La adolescencia es ese extraño territorio en el que todos pasamos una de las temporadas que más pueden marcarnos la vida. A pesar de ello, sigue tratándose de un lugar particularmente desconocido, como si una vez abandonado el mismo nos olvidáramos de lo arduo que, en ocasiones, fue comprender dónde nos hallábamos, qué era lo que queríamos, por qué de repente en casa ya no nos entendían. La escritora Ana Coto Fernández se adentra con inteligencia y sin temor en ese pantano de emociones extremas con su nueva novela “Bajo tu luna”, para acercar al lector de cualquier edad a ese mundo. Lo hace a través de la historia de María, su protagonista, una joven que, tras un año de retiro en Asturias, regresa a Madrid, donde se reencuentra con sus amigos y familiares. También con los problemas que les amargan la vida y que ella no tarda en hacer suyos.
Está claro, desde el principio de la novela, que su protagonista es una joven llena de matices, insegura a la vez que pragmática, pero ¿cuál es el rasgo de María que más destacaría?
Que a María le ponen enferma las injusticias y que, aunque ella no es el objeto de esas injusticias, decide hacer algo para combatirlas.
A su juicio, ¿cómo cree que las redes sociales han cambiado la forma de vivir la adolescencia? ¿Piensa que la han convertido en una etapa aún más competitiva y, por lo tanto, más compleja para quien no tiene perfil de líder?
Las redes sociales constituyen una parte muy importante de la vida de todos. Son muy útiles, pero al mismo tiempo conllevan ciertos peligros si no se hace un uso adecuado de ellas. Todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos dejado llevar por las masas. No tanto por estar de acuerdo con lo que se defiende o crítica, sino que a veces simplemente lo hemos hecho para evitar ser rechazados por miedo a no encajar. La etiqueta de ser catalogados como “bichos raros”, asusta.
Lo que, sin duda, es un problema, a veces incluso con consecuencias trágicas, es el bullying escolar. El retrato que hace del mismo en la novela no es solo real, sino que lo aborda desde un punto de vista muy cercano. ¿Cómo piensa que se puede ayudar a los chicos que son víctimas de ese acoso que mina su autoestima en un momento de la vida marcado por la inseguridad?
Lo principal es que se quieran a sí mismos, con sus defectos y virtudes. Que no se vean a través de los ojos de todos aquellos que les desprestigian. Es imprescindible que aprendan a valorarse. A veces nos cuesta entender que es tan culpable quien tira la primera piedra, como quien mira sin hacer nada. Lo peor es que los casos de acoso escolar no son aislados. Es triste que haya personas que presencian este tipo de actos y no solo no hacen nada, sino que encima disculpan o minimizan este tipo de situaciones. Los profesores, padres y alumnos deben poner su granito de arena a la hora de detectar el problema, y tomar medidas para erradicarlo. Nadie se merece ser discriminado por nadie.
En todo caso, hay cosas que no cambian a pesar de los avances tecnológicos. El destino, desde luego, es una de ellas. ¿Cómo influye el mismo en el devenir de este relato?
En el fondo se trata de un aprendizaje sobre cómo evolucionan los personajes, según van recorriendo su camino. Lo que nos ocurre y la forma de afrontarlo siempre nos marca de algún modo. Depende de nosotros aprender o no de nuestras experiencias. En este caso los personajes ponen en práctica lo que han ido aprendiendo, con el fin de que el resto de sus compañeros tengan la oportunidad de tomar una dirección distinta a la que otros les habían marcado. Es importante que en un momento dado nos paremos a pensar qué es lo que queremos. Todos nos equivocamos, sí, pero siempre tenemos la oportunidad de hacer bien las cosas. Dejarlo correr no es la solución.
El importante tema de la discapacidad también se encuentra entre las páginas de “Bajo tu luna”, tratado con un gran respeto pero también con la realidad del entorno que acompaña a quien padece algún tipo de ella. ¿Cree que se está consiguiendo avanzar en la forma de relacionarse con quienes son, simplemente, distintos a la mayoría?
Se avanza, pero muy despacio. En general nos asusta lo desconocido o lo que no comprendemos, y eso nos produce rechazo. A veces se rechaza a las personas que son “diferentes” simplemente por no saber muy bien cómo tratarlas. No es cuestión de ser malo o bueno con ellos. Lo que ocurre es que nos es más fácil poner distancia de por medio por miedo a equivocarnos o a su reacción, que afrontar la situación. La realidad es que todo sería más sencillo si nos limitásemos a ser nosotros mismos.
La historia de amor que vive María es, como suele ocurrir, una parte muy importante del motor que pone en marcha no solo a la protagonista, sino también al resto de los personajes. Porque, además del amor romántico, la novela supone un interesante recorrido por esos otros amores: entre amigos, familiares, compañeros de clase. ¿Cree que se puede vivir con equilibrio sin el conjunto de todos ellos?
Los equilibrios no funcionan del mismo modo para todo el mundo. Lo importante es que cada uno busque su particular forma de alcanzar su estabilidad emocional. En la novela los personajes sufren algunos altibajos emocionales, dependiendo de los sucesos con los que se van topando. Pero lo fundamental no es lo que les ocurre, sino su forma de superar sus problemas.
Después de su primera novela, “El secreto del Valle de las Sombras”, publicada en 2011, se lanzó también al terreno editorial con Palabras de Agua. ¿Qué destacaría de esa faceta profesional? ¿Cómo ha sido la experiencia y cuáles son los proyectos más inmediatos de la editorial?
Los cimientos de la editorial se basan en la necesidad de crear una editorial para escritores, donde prime la calidad de los textos, de las historias, y del acabado final de los libros. Los cuatro editores que constituimos la editorial somos además escritores, así que eso nos aporta ese plus de comprensión con respecto a lo que debemos o no hacer con nuestros autores. De ese modo es más fácil aplicar la premisa de: “No hagas lo que no te gusta que te hagan". En cuando a la experiencia solo puedo decir que es muy enriquecedora. Es increíble tener la oportunidad de colaborar para que los sueños de otros se hagan realidad. La situación en el mercado editorial en este momento no es muy alentadora a nivel general, pero eso no nos desalienta. Avanzamos poco a poco, sí, pero, en todo caso, con paso firme. Tenemos clara nuestra meta, y es la ilusión por alcanzarla, lo que nos aporta esa dosis de energía que nos ayudará a llegar al final en las mejores condiciones. Próximamente verá la luz nuestra primera novela histórica y varias publicaciones dirigidas a niños y a adultos. Y las sorpresas están garantizadas.
¿Y sus proyectos como escritora?
No me gustaría encasillarme en ningún género, por lo que mis próximas publicaciones irán orientadas a públicos muy diversos. Algunos me gustaría que estuvieran dirigidos a los más peques, otros quizá a temáticas más generalistas, sin descartar incluso el género de terror. El punto en común, no obstante, será que cualquiera de mis obras dejará alguna que otra enseñanza tras su lectura.
¿Cómo ve en general el tema de la lectura en los niños y adolescente de hoy? En su opinión, ¿se trata de forma adecuada en los colegios y en los hogares?
Los adultos somos conscientes de la importancia de inculcar el hábito de la lectura a nuestros hijos. El problema viene cuando nos empeñamos a elegir qué deben leer sin tener en cuenta sus gustos. En esos casos el resultado es que los libros no salen de las estanterías o, de hacerlo, no se convierten precisamente en las delicias de sus portadores.