaminados. Quitando que, en base a ello, más de un gobierno intente justificar políticas de dudosa viabilidad presupuestaria; ejemplos de ello los tenemos muy cercanos. Dicho lo cual, es cierto que hay una serie de factores coyunturales que están desestabilizando la economía a nivel mundial. Sirva como ejemplo el dato del precio del petróleo: esta semana ha alcanzado la cifra de 140 dólares. Si alguien echa la vista atrás y retrocede cinco años, comprobará con estupor cómo desde entonces el coste del barril se ha triplicado.
¿Qué ha sucedido? Muchas son las razones que pueden arrojar luz ante semejante ascenso, pero una destaca sobre todas ellas: la mera voluntad de los productores. Hay que tener en cuenta que el precio del barril de petróleo tiene un importante componente artificial. Los países miembros de la OPEP -y otros que no lo son, pero que tienen importantes cantidades de crudo, como Rusia- son quienes controlan la extracción y venta mundial, y con ello, el precio. Muchas son las presiones para que incrementen su producción, pero a día de hoy, no parece que dichos países se muestren especialmente interesados en alterar un statu quo que les reporta pingües beneficios. Hablarle de solidaridad mundial a un jeque de Arabia Saudí o Kuwait es poco menos que utópico. Además, los dos grandes gigantes asiáticos, India y China, piden paso. Hay una fortísima demanda de materias primas a las que el mercado no puede hacer frente. De hecho, los cereales también han experimentado un auge considerable en sus precios, y es un hecho que tal cosa no se debe sólo a los biocombustibles. La cuestión es simple: no hay más petróleo porque a los países productores no les interesa. De este modo, ganan ingentes cantidades de dinero, y no entra en sus planes rebajar semejante fuente de ingresos. Lástima que sólo unos pocos sean poseedores de yacimientos.
TEMAS RELACIONADOS: