Opinión

Podemos se disfraza de Reyes Magos

TRIBUNA

Ignacio Fernández Candela | Lunes 05 de enero de 2015
A estas alturas de mi vida sigo creyendo en los Reyes Magos. Mi amigo Juanjo se prepara en una localidad madrileña para representar al Rey Melchor después de una década regalando ilusión a los niños. El programa es sencillo: sienta a la infancia en sus rodillas y les ayuda a crecer en la imaginación de sus vitales y sencillas creencias. Creo en la buena gente, sí. Por el contrario, también creo en el incumplimiento de las promesas electorales con un Mariano Rajoy que ha roto la fe en la honestidad política; no puede considerarse ni paje de la integridad derivada de su obligación como presidente electo. Pero si el Partido Popular ha convertido la expectativa en contundente decepción, Podemos es el Herodes de esta historia de despropósitos que está dispuesto a no dejar títere con cabeza a costa de nuestra libertad elemental. Que se haya suavizado el discurso, no dispensa la radicalidad de las declaraciones abundantes en Internet dando cuenta del percal extremista que caracteriza a esta formación ahora enmascarada de social democracia.

No hay programa electoral fiable con tanto tumbo ideológico como tampoco existe buena voluntad cuando el éxito de Podemos estriba en que mejor para sus intereses, a saber cuáles verdaderamente, cuanto peor vaya el país.

El Rey Mago Juanjo es un defraudado más de entre millones por nuestros políticos y ,desgraciadamente, no somos niños para ahondar en la bendita ignorancia que da la inocencia ya perdida pero con responsabilidad del derecho a voto ante un futuro de incertidumbres sin norte ni estrella que brille en el firmamento electoral. Así que más nos vale entender que Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón siguen siendo los ultras que desean las mismas suertes políticas a España que las que desesperan social, política y económicamente a Venezuela; por muchos caramelos que lancen disfrazados de Reyes Magos a esta España frente a un destino incierto y con negros nubarrones de transformación traumática en el horizonte. Podemos se define por parte de sus dirigentes en cuantas declaraciones realizaban antes de poseer influencia social. Ahora son un sucedáneo de manida demagogia, disimulando el credo marxista leninista para alcanzar el poder y aplicar el paradigma bolivariano. La contradicción no es sana sabiendo los orígenes del partido y aunque lo fuera tampoco es admisible.

La contradicción no es excusable cuando está en juego el futuro de un país y la propuesta política de Podemos a estas alturas carece de fundamento práctico. ¿Alguien sabe, acaso ellos mismos, en qué corriente de soluciones sociales están alineados? Con tantos bandazos, la sugerencia ideológica de Iglesias y compañía ha perdido toda fiabilidad para convencer inteligentemente; otra cuestión es que sigan convenciendo de otro modo.

Los dirigentes de Podemos son tahúres del Manzanares, la elegancia del Misisipi les queda lejos, jugadores de ventaja que irrumpieron con oportunismo para extender el radicalismo virulento que se ha impuesto en la universidad siendo nocivo para la sociedad que pretenden ahora someter. Pero aprovecharon el momento en que las neuronas escasean y la bilis se incrementa para prometer veleidades en las Europeas que con el paso de los meses van clarificando el carácter espurio de una pandilla de amigos que se han encontrado de sopetón la oportunidad de gobernar, a imagen y semejanza de Venezuela, nuestro país.

No es la corrupción de estar por casa la que define a este grupúsculo de ganapanes que no se libran de la inmundicia que denuncian en los ajenos de sus filas. Peor que la corruptela típica de casta que estilan es la mentira, eufemísticamente tomada como contradicción, que les convierte en una indefinida formación política que pretende mimetizarse ideológicamente para acercarse a las víctimas propiciatorias, los incautos capaces de votar la desintegración arrastrando al conjunto del país hacia la nada socio-política. Porque eso es lo que hay tras las promesas de Podemos: nada, una nihilista conformación de intenciones que conlleva el primordial objetivo de llegar al poder para incumplir lo que ni siquiera son compromisos electorales, sino un pretexto efectista para justificar la intención de acceder a la Moncloa. Excusa sin ética ni conformación de ideales que no sean los propios del leninismo que aboga por la hipocresía visceral para conseguir el propósito de imponer la dictadura del proletariado.

