Los Lunes de El Imparcial

Valérie Trienweiler: Gracias por este momento

ENSAYO

Domingo 14 de diciembre de 2014

Traducción de Marta Armengol Royo y Rosa Alapont. Maeva. Madrid, 2014. 240 páginas. 16,90 €. Libro electrónico: 11,99 €

Por Ángela Pérez



Se dice que la venganza es un plato que se sirve frío. Cuánto más frío mejor. No ha cumplido sin embargo esta regla Valérie Trienweiler, una de las exparejas del presidente francés François Hollande. Pocos meses han trascurrido desde que quien ejerció de Primera Dama abandonara el Elíseo, tras saltar a los medios de comunicación la relación clandestina entre el mandatario galo y la actriz Julie Gayet, revelada con jugosos detalles por la revista del corazón Closer, curiosamente la mismaque en su día destapó el romance entre Trienweiler y Hollande. Después del escándalo, Valérie Trienweiler se recluyó, aquejada de una fuerte crisis nerviosa, en el hospital parisino Pitié-Salpêtrière para hacerse unas pruebas y descansar. Quizás en ese descanso empezó a maquinar que Hollande no iba a irse de rositas de la aventura amorosa que les unió. Quizá esa perspectiva es la que le dio fuerzas para emprender, pese a lo complicado de la situación, un viaje a la India en apoyo de una ONG que realiza labores humanitarias y para escribir este libro, un auténtico misil disparado en la línea de flotación de Hollande.

En su lanzamiento en Francia no se ahorraron las precauciones y el secretismo para evitar cualquier maniobra del enemigo para pararlo. Ni la autora ni su editor fueron calentando el ambiente, como suele ser habitual ante la publicación de lo que se prevé como best-seller, y ni siquiera estaba anunciado en las previsiones para la rentrèe de la editorial. Parece ser que solo cuando era inminente su puesta a la venta, tras ser impreso en Alemania, se anunció a las librerías que les llegaría un libro muy especial, sin más especificaciones.

Autora y editor estaban seguros, como así ha sucedido, de que los franceses iban a ir en tropel a hacerse con un ejemplar. A las pocas horas de ponerse a la venta, el éxito fue espectacular. Y junto al sigilo, tampoco ha dejado de tenerse en cuenta de manera muy significativa el momento de disparar el misil: Hollande atraviesa horas muy bajas, con unas encuestas donde el respaldo a su figura va cayendo en picado.

En el complejo universo del sentimiento amoroso no puede olvidarse que existe una delgada línea que separa el amor del odio. Ahí están personajes como Medea, que llevó a cabo una venganza, en ese caso sangrienta, contra su enamorado Jasón, después de que este la traicionara. Es evidente que Valérie Trierweiller, aunque haya traspasado con soltura esa línea, no alcanza la condición mítica de una Medea, sobre todo porque su inclemente desquite tiene también mucho de interés crematístico, ya que el libro le reportará pingües beneficios.

Tras el irónico título de Merci por ce moment (Gracias por este momento), se esconde una historia en la que su autora narra su íntima relación con Hollande. Aunque Trienweiler asegura que el libro encierra también su admiración hacia algunas cualidades de Hollande, como su inteligencia y su sentido del humor, eso, pese a estar, si bien con matices, empalidece de manera absoluta frente al negro, negrísimo, retrato que realiza de su expareja. Trienweiler nos presente a un Hollande cínico, sin escrúpulos, y machista, dando a entender que para él las mujeres son poco más que floreros. Por ejemplo, recoge una conversación en la que Hollande le espeta que no se le exigía otra cosa que estar guapa.

Pero, más allá de la acumulación de acusaciones y cotilleos, se aprecia el cálculo de Trierweiler al haber recalcado en la personalidad de Hollande el empleo de la mentira, usado constantemente en su propio beneficio sin importarle las consecuencias o el daño que pueda causar. Según Trierweiler, la mentira parece la seña de identidad predominante de Hollande. Así, cuenta que le mentía continuamente al jurarle que ya no mantenía ningún contacto con Ségolène Royal, su anterior pareja y madre de sus hijos, y que no la apoyaría en su pretensión de convertirse en presidenta de la Asamblea Nacional. Algo especialmente doloroso para Valérie Trierweiler, que se confiesa mujer muy celosa, y no podía soportar que Hollande no hubiera roto completa y definitivamente con Royal. Igualmente, relata que también le mintió al negar su relación con Julie Gayet. No obstante, parece que los encuentros de Hollande con la actriz le han resultado menos traumáticos que el nexo que seguía uniéndole a Ségoléne Royal, en un laberinto de apoyos y enfrentamientos, que ella declara no entender. Ciertamente, la relación Hollande-Royal se mueve entre esos dos polos. Significativamente, Royal, tras la publicación del libro, ha salido en defensa de su expareja.

Lo decisivo, sin embargo, es que Trierweiler extrapola este comportamiento mentiroso al ámbito público y político. Sacamos así la idea de Hollande como un tartufo que nada tiene que envidiar al célebre personaje de Molière. La ideología socialista de Hollande sería una mera máscara útil. Trierweiler cuenta que, en realidad, no son los ricos y poderosos quienes no le gustan a Hollande, sino los pobres, que solo le despiertan desprecio y con los que hace bromas brutales, como llamarles sans dents (sin dientes), en alusión a una expresión que se refiere a las perdidas dentales prematuras causadas por la miseria y la enfermedad. Sin duda, en el ataque político -en el que también reparte mandobles para los correligionarios, colaboradores y ministros de Hollande-, radica la carga de profundidad. Era vox populi que François Mitterand mantenía dos familias, que se juntaron en su entierro, y muchos presidentes franceses han tenido fama de mujeriegos. Otra cosa es un presidente que miente al venderse como defensor de los más desfavorecidos.

Valérie Trierweiler asegura: “Lo que he escrito es verdad”, afirmación que se destaca en la faja publicitaria del libro. Realmente, es imposible saber cuánto hay de verdad o de falso en la devastadora arremetida de Trierweiler contra su expareja. Una arremetida, por otra parte, escrita con soltura periodística y que despierta cierto morbo. La cuestión, no obstante, es que este misil alcanza también a quien lo ha lanzado. Sin negar a Valérie Trierweiler su derecho a escribirlo, un libro de estas características no habla precisamente a favor de su autor. Máxime en el caso de Valérie Trierweiler, periodista con amplia trayectoria a sus espaldas que bien podría haber reactivado su derrotero profesional y demostrado su elegancia personal tras la ruptura sin enfangarse en ventilar trapos sucios. En esta historia, habría que recordar, como dijo Francis Bacon, que “vengándose uno se iguala su enemigo, perdonándolo se muestra superior a él”.