Opinión

Napoleón-PIglesias, Chespir & otros inocentes amigos.

TRIBUNA

Fernando Caro | Sábado 27 de diciembre de 2014

Srs. egregios miembros del inocente..., y quienes tienen número para ingresar, no pretenderán Uds. que encima de dilapidar nuestros impuestos tengamos que estar derrotados; ¡lo que nos faltaba! ¡No te digo!

Me aborda en plena calle un peligroso entusiasta, uno de esos que no te asfixian en un abrazo porque has desarrollado la destreza de escurrir el bulto con pasmosa agilidad.

–¡Cómo me río! ¡Me lo paso en grande con tu “animalario” (sic)! ¡Como me los conozco a todos..!: Alicia y Humpty–Dumpty; el Sr+ [4 %] y el pujolet; el “Hermano Fosor Honorario” del gran timonel, el lindacara, Napoleón-PIglesias...

Y la 4ª catedrática del saber del pueblo... ¡esa es mi santa, ¿a que sí?, siempre me dice eso mismo de que son todos iguales...! [No salía de mi asombro, como comprenderán. Pasmao, que dijera Alfonso, el hermano del Guerra, el enmano de mi enmano que ejercía noble oficio de conseguidor con despacho en el mismísimo palacete de la delegación del desgobierno, si no me falla la memoria, en la eterna Sevilla. Ahora recuerdo –no sé por qué– al simpático Lucky Lucke...]. Me los conozco a todos, me dice.

–Pero, oye, insiste, así en confianza, entre tú y yo, ¿quién es el Chespir? Seguro que es algún amigo tuyo de los que conozco... ¡Anda lo bien que te lo tienes que pasar cuando escribes esas ocurrencias!

Y yo, muy en mi papel, le respondo que no le puedo desvelar su identidad porque me lo ha pedido expresamente; Ley de protección de datos. Y porque esto de escribir en un periódico es un asunto muy, pero que muy serio.

Aunque no puede ocultar su decepción, marcha, llevándose la impresión de que tarde o temprano acabaré haciéndole la confidencia. Mejor así.

No he querido hacerle partícipe de la cruda verdad de este oficio de columnista que ejerzo a mi guisa; tiene la misma emoción que estar en el paso de la paloma, a ver cuándo llegan despistadas, y ¡zas!, las acaricias con primor; es decir les atizas una andanada, y ¡ay!, qué risa.

Y que provoca la misma alegría que pelar un saco de cebollas dulces de Fuentes de Ebro, de cualquiera de las variadas fuentes que pueblan el Orbe: acabas irrumpiendo en llanto –sí o sí– porque siempre sale alguna atravesada.

¡Menos mal que está bastante bien retribuido! [Sabido es que aquí no escatimamos talentos para retribuir el talento; yo no iba a ser una excepción. Aparte, claro, de tanto talento –como los que componen ese animalario en el que acaban de ingresar tan solo unos egregios ejemplares–, como ejemplos tenemos a los tocaflautas de todo tipo dedicados al entretenimiento del populacho, para que aquellos, y sus émulos, puedan seguir metiendo mano en la olla. ¡Pero si sabemos desde el SV AdC, por lo menos, que es astucia de tirano la de embrutecer a sus súbditos!].

Y de propina los ripios horrísonos del Chespir –el amigo brithis que tengo para darme pote de cosmopolita–: “Güenteden[todo de seguida, ¡madre mía!] el La[rr]a nos caomons de fa[rr]a, jajajajaja...”. [Canalla, grandísimo canalla, cómo sabe dónde duele; y la cara que se me queda... ¡Señor todopoderoso, por favor te lo ruego, aparta de mí este barril de cerveza!]

Y menos mal que todavía no han entrado en escena algunos ilustres, lo digo por esa efusión del abrazo, como la blindada –o aforada, que para el caso es lo mismo– grumete del gran timonel, que me tiene “pa’l arrastre” desde que con su piececito desnudo –anda que no era canalla ni nada quien urdió ese posado, no como yo que soy un cándido– fue portada del magacine [el Chespir le llama no sé si sogaya o sogalla, o vaya ud a saber qué; dice que “le gaya/galla mucho”; la erre es que ni a la dechés, ¡menudo Tourmalet!. Y a saber cómo va de guines...].

Para distraerlo he de hacerle alguna concesión: La GrandeFrance, del PetitSarkó y su hegedegó, el Monsieur Holandés. “¡Memotiván!” que dice. “Pego nintendó; una españolá, alcaldesá de Pagis; el primer ministre, españolo también [¡cómo los imita!], y de president, un holandés. Tú qué decir... ”, me inquiere. Yo ni mú.

Todavía no sé de quién se ríe más, si de los gabachós o de los ispanis; ¡menudo chollo el suyo!

A quien no puedo alabar como mereciera es al escalofríoSalgado, ya retirado de la escena. Aquella exquisita sandía vegetariana veía brotes verdes en los adoquines del palacio de la Moncloa –en los de la calzada y en los que se congregaban los viernes con el gran maestro– y tomaba zumo de tomate como sucedáneo de Rioja reserva: ¡alucina, vecina!

A mí me recordaba al Platero de mi tía Antonia, la del pueblo; los brotes verdes eran su único pensar. Brote verde que veía, ¡zas!, brizna de hierba que se zampaba.

¡Lo claro que tenía el simpático equino lo del equilibrio sostenible, que obviamente se sustentaba en su sustento!

¿Me siguen, no?, porque como siempre he vuelto a irme por las ramas.

...

¿Qué habré hecho mal para recibir adhesiones tan cálidas? Luego, voy, y lo estropeo. ¡Con lo mono que estoy callado y lo bien que me someten al silencio mis estilistas...!

Srs. egregios miembros del inocente animalario, y quienes tienen número para ingresar, no pretenderán Uds. que encima de dilapidar nuestros impuestos tengamos que estar derrotados; ¡lo que nos faltaba! ¡No te digo!