Luis María ANSON | Jueves 22 de mayo de 2008
Rajoy camina a grandes zancadas para convertir al PP en la UCD o en el CDS. Veremos qué dice el grueso del electorado popular. Calvo-Sotelo realizó una operación parecida y pasó de 165 diputados a 12. Claro que entonces existía Alianza Popular. Hoy la derecha y el centro derecha están cautivos.
Por eso, el portazo de María San Gil y la actitud de varios pesos pesados del PP resulta poco tranquilizadora para los propósitos de Rajoy. En cualquier momento, los disidentes pueden fundar un PP auténtico, una vuelta a Alianza Popular. Triunfaría así la política de fondo de Zapatero: dividir al PP en dos. Con la ley D’Hondt en ristre, el número de diputados del centro-derecha se reduciría. El PSOE ha sido históricamente maestro en el arte de “divide y vencerás”.
En su desmedido afán de seguir sacrificándose por la patria y continuar sentado en su poltrona genovita, Mariano Rajoy puede causar un daño irreparable al PP. María San Gil no era una militante más sino un símbolo y, con su retirada, la espada de Damocles de la escisión del PP se balancea ya sobre la cabeza de Rajoy.
Ha llegado, tal vez, el momento de que intervenga Aznar. Es él, que no Fraga, quien tiene autoridad para enderezar las cosas, poner a cada uno en su sitio y reconducir el partido hacia un congreso libre o hacia unas primarias. Está cada vez más claro que Rajoy divide más que une. Lo que necesita el PP, lo que está pidiendo a gritos, es un nuevo líder. No me parece probable que, tal y como están las cosas, Rajoy acepte por las buenas su sustitución.
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