Sábado 03 de enero de 2015
Francisco Javier Ortega, agente de la Policía Nacional, moría ayer en Madrid al ser arrojado a las vías del Metro por un delincuente al que intentaba detener. Se da la circunstancia de que el delincuente en cuestión era un inmigrante ilegal con un historial de 9 antecedentes delictivos, al que ahora habrá que añadir la muerte de un policía. De todas las reacciones que ha suscitado un hecho tan execrable, destaca por reveladora la publicada por Podemos en una de sus cuentas oficial de Twitter; a su juicio, la muerte del agente Francisco Javier Ortega ha sido “consecuencia de la brutal represión policial que hay hacia la inmigración”. Revelador.
No cabe más mezquindad en menos espacio. Ni mayor error. La muerte violenta e intencionada del infortunado policía ilustra precisamente lo contrario: de haber sido, no ya represivos, simplemente contundentes los métodos de la policía la tragedia quizá se hubiera evitado. De todos modos, el twitt de Podemos no es exclusivo de esta formación antisistema, sino que refleja con bastante exactitud la postura que la izquierda española mantiene en el tema de la inmigración ilegal. Policía y Guardia Civil llevan a cabo su trabajo en Ceuta y Melilla con una precariedad de medios inversamente proporcional a las energías empleadas por PSOE, IU y Podemos a la hora de criticarles.
Ceuta y Melilla están sobresaturadas; no cabe un solo inmigrante más. Las mafias saben de la debilidad del Gobierno ante la demagógica posición de la izquierda y aprovechan el efecto llamada que esto provoca para alentar nuevos saltos al vallado. Afortunadamente, el buen estado que atraviesan las relaciones con Marruecos hace que las cosas no vayan a peor. Sin embargo, el problema sigue latente, y sus consecuencias a la vista están. De haber un mayor control fronterizo, a lo mejor el inmigrante que ayer asesinó al policía nacional en Madrid no habría conseguido entrar a España de manera ilegal. Y de haber un mínimo de decencia en Podemos, sus dirigentes habrían pedido ya disculpas por algo que es inexcusable.