Opinión

Así, ETA volverá a matar

TRIBUNA

Ignacio Fernández Candela | Lunes 22 de diciembre de 2014
Bastará una escisión, un desacuerdo o una disidencia y se aprovechará la infraestructura no desmantelada. Cualquier excusa será perfecta para regresar al conflicto armado, eufemismo sobre el cobarde asesinato con disparo a la nuca. Por pedir, exigir con violencia, no quedará en la paz el logro de los que hoy se felicitan por una falsa concordia. ETA volverá a matar, según la triste coherencia deducida de unos antecedentes violentos que se alimentan hoy de sí mismos para subsistir en el futuro. La esencia pura de un asesino es la razón de ser de sus actos, no los objetivos por los que se dice luchar; es la ambición sin límite porque el asesinato rentabiliza de tal modo que no existe barrera desde la imposición del miedo para el irredento. Si no hay consciencia del mal no cabe una oportunidad para el perdón. La experiencia del odio es un grado que pocos logran desterrar en la valiente recapacitación de la conciencia. Si tampoco hay punición, matar es jauja y aquí se ha demostrado que sale barato.

El crimen en España es un capricho con ventaja y es por ello que ETA volverá a matar para dar razón de existencia a sus actos, sobre todo si vence con la sinrazón de la barbarie. No hay freno y acabará matando. Otra generación tomará el relevo con nuevas exigencias.

Pero no nos equivoquemos. La culpa no será de ETA, mimada ya históricamente cuando consigue asesinando lo que la justicia verdadera hubiese negado. ETA es sangrienta desde sus inicios y ha encontrado el modo de justificar sus acciones mediante la generalizada hipocresía política, el cinismo endemoniado y la inacción de la ley. No se podrá culpar al depredador de matar, pues es su naturaleza intrínseca y la lleva impregnada en los genes de un totalitarismo hecho a sí mismo cuantas más ventajas adquirió durante su brutal trayectoria de fácil intransigencia.

ETA matará y los ciudadanos de bien percibirán una vibración de salvaje indignación y volverán sus miradas acusadoras sobre las alimañas políticas y jurídicas que dejaron la puerta abierta para que se masacrara el presente y el futuro, burlándose de la sangre derramada de las víctimas anteriores que nunca tuvieron derecho a defensa; ni antes de destrozarlas, ni después cuando se suponía que un Estado de Derecho al menos protegería sus memorias.

ETA asesinará y provocará un atroz dolor incrementado por la indiferencia de los asesinos y las burlas perennes de sus insanos odios. Los asesinos naturales matarían en cualquier lugar del mundo, porque son seres abstraídos de vesania sin importar la causa que la inspira.

Matarán y no serán los culpables únicos, porque ya los ciudadanos sabrán a quién acusar de estas maldades continuadas y pondrán nombre y apellidos a los jueces y políticos que causarán futuribles desastres que se avecinan. Mas no habrá engaño ya, no más repugnante disimulo, ni demagogias de chulos sin entrañas que tras los atriles políticos o en la decisión prevaricadora de los tribunales vayan a seguir camuflando las intenciones delictivas que han llevado a cabo, tras el amparo de una extraña e indecente justicia que parece dictar el mismo Satanás.

ETA volverá a matar, porque unos nacen para dar rienda suelta a un fácil destino de la discordia y la imposición por la sangre. Pero esa depredación tendrá cómplices políticos y jurídicos. Ya no serán los únicos culpables que sean visibles ejecutores ... visibles e indelebles como la sangre derramada. Inmersos en el dolor de las nuevas maldades, habrá rostros de jueces y políticos a los que mirar sin sus máscaras y es entonces cuando la visceral indignación de los honrados ciudadanos podría desatarse. Amarrar sin que se escapen esos escurridizos cómplices políticos y judiciales, escudados tras el engaño que ya no surte efecto. Atrapados, por la evidencia, en la mentira de la constante evasión democrática, miserables y mendaces ya sin atenuante sabiendo de qué pútrida condición están todos hechos. Identidades a quien culpar de lo que venga.

Apesta este país a mentira pero los embaucadores están identificados. Son jueces y políticos que han llevado al abismo institucional un país que no regresará de este largo viaje a ninguna parte. Por eso volverá a matar quien jamás podrá redimirse de su condición asesina. La facilidad de la sangre invita a derramar más para conseguir ambiciones sin freno. De unos ya sabemos que nunca habrá otra paz que la de la conveniencia hasta que decidan seguir lucrándose con el terror... de otros sus embustes quedarán al descubierto. No habrá más engaños después de que el disfraz de la honorabilidad caiga y se vislumbren las vergüenzas.

ETA matará pero esta vez se sabrá quiénes impulsaron el crimen tras esa hipócrita moral de lo fingidamente decente en jueces y políticos que estarán al descubierto y expuestos a la ira de la ciudadanía. Entonces será cuando alguien decida que haya Justicia verdadera, aunque este país termine precipitándose al hoyo del olvido que han cavado tantas alimañas para perjuicio de la mayoría.

Muchos querrán que al menos la indefensión sea desterrada y haya la misma condición en oportunidades para defenderse de tanta inmundicia que nos entierra. ¿Acaso hay viaje de retorno, lejos de este abismo al que han arrojado al país políticos y jueces que parecen estar en nómina de Satanás? Basta una chispa para que reviente todo y la mecha es más fácil de encender que nunca para los destructores de la paz.

El Partido Popular jamás pudo ponérselo más fácil a sus enemigos desde la trampa del 11-M. De esos polvos viene este lodazal. La economía no lo es todo aun reconociendo el mérito de las medidas tomadas. Aznar hizo mucho más y Zapatero lo destrozó en dos legislaturas. Prima el cumplimiento de promesas electorales de las que de su negación ya están advertidos los hartos votantes abocándonos a una incertidumbre definitivamente desintegradora. En otra columna trataré, de la observación a pie de calle, sobre la inconveniencia de que Rajoy presente una candidatura que, por animadversión personal, los españoles desencantados, engañados, no apoyarán.
Algunos tan necios y arrogantes dando arriólicos consejos, no aprenden, otros que los escuchan tampoco. Tanta estulta soberbia que terminará pagando, como siempre, la inocente ciudadanía desde hace tanto tiempo al borde del precipicio de la quiebra institucional para que los de siempre la aprovechen.