Con la venia de su Señoría me gustaría tener ocasión de decir que ninguna vocación es más inquebrantable que la afición cinegética de un candidato a alcalde calderoniano de Zalamea o diputado cunero en período de celo.
Los cazadores de votos nos van a perseguir por los cotos como si fuéramos jabalíes, gamos, muflones, corzos y rebecos. Ya han soltado a las jaurías de perros sabuesos, podencos y mastines, chuchos boyeros, guardianes de rebaños, para que sigan, ladrando y con la lengua fuera, el rastro de la presa, hasta conseguir acorralarla a pie de urna. Muy pronto, la gran batida comenzará a cobrarse sus primeras piezas.
Y les dijo: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Marcos 16:15). Y Luis de Guindos se lo tomó tan cortito y al pie, que se fue directo a la SER que un día fue de Polanco y de este cronista incrédulo y sin embargo creyente, y dijo: «En España ya no existe el riesgo a perder el puesto de trabajo».
La antevíspera, por maitines, Mariano, adelantándose al primer Ángelus del año en el Vaticano, había dado el pistoletazo de salida de la ‘Barcelona World Race electoral’, asegurando, vía Twitter, a todo el orbe terráqueo, ‘Urbi et orbi’, que «España ya sale»… del agujero.
Para mí que uno y otro debieron sufrir un extraño vahído hormonal, causante de la segregación desmedida de tantas feromonas, turbados ante la contemplación de una tal Cristina Pedroche en picardías, reina del postureo, aunque un servidor prefiere a ‘La muchacha de las bragas de oro’ de Juan Marsé. Si no, es difícil explicarse cómo se pueden decir semejantes memeces con las que sólo se consigue ofender a los desahuciados laborales que no han tenido siquiera la suerte de encontrar un trabajo, no ya digno, sino aunque sea de mierda.
Los PePeros están tan poco acostumbrados al ruido de las linotipias, a los focos de los platós de televisión y a los micrófonos de los estudios de radio, que cuando van, a toque de rebato, la pician, pues les ciega la pasión del bienmandado. Mismamente le ha sucedido al ministro de Economía, que no se sabe muy bien si lo hizo porque estaba de guardia en la garita de Moncloa y de alguna manera tenía que cumplir con el expediente; porque está haciendo méritos extras para precipitar su amerizaje como presidente del Eurogrupo; o porque quiere reincorporarse, impaciente, a su antiguo despacho de Lehman Brothers.
Los científicos voyeurs que pasan días y noches mirando a través del telescopio de rayos equis de la Agencia Espacial Europea, se han fijado un reto para este año chino que arranca bajo el signo de la oveja ¡Beee!: cazar la materia oscura. (…) Los políticos que ambicionan decidir el destino de nuestras vidas y aquellos otros que nos quieren gobernar, como María Cristina, la señora de Fernando VII que en paz descanse, también se han marcado su meta: vendernos todas las bultacos posibles aunque no lo hayamos incluido en la carta a los Reyes Magos.
Todavía no hemos tenido tiempo para sobreponernos a la resaca provocada por los mítines navideños de los califas autonómicos, siempre propensos al sermón, y ya nos están tocando la filarmónica con vistas a los comicios que están por venir, que haberlos los va a haber hasta para la presidencia del Athletic Club de Bilbao.
Sin tiempo para saborear el roscón, el primero en inaugurar la carrera electoral ha sido Antonio Miguel Carmona, aspirante a la alcaldía de la Villa y Corte por el Partido Socialista, aunque quién lo diría vista la ausencia del logotipo del puño y la rosa en la recién inaugurada oficina de campaña en San Bernardo, el último de los ‘Padres de la Iglesia’.
Lo que había que hacer y deshacer en esta legislatura, hecho y deshecho está. No hay tiempo para más, pues ya estamos en campaña, como Jeb Bush. A poco que nos descuidemos, entre convenciones y elecciones ‘dedocráticas’ de candidatos, nos plantamos en el mes de mayo, en el que florecerán los capullos, al son de la danza campestre siciliana de la primavera de Vivaldi.
Todos los partidos tienen un tierno sargento de hierro como el inolvidado Phil Sterhaus de ‘Canción triste de Hill Street’, la comisaría del capitán Frank Furillo, que les previene antes de que se pongan a ‘apatrullar’ las calles como Torrente: «Hey, let’s be careful out there!».
La olla a presión del diario ABC va a ser una anécdota comparada con las pasarelas de presuntos mangantes, trileros y trincones a las que vamos a asistir a cuenta de la “Sagrada” Familia Pujol, de Gúrtel, Nóos, Bankia, Púnica, Pretoria, de los ERE’s y de los cursos de formación de Andalucía.
Esta es la hora en la que España sigue siendo España. Lo que está por ver es hasta cuándo, o si finalmente conseguirá sobrevivir a sí misma. De momento, el primer bebé español de 2015 ha nacido en Tortosa, mal que le joda al rey Arturo, que tiene encabronado a Junqueras. Sinceramente creo que la mejor manera de sobrevivir a España es no tomándola muy en serio, no vaya a ser que nos suba la tensión arterial.
Al abajo firmante no le preocupa el vuelco del tablero político, sino la suerte que pueda correr el cortijo habitado por ‘Los santos inocentes’ delibesianos, donde solo es de fiar Azarías, el hermano de Régula, y su milana bonita.
Querido compadre, no me preguntes por España, que no son horas y me mareo. Mejor yo la distraigo y tú sales corriendo. Ni se te ocurra volver la vista atrás hasta asegurarte antes que has cruzado los Pirineos, camino de Perpiñán. Ya desde allí, si eso, te agencias un ‘peluco’ molón en un bazar, como los que regalaba Pepe Bono en sus ‘Days of Wine and Roses’, te calzas un autorretrato con la mano a las puertas de algún banco andorrano y nos envías un selfie con una dedicatoria-adivinanza que diga: «En este lugar glorioso por el que pasa tanta gente, hace fuerza el más miedoso y se caga el más valiente».