Editorial

La dimisión de Torres-Dulce

Viernes 19 de diciembre de 2014
Parece ser que la dimisión del Fiscal General del Estado, Eduardo Torres-Dulce, ha sido una dimisión anunciada. Hace pocos días, los rumores se dispararon cuando paralizó sin razón aparente dos nombramientos de gran trascendencia en la estructura de la Fiscalía, como son los de los fiscales jefes del Tribunal Constitucional y de Inspección fiscal. Ahora, una vez conocido el desenlace, todo apunta a que el ya exfiscal general ha querido marcharse sin más nombramientos de altos cargos que se quedarían como herencia a su sucesor.

A nadie se le oculta que bajo el aséptico enunciado de que la dimisión se produce por “motivos personales”, subyace el hecho incuestionable de que a lo largo de los tres años en el puesto, no han sido pocas las tensiones y desencuentros entre la Fiscalía y el Gobierno de Mariano Rajoy, que le nombró quizá pensando que iba a ser más proclive a sus postulados. Sin embargo, no ha sido así, y Torres-Dulce ha mantenido, como debe ser, su criterio y ha hecho bandera de su independencia contra viento y marea y a pesar de las numerosas críticas sotto voce del Ejecutivo, que comprensiblemente han colmado su paciencia. Un Ejecutivo que tampoco le ha facilitado precisamente todos los medios necesarios para realizar su labor y que no ha dejado de ningunearle a menudo. La falta de sintonía con el Gobierno alcanzó un punto álgido el pasado año en su actuación en el caso del extesorero del PP, Luis Bárcenas, donde no se guió por criterios espurios sino por su convencimiento de que no debe haber “zonas de penumbra” para los corruptos. La consulta ilegal en Cataluña del 9-N puso de nuevo sobre el tapete las discrepancias.

La dimisión de Eduardo Torres-Dulce es una mala noticia, pues no habla precisamente muy a favor de la manera de entender algo esencial en toda democracia como es la separación de poderes. Mariano Rajoy ha dicho que solo ve razones personales en la renuncia de Torres-Dulce. Esperemos que esta solo sea una respuesta de cara a la galería y que reflexione en profundidad y con presteza sobre sus causas reales y su significado.