Luis María ANSON | Viernes 02 de enero de 2015
Durante los últimos años, Arturo Mas ha sido el narigante escudero de Oriol Junqueras...
Durante los últimos años, Arturo Mas ha sido el narigante escudero de Oriol Junqueras. Ha sido su polichinela, su marioneta, su títere, su genuflexo servidor. Asumió ese papel para mantenerse en la silla curul de la Generalidad, tras el fiasco de las últimas elecciones catalanas.
A trancas y a barrancas, y gracias a la política de pasividad de Pedro Arriola asumida por Mariano Rajoy, la consulta del 9-N salió a medias adelante. Oriol Junqueras se encampanó y ordenó a su escudero Arturo Mas que convocara elecciones autonómicas plebiscitarias. Mas se resiste porque solo la presentación conjunta de CiU y ERC le evitaría hacer el ridículo. Oriol Junqueras no quiere esa alianza ni en pintura y está asombrado ante la rebelión de su marioneta.
Harto el líder de ERC de la larga cambiada, eso sí de rodillas, de Arturo Mas, le ha dado un ultimátum sin precedentes en la historia de la política democrática en España. Oriol Junqueras exige a su polichinela Arturo que convoque elecciones plebiscitarias en 15 días. La dignidad personal y política más elemental exigiría que el señor Mas hubiera hecho pública ya su negativa ante el chantaje, zafándose de una vez de la sumisión ante ERC.
Todavía no lo ha hecho. Y veremos lo que pasa. Duran Lleida está indignado ante la prepotencia chantajista de Oriol Junqueras y no son pocos los dirigentes de Convergencia que comparten esa indignación.