Opinión

El Papa en Filipinas

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Martes 20 de enero de 2015
La visita del Papa a las islas Filipinas es más que un motivo para el desconsuelo provocado por los discursos políticamente correctos. Este Papa es a veces tan incorrecto que le llaman populista. Su visita a las islas Filipinas, entre otras cosas, ha sido un reconocimiento a la gran labor que allí efectuaron sus hermanos de orden, los jesuitas; cuya presencia fue clave para la cristianización del territorio desde su conquista definitiva por Miguel López de Legazpi en 1565.
Los religiosos no fueron los únicos que contribuyeron a la unión de más de un centenar de grupos indígenas y su incorporación a la sociedad occidental. Los pobladores, que provenían de la España peninsular, de la Nueva España (hoy México) y en menor medida de otras parte de Hispanoamérica, también supieron convivir con la población nativa y juntos hacer frente a los constantes ataques de los poderes asiáticos, como China, o los europeos como Portugal. Los hispano-filipinos hicieron suya la lengua castellana al transformarla en el dialecto propio del archipiélago, lo mismo hicieron con estilos arquitectónicos, vestidos y cocina: los adaptaron a las condiciones de la región enriqueciendo con lo indígena lo español. Al llegar al siglo XIX, la centuria de las independencias, las Filipinas fueron prácticamente el único territorio que profundizó sus relaciones con la metrópoli gracias al establecimiento de la estrecha relación con la Península a través del Canal de Suez. Este desarrollo de la comunicación influyó a la vida cotidiana, donde el gusto por las prendas y productos peninsulares fue compartido tanto por los europeos como por los criollos y mestizos de la élite indígena y aún por las clases medias.
De este modo, no debe de sorprendernos que uno de los más importantes discursos del Papa haya sido pronunciado en español y traducido al inglés. Aunque se considera que éste último está desplazando el español de las islas, el español persiste frente a varias voces que cantan su final, por ejemplo, escuchemos a la alcaldesa de Zamboanga, María Isabel Climaco Salazar, que sigue hablando en castellano en el Ayuntamiento para hacer frente al inglés y para rendir un homenaje a sus antepasados, sobre todo, a su abuelo que fue maestro de español. Mas no olvidemos que la lengua sigue acompañando a las creencias y valores cristianos que hicieron posible la formación de la sociedad filipina, mestiza por excelencia, y son estos valores los que reunieron cerca de seis millones de personas en la misa dominical del Papa.

Lