Opinión

Realidad (financiera) virtual

TRIBUNA

Nacho López | Viernes 16 de enero de 2015

Imagínense una agencia de realidad virtual dedicada a la gestión de la economía doméstica. Como al protagonista de un videojuego, la empresa les permitiría experimentar su futuro después de haber tomado ciertas decisiones financieras.

Al principio, la empresa llevaría a cabo un análisis profundo de su situación actual y el objetivo sería mostrarles una simulación financiera diferente para cada una de las decisiones de inversión, endeudamiento y forma de vida que están barajando. Esta empresa intentaría hacer proyecciones objetivas utilizando multitud de datos científicos, estadísticas y predicciones económicas. Por supuesto, tendrían a su disposición la más alta tecnología para proporcionarles experiencias emocionales y así ayudarles a tomar la decisión adecuada en cada momento. Se utilizarían cascos, trajes y guantes equipados con sensores, aromas y temperaturas diferentes para causar gran variedad de estímulos. Para crear un entorno con el mayor realismo posible, el programa incluiría decorados y personajes virtuales personalizados. Al terminar, se llevarían una grabación a casa con todas las sesiones para poder revivir cada una de ellas cuando fuera necesario.

Los analistas financieros, cuando intentan predecir el futuro de una compañía y, por lo tanto, poner un valor monetario a sus acciones (precio objetivo), suelen barajar al menos tres escenarios: un escenario optimista, otro medio y uno pesimista. Si hacen bien su trabajo, los dos escenarios extremos tendrían que ser un poco exagerados, pero realistas. Si después de valorar los posibles riesgos globales y particulares de la empresa, los analistas recomiendan a sus inversores comprar las acciones, pondrán un precio objetivo por encima del actual. En el medio plazo, pueden ocurrir varias cosas: 1) si con el tiempo resulta que fueron demasiado duros con sus previsiones, ¡muy bien!, la empresa lo hará mejor de lo esperado y el precio debería subir, también, más de lo estimado; 2) si los analistas estaban en lo cierto y casi todos los problemas han terminado sucediendo, ¡bien hecho!; ya contaban con ello en sus previsiones más conservadoras.

En la gestión de la economía tanto doméstica como estatal, los humanos de hoy en día somos mucho más optimistas de lo que podríamos esperar tanto a la hora de predecir nuestros ingresos como en el momento de presupuestar nuestros gastos. Muchas veces tendemos a creer que los ingresos futuros serán al menos igual de buenos (o malos) que en el presente y casi nunca nos situamos en el peor escenario. Tampoco tenemos en cuenta, en la mayoría de las ocasiones, los probables gastos colaterales y recurrentes producidos por casi cada decisión que tomamos en nuestras vidas. Seríamos muy optimistas si al comprar una vivienda no contáramos con los gastos asociados al nivel socio-económico del lugar donde vivimos o con los gastos de las inevitables derramas y de las reparaciones futuras. Si fuéramos más conservadores, como los buenos analistas financieros o la mayoría de nuestros padres, esperaríamos que los impuestos de la vivienda fueran a seguir subiendo, que los precios de la energía también sigan al alza y, lo más importante de todo, tendríamos claro que los tipos de interés solo pueden subir (la cuota mensual de una hipoteca de 150.000 euros a 30 años pasaría de 517 euros al 1,5%, a casi 800 euros al 5%, por ejemplo).

No estaríamos haciendo cálculos muy realistas si al comprar un coche no viéramos que, además de su precio y el combustible, cada uno de nuestros coches puede generar unos gastos extra de entre 200 y 400 euros todos los meses: un posible garaje privado, impuestos, ITV, reparaciones, mantenimiento, recambios, seguro, multas, aparcamiento público, peajes, etc. Si en la elección del colegio de nuestros hijos no contamos con que el entorno social influirá de forma notable durante muchos años en nuestra economía familiar, entonces seguiremos siendo poco realistas.

Si para incorporar un nuevo gasto personal o mantener el bienestar social tenemos que endeudarnos más, entonces los humanos ya vivimos en una realidad virtual.

Un ingreso inesperado vendrá acompañado de un gasto imprevisto por la misma cantidad. Arthur Bloch, Primera Ley de Murphy sobre la dinámica del dinero.