Opinión

Trabajo, trabajo, trabajo

EN TRES TIEMPOS

Alejandro San Francisco | Martes 06 de enero de 2015

Es difícil calificar la noticia laboral con la que ha cerrado el 2014 en España: "Durante el 2014 se redujo el paro en 253.627 personas, lo que supone el mayor descenso desde 1998" (El Imparcial, 5 de enero de 2015).

Es difícil porque la obviedad de un resultado históricamente favorable no logra esconder la realidad amarga que todavía hay casi cuatro millones y medio de desempleados, que muchos arrastran esta situación por años, que hay familias donde todavía todos sus miembros carecen de trabajo. La pequeña buena noticia palidece ante una realidad todavía dolorosa y que quisiéramos ver pronto como cosa del pasado. ¿Por qué es tan importante este tema en una sociedad democrática contemporánea? Por varias razones que siempre conviene tener en cuenta.

El trabajo es, en primer lugar, un medio de realización personal, por lo que un trabajo digno es un espacio en el cual desarrollar la vocación profesional que cada persona tenga. Así ocurre con futbolistas y médicos, abogados y agricultores, profesores y policías, y tantas actividades valiosas en las cuales las personas se proyectan, gastan muchas horas al día y muchos años en su vida. Por eso tener trabajo es una gran oportunidad de proyectar la vida que hemos soñado, así como carecer de trabajo es una lamentable negación del derecho que todos tenemos a desarrollarnos personalmente.

Un segundo aspecto relevante es que el trabajo nos permite contribuir a la sociedad. Es un hecho que todos tenemos talentos y formaciones diferentes y, por lo mismo, podemos ayudar a los demás desde diferentes tareas, cada uno en su sitio y siempre con la convicción de que nuestra tarea profesional no es un espacio para el egoísmo, sino que para jugársela por entero para construir una sociedad mejor. No da lo mismo el cariño, el estudio, la dedicación que cada uno ponga en sus labores, no da lo mismo ejercer el trabajo de manera egoísta que hacerlo con un sentido de servicio y convencidos de que con ello ayudamos a que los demás, los más necesitados, vivan mejor.

Un tercer elemento se refiere al elemento material asociado al trabajo profesional, es decir, al hecho de que nuestras tareas deben ser justamente remuneradas, porque el trabajo también nos ayuda a procurar los medios materiales para vivir nosotros y nuestras familias. Un padre o una madre comunes y corrientes tienen una particularidad: gastan gran parte de sus salarios en sus hijos y en su hogar, parece como si solo trabajaran para ello. Esto no debe ser percibido como una condena, sino que simplemente como un dato de la realidad que hemos elegido. Por eso cuando se crean fuentes de trabajo de inmediato se produce un círculo virtuoso en el plano del desarrollo personal y familiar, así como también en las consecuencias sociales inmediatas.

El trabajo es el centro de los problemas sociales y es la clave sobre la cual debieran estructurarse las políticas públicas. Para ello lo primero es, precisamente, poder contar con un trabajo, en el cual desarrollar la propia vocación, obtener recursos necesarios para vivir y también para hacer un aporte efectivo a la sociedad. Esto, que podría parecer obvio, no lo es tanto, si consideramos el caso europeo y, específicamente, la situación de España, que ha tenido más de un 20% de paro por varios años. Se aducen muchas razones.

Uno de los problemas es que el llamado Estado de Bienestar multiplica sus ofertas de beneficios, varios de ellos asociados al trabajo y al desempleo. Aunque podrían considerarse un aporte en una primera revisión -los pagos durante el paro, la protección del trabajo que ya se tiene, el encarecimiento a través del salario mínimo, entre otras medidas- a la larga significa un retroceso, por asociar los ingresos económicos a factores ajenos a la productividad, por no comprender el dinamismo de la economía y sus ciclos, por no generar los incentivos adecuados para buscar empleos y no permanecer viviendo de los subsidios. Por lo mismo, debieran estudiarse todos aquellos aspectos que mantienen al sistema con grasa y sin capacidad de reacción, luego hay que proponer las reformas adecuadas y generar las políticas públicas más convenientes para el fin previsto.

Más importante que todo eso es otro factor crucial del desarrollo económico y la creación de empleos. Es el fomento a la iniciativa privada, a la inversión y a la generación de empleos, en definitiva, a permitir el desarrollo libre de las personas en la sociedad. Esto implica entre otras cosas un cambio de perspectivas, pues necesariamente observa la actividad empresarial como algo valioso para el país, y en vez de ver una contradicción perpetua entre empresarios y trabajadores, aprecia que ambos son esenciales tanto para el progreso de la sociedad como para la generación de empleos. Un cambio de perspectiva que no es fácil, pero que resulta esencial si se quiere avanzar en el camino que corresponde y no por el de los ideologismos trasnochados.

A diferencia del siglo XIX y de una parte del siglo XX, hoy el Estado tiene numerosas funciones y ha crecido de una manera impresionante. Varias de sus labores son discutibles y seguramente podría mejorarse la organización estatal y el gasto asociado a ello, con un trabajo serio y responsable. Pero en el tema mencionado, podríamos decir que una de las obligaciones principales de los estados y los gobiernos en la actualidad debe ser generar las condiciones más propicias para una creación amplia y bien dotada de empleos para los miembros de la sociedad. Es "generar las condiciones", no "crear los empleos", que viene a ser una distorsión. Para ello se deben promover las medidas legislativas, tributarias y económicas adecuadas al logro del fin propuesto.

Si pudiéramos resumir adecuadamente, el 2014 trajo noticias parcialmente alentadoras, pero queda demasiado camino por recorrer. Más todavía cuando escuchamos un clamor que ya se repite desde hace varios años, que simplemente clama por "trabajo, trabajo, trabajo".