Durante la presentación de la primera ópera de 2015, el director artístico del coliseo madrileño calificaba de “auténtica rareza” el hecho de que la ópera de Humperdinch se represente en España. Más extraño aún teniendo en cuenta que Hansel y Gretel se encuentra fuera de nuestras fronteras, sobre todo en el mundo anglosajón y Alemania, entre las diez óperas más populares del repertorio. De modo que lo que aquí nos parece un acontecimiento extraordinario, en cualquier otro país europeo nunca lo sería. El propio compositor es, desde luego, bastante desconocido. De él, Matabosch, ha querido destacar su condición de último gran discípulo de Wagner, por quien además el genial compositor sentía mucha predilección. Y como no podía ser de otra forma, Humperdinck quedó, a su vez, muy marcado por dicha relación. Por lo que se refiere a esta ópera en concreto, la misma gozó de un enorme éxito desde su estreno en Weimar el 23 de diciembre de 1893 y contó con un valedor de excepción, Richard Strauss, que la consideró una obra maestra.
Diseñada para el Festival de Glyndebourne, donde se estrenó en 2008, la producción dirigida por Laurent Perry se caracteriza por una colorista y crítica puesta en escena, que pretende adaptar a nuestra sociedad actual el cuento de la casita de chocolate. En este sentido, la mezzosprano británica Alice Coote, toda una veterana en la representación del papel de Hansel, aseguraba que la obra de Humperdinch representa muchas cosas para los seres humanos y de forma especial en la situación en la que hoy está el mundo. Después de 15 años cantando este papel, Coote afirmaba días atrás que esta sería la última vez, y reconocía emocionarse en los ensayos porque se trata de una historia de niños pero también una historia de adultos, que se desarrolla entre gente que tiene demasiado y otra que nunca ha tenido ni llegará a tener nada. “Me entristece mucho”, explicaba a los medios la mezzo británica, “la situación mundial, y esta historia representa el bien y el mal. Con este papel me meto completamente en la piel de un ser inocente y estoy encantada”.
Por su parte, la soprano española Sylvia Schwartz – que canta el papel de Gretel por primera vez – afirmaba que se trata de una puesta en escena que representa un mundo que se ha roto, pero donde los niños siguen representando la inocencia. “Viven en una caja de cartón pero juegan igual”. “Por eso”, insistía Schwartz, “es un momento mágico para nosotras como actrices, porque tenemos que dejar fuera todo lo malo”. En lo que ambas cantantes coincidían igualmente es en que la producción resulta tremendamente exigente a nivel físico. Para el tenor José Manuel Zapata, que interpreta el papel de la bruja, es todo un reto, ya que tienen que moverse continuamente, sin ningún tipo de tregua, en una escenografía que recrea espacios reducidos y es, además, bastante inestable. Una escena, en definitiva, que no es, en ningún caso, el reflejo de un cuento de hadas, sino del mundo en el que nos ha tocado vivir hoy con la correspondiente crítica social contemporánea.
En paralelo al estreno de la ópera de Humperdinck, se han organizado diversas actividades, dentro y fuera del Teatro Real, que complementan la programación. La Biblioteca Nacional de España ha inaugurado una exposición el pasado mes de diciembre que estará abierta todo el mes de enero y que bajo el nombre “La casita de chocolate” ofrece una muestra de libros e ilustraciones relacionados con el popular cuento. Asimismo, el domingo 1 de febrero, a las 12:00 en la Sala principal, dentro del ciclo “Domingos de cámara”, los solistas de la Orquesta Titular del Teatro Real ofrecerán un programa dedicado a Richard Strauss.