En reciente Canela fina de El Mundo, Luis María Anson acierta de pleno cuando contrasta la inteligencia de Pablo Iglesias o la preparación cultural, el acervo de conocimiento ideológico del que alardean algunos podemitas, frente a la generalizada mediocridad de los políticos que hemos sufrido estos últimos veinte años con reseñable mención a los ministros de Zapatero. Pero no ha de confundirse el ditirambo del académico respecto al continente de Podemos, con el contenido de las propuestas poco pragmáticas de quienes aspiran a gobernar España desde el radicalismo y la manipulación mediante el revanchismo que a nada bueno nos conduce. El criterio de fondo es bien distinto, pero Pablo Iglesias conoce bien los trucos discursivos y la apostura en el debate manteniendo la mirada al oponente, sabedor de los recursos necesarios para ser convincente ante un potencial electorado. Anson es brillante observador y pertinaz crítico de las chapuzas que nos perjudican, aunque no comulga con la estrategia de la intolerancia.

Al contrario que otros embrujados que no parecen ser invitados de piedra al aquelarre extremista. Sorprende que algunos intelectuales, junta letras de postín, que parecen arrimados al liberalismo con cierto carácter chaquetero que no hace ascos al comunismo, defiendan la seriedad de la propuesta política de Podemos con una alineación contra natura, acaso inspirada por un servilismo clarividente, pensando que con las buenas palabras ahora en favor de los extremos luego consigan favores acaso como ministrables de un nuevo gobierno parejo al del caudillista venezolano Maduro.

Es harto sospechoso que algunos, quizá con carácter revanchista por asuntos personales, echen un cabo al naufragio de Podemos. Arribistas antes afectos al liberalismo abandonan el sistema que les da de comer para intentar encaramarse al favor de potenciales legisladores con los que conviene estar a bien. El plumero magistral de la oportunidad parece contagiar empáticamente a algunos docentes resentidos con la sociedad que a conveniencia se da por finiquitada, para dejarla en manos de improvisados fulleros aceptados por decisión electoral.

Podemos es un Titanic a medio hacer que con las prisas salió del astillero sin garantía de poder mantener a salvo la línea de flotación. Hace aguas por todas partes pero siempre encuentra en la singladura galeotes dispuestos a remar por la miga del amo o la listeza de expertos que esperan llegar a buen puerto con prebendas si ayudan a achicar el agua y salvar el desastre de la inconsistencia política. Listos con plumero evidente que a contracorriente se hacen notar por lo que pueda venir. Da igual que no exista programa electoral factible o que los dirigentes tengan grabados vídeos sobre su verdadera esencia destructiva y manipuladora. Los rastreros parasitismos siempre se encaraman allí donde existe posibilidad de éxito y eso es lo que define la España que puede elegir sus peores destinos con quienes carecen de mínima credibilidad en un país de ignorantes.

Oportunismo e ignorancia, es la combinación perfecta para que se pretenda un desgobierno sin norte por mucho que se demuestre la impericia de estos dirigentes lisiados de moral y coherencia. No puede existir definición de un programa electoral en cuantos han dejado en evidencia la hipocresía personal perdiendo por el camino hacia el poder la credibilidad cuando no la vergüenza.

Creo en los Reyes Magos que habitan en las buenas gentes que pretenden un mundo mejor con el sencillo ejemplo de sus dignas actitudes, pero no soy tan ingenuo de creer en los nuevos fantasmas de la regeneración democrática. Mi inocencia hasta ahí no llega.