TRIBUNA
Natalia K. Denisova | Martes 16 de diciembre de 2014
¿Cuál ha sido el resultado de la XXIV Cumbre Iberoamericana? Poco o nada. Muchos analistas han lamentado las ausencias de algunos jefes de Estado a la Cumbre y lo han hecho como si hubiera sido algo tan imprevisto e insospechado que merece la pena vocear en cada esquina que Cuba, Venezuela y Bolivia no han asistido. Extraño. Tampoco han asistido las presidentas de Brasil y Argentina, la primera tenía una situación interior muy complicada para asistir al evento, mientras que la segunda, la señoraKirchner, se estáacercando a pasos agigantados al bloque bolivariano y, por lo tanto, su presencia en la Cumbre sería un acto de incongruencia política. Asílas cosas, es menester que nos dejemos de falsas sorpresas y lamentos. Se sabía de antemano los que iban a faltar a la cita. Hablemos, pues, de los presentes que no han sido pocos.
Lo más destacable, en mi opinión, ha sido el discurso del Rey Felipe VI, que ha dado en la diana al decir que los países de Iberoamérica forman "parte de nuestra identidad, de nuestro pasado, de nuestro presente y también de nuestro futuro" y son una "comunidad histórica". Sencillo y directo fue el monarca. El recuerdo era necesario. Fuera de esto, ¿quépropuestas relevantes podríamos señalar? Por desgracia, pocas cosas han salido de esta reunión por no decir ninguna. O sea esta Cumbre ha alcanzado un momento crítico para plantearse su viabilidad. Parece que la existencia de esta Cumbre, que pretende unir América y España, sólo dependeráde hechos y no de retóricas vacías. Es necesario desarrollar compromisos concretos y hablar menos.
Los asistentes a la Cumbre han perdido la ocasión de revitalizar este foro. Hantenido miedo para ir más alláde las palabrerías oficiales. Más aún, optaron por tapar el vacío con la educación y cultura como si fueran temas de más fácil solución. Lo peor de esta última Cumbre es que los asistentesnohan conseguido elaborar una alternativa al bloque bolivariano por un lado, ni al individualismo, a veces ridículo, de algunos países miembros. No se ha elaborado una propuesta viable para atraer a los países como Uruguay, Paraguay u otros, cuyos políticos siguen rumbos de izquierda, pero no tan radical como la promovida por Castro y los países del bloque bolivariano.
En fin, el problema real de esta Cumbre no han sido las ausencias predecibles, sino las presencias inútiles. El fracaso ha sido casi absoluto. Asílas cosas, más adecuado sería cambiar de una vez por todas la celebración de la Cumbre Iberoamericana de dos a cinco años... O mejor, no realizarlas tal y como están concebidas para perder el tiempo.