Opinión

El Rey y la bandera

TRIBUNA

Agapito Maestre | Domingo 28 de diciembre de 2014

He esperado unos días para escribir sobre el principal problema del discurso de Felipe VI. Pensé que alguien lo haría en serio, o mejor, denunciaría el hecho fundamental del primer discurso de Navidad del Rey a los españoles. Quiero creer que no soy el único que ha observado este asunto, quizá alguien ya lo haya comentado, pero yo no lo he visto escrito en periódico alguno y, por supuesto, tampoco lo he oído en la radio y la televisión. La inmoralidad intelectual empieza a ser alarmante. Cientos de comentarios en los medios de comunicación se han vertido sobre las palabras, la escenografía y el decorado del discurso del rey. Nadie sin embargo ha destacado lo que estaba a la vista de todos. El Rey se ha dirigido a los españoles prescindiendo del símbolo que a todos nos representa. Eso marcará un antes y un después en la actual Casa Real. Un rey sin bandera es sólo un adorno para tapar la docilidad de millones de seres humanos que no se enteran de lo que pasa. Será la clave de su reinado. Quizá sea el comienzo de un suicidio ampliamente anunciado de la monarquía española o el pacto secreto para ser un futuro rey de naciones. Quien al comienzo de su reinado renuncia consciente o inconscientemente a la insignia que representa a su nación, está abandonando la empresa para la que ha sido llamado.

Eso, que lo ve hasta un ciego, los medios de comunicación están ocultándolo a todos los españoles. La inmoralidad conceptual, cuasi filosófica, que corroe a España se lleva muy bien con el ruido ensordecedor de los medios. Se habla de gestos, de fotos, de saloncitos, de sofá rojo y otras mil bobadas, pero se encubre el hecho obvio del discurso real. Este país parece haber perdido su último rastro de dignidad a la hora de hablar de la patria común de todos los españoles. Es algo sencillo de ver para quien quiera a su Estado-nación, España. Es algo elemental para quien sepa el significado de un símbolo para representar a toda una nación. Es algo de lo que ningún Jefe de Estado puede prescindir cuando se dirige a su pueblo en ocasión solemne. Por ejemplo, cuando Obama se dirige a sus ciudadanos, la bandera de EEUU está a su lado o detrás de él de forma clara y visible. ¿Conocen a algún Jefe de Estado que en ocasión similar a la de Felipe VI prescinda de la enseña nacional? Sospecho que no, sin embargo, y esto es lo más desgraciado, pocos comentaristas, muy pocos o quizá ninguno, quieren hablar en serio de este matiz que define a la nación española. Esconden lo evidente con un silencio cómplice. Parecen dar por amortizada a la nación más antigua del mundo. El vacío conceptual sobre la nación española comienza por desalojar a su principal símbolo, la bandera, es el paso previo para que ese espacio vacío lo ocupe cualquier indigente teórico con tal que lo defienda con ferocidad y odio.

Aunque es verdad que los españoles son únicos en el mundo a la hora de negarse a ver lo evidente, creo que en este caso estamos rayando la locura colectiva. El inmoralismo filosófico dominante confiere a la idea de España un carácter de tal relatividad que nos sitúa al borde del abismo. Sólo un instante, de modo retorcido y de pasada, cuando la cámara enfocó la foto del Rey Felipe VI con su padre, apareció un trocito de la enseña nacional, de España. La desaparición de la bandera nacional de un discurso solemne del rey refleja el nivel de deterioro en el que ha caído no sólo la Monarquía sino también España. Absurda es la apelación a la unidad geográfica, histórico-cultural y a un ideal de España sin reconocer previamente lo que a todos nos representa: la bandera. El Monarca no ha querido ponerse delante ni detrás de la bandera, sino que la ha desplazado a un plano tan menor que apenas si se la ve un segundo en un discurso de una duración de casi trece minutos. El asunto es feo. ¿Por qué ocultar la bandera de España? ¿A qué grupo político pretendía agradar Felipe VI? ¿O se nos da una explicación del asunto o tendré que pensar que este Rey sólo cree en la bandera, o sea en España, como un asunto de adorno? Esto no es, sin embargo, un problema escénico, sino un rito esencial para mantener la unidad de una nación que está resquebrajándose por todas partes.

Un monarca español puede renunciar a múltiples factores que le dan legitimidad, de hecho ya rehusó en su discurso de proclamación a los símbolos religiosos que siempre le dieron fundamento a la monarquía hispánica; pero, ay, si hubiera renunciado premeditadamente al uso de la bandera de España para dirigirse a sus conciudadanos, estaría insultando a los españoles e infringiendo el artículo 4 de la Constitución. La foto de Felipe VI en la televisión sin la bandera de España es menos que nada. Es un insulto a sí mismo, a la monarquía española, a una institución constitucional. En fin, ante el espectáculo de un Rey sin la bandera de España sólo me caben dos opciones: o estamos ante el suicidio de esta Casa Real o, por el contrario, es el primer paso que certifica el fin de España como Nación y el brote de una entelequia extraña llamada “nación de naciones”. Terrible opción. El futuro de España es peor que negro. Nada.