Opinión

¿Convulso año 2015?

TRIBUNA

Agapito Maestre | Sábado 03 de enero de 2015
Acabo de recibir un mensaje de felicitación con el siguiente texto: “Feliz 2015 que comienza convulso”. Es el último de una serie de felicitaciones con la palabra “convulso”. ¡Extraño! Parece que el mensaje infectado de la clase política dirigente ha hecho ya efecto. Cuidado, amigos, vacúnense cuanto antes del virus del apocalipsis. Las encuestas electorales han provocado tanto miedo e inseguridad en la clase política que no paran de decir bobadas. Algunas de ellas ha hecho mella en la población, y por todas partes nos llega su mensaje catastrofista, incluso en época de esperanza, como es la actual por el estreno de un nuevo año, la gente te "felicita" amenazándote con un convulso, agitado y terrorífico año 2015. Mis preguntas son inmediatas: ¿por qué dicen que será convulso 2015?, ¿acaso se exiliará el Rey de España después de las próximas municipales, como hizo su bisabuelo?, ¿existe alguna amenaza seria por parte algún sindicato revolucionario para acabar con el sistema laboral actual?, ¿necesitará ETA volver a matar a cientos de españoles para gobernar en los ayuntamientos del País Vasco?, ¿existe un líder político totalitario capaz de arrastrar masas que acaben con la democracia? No se crean a los que anuncian el apocalipsis y, sobre todo, fíjense bien si sus palabras son fruto de su miedo personal ante su puesto de trabajo o, por el contrario, surgen de un análisis realista y crítico sobre los errores cometidos por los representantes del pueblo.

Creo que deberíamos circunstanciar esos diagnósticos groseros y alejados de la verdadera situación política por la que atraviesa España, que no ha sido creada, precisamente, por la ciudadanía sino por unos políticos profesionales que se les ha caído el sistema político por su ineficacia y voracidad a la hora de administrar los recursos públicos, especialmente por maltratar el principal recurso surgido de la Constitución de 1978, que no es precisamente económico, sino electoral, a saber el sistema de partidos políticos. Es obvio que la situación es compleja, difícil y dura para millones y millones de españoles, pero, hombre, no nos trasladen el canguelo que tienen los políticos ante su inseguro futuro al resto de los ciudadanos de a pie. Eso es jugar sucio y, sobre todo, no abordar con sensatez política, o sea con sentido común, la indeterminación a la que está sometido todo proceso democrático, especialmente en un período electoral como el que se abre este año.

Exijamos, por lo tanto, un mínimo de rigor intelectual a los profesionales de la política que nos está amenazando con el vacío, la catástrofe, si no los votamos a ellos. Hay una comparación de esta gente que no soporto, porque nos toman por imbéciles a los ciudadanos; me refiero a esa manía de decir que entraremos en un período que se parecerá mucho a la agitación violenta que, entre 1931 y 1936, trajo la Segunda República y, posteriormente, la Guerra Civil. Por favor, señores, no digan imbecilidades. O mejor contesten estos interrogantes: ¿dónde está la CNT actual, sí, dónde está hoy ese sindicato revolucionario que pida el fin de la clase política?, ¿dónde hallamos hoy intelectuales serios y rigurosos, como los de la Agrupación al Servicio de la República, exigiendo un nuevo régimen republicano?, ¿dónde están los sindicatos que tomen la calle en pro de una huelga revolucionaria?, en fin, ¿dónde está el consenso entre los partidos políticos pidiendo la salida del monarca y la instalación de un nuevo régimen político?...

El fracaso, pues, no es de la sociedad, de los ciudadanos, sino de un sistema de partidos políticos que han triturado los propios políticos y, además, no quieren reconocerlo. Eso es lo grave.