COSAS VEREDES
María Cano | Lunes 12 de enero de 2015
Occidente vive desde hace décadas a la sombra de los frutos de una lucha que se llevó por delante muchas vidas. La libertad de la que hoy disfrutamos no habría sido posible sin presentar batalla, sin pelear por ella. Desde entonces, los años han ido pasando y separándonos de aquellos capítulos que nos son ajenos, porque muchos de nosotros no hemos tenido la desgracia de vivir una guerra o bajo el peso de una dictadura. No sabemos (más que en teoría) lo que es una cartilla de racionamiento, cómo se erizan el vello y el espíritu con el sonido de las bombas atronadoras destrozando ciudades y familias, a qué sabe el miedo en el paladar cuando en silencio uno tiene que esconderse de un final terrible, cuánto pesa un arma en unas manos vírgenes de violencia que se ven abocadas a defender su vida y la de los suyos con los ojos espantados… No, esas cosas sólo pasan en lugares remotos y en las películas. Al menos, eso pensábamos o queríamos pensar hasta ahora.
La matanza de ‘Charlie Hebdo’ y la angustiosa captura de sus autores ha sido el bofetón que seguramente necesitábamos para dejar de jugar a ignorar una amenaza que no queríamos creernos porque alteraba nuestro plácido estilo de vida.
Millones de personas se echaron a la calle este domingo con decenas de mandatarios de todo el mundo en cabeza. Desde la Segunda Guerra Mundial no se recordaba una manifestación tan multitudinaria en París. “Yo soy Charlie” es el lema más repetido en las redes sociales, en los medios de comunicación y en las calles, pero no es suficiente, no seamos ingenuos.
Si vis pacem, para bellum, o lo que es lo mismo… ‘si quieres la paz, prepárate para la guerra’. No es un eslogan de reciente factura, es una máxima romana escrita en el siglo IV por Publio Flavio Vegecio. No se trata de armar a la población hasta los dientes ni de sembrar los campos de minas, las guerras del siglo XXI ya no se libran en esos frentes. Se trata de tomarnos en serio la amenaza y poner en marcha todos los mecanismos necesarios para protegernos de ella, aunque las medidas necesarias para ello entorpezcan nuestras vidas.
Los ministros del Interior de la Unión Europea acordaban este mismo domingo, reunidos con el fiscal general de EEUU, reforzar la seguridad de las fronteras exteriores de la UE y extremar la vigilancia sobre los contenidos en la Red. En concreto, se hará un seguimiento de los movimientos de los combatientes extranjeros y resulta tan obvio que muchos se han preguntado por qué no se había hecho hasta ahora. Y la respuesta es fruto de nuestra mal entendida libertad: por no violar las libertades fundamentales de los ciudadanos.
Hace tiempo que el registro de datos de pasajeros se mantiene paralizado en el Parlamento Europeo por la oposición de los partidos (parte de la izquierda, los verdes y los liberales), que defienden que supone una violación de la privacidad de los ciudadanos. Aunque ya son 15 los países que cuentan con un registro como éste, se trata de aunar fuerzas y recursos para compartir un fichero único que impida que los terroristas que se encuentran en Oriente Próximo vuelvan a territorio europeo.
En España, Rajoy ya ha manifestado abiertamente su intención de implantarlo pero el resto de los partidos no parecen muy convencidos. El PSOE plantea puntualizaciones que estaría dispuesto a debatir con el Gobierno, aunque tiene dudas sobre cómo afectaría a la privacidad de los ciudadanos; IU lo considera una restricción de la libertad, según ha manifestado Gaspar Llamazares; y UPyD echa de menos un debate a fondo sobre el asunto.
Y ahí estamos otra vez, debatiendo, retrasando, postergando… Claro que un debate sobre una medida importante es necesario pero también lo es saber reaccionar a tiempo. Francia nos acaba de dar a todos un ejemplo de buen hacer. Apenas unas horas después de la tragedia en el semanario, Hollande se acercaba a la sede de ‘Charlie Hebdo’ y comparecía ante los medios. Una reacción tan rápida y contundente es impensable hoy en día en nuestro país.
Puede que el registro de datos de pasajeros no sea la opción más adecuada, puede que sea necesario emprender más cambios o encontrar nuevas soluciones pero lo que es innegable es que hay que reaccionar y eso significa protegerse. Y si protegerse supone ‘perder’ algo de libertad a cambio de ganar seguridad, igual no resulta tan alto el precio a pagar, porque, ¿de qué libertad estamos hablando entonces? Tendríamos que plantearnos si preferimos que se almacenen esos datos en un registro durante cinco años o poder decir y escribir lo que pensamos sin miedo a que unos desalmados con kalashnikovs entren en nuestras oficinas u hogares y abran fuego contra nosotros o a que hagan saltar por los aires una bonita estación llena de gente o una multitud agolpada en la línea de meta de una maratón. Yo, sinceramente, prefiero que me hagan un registro doble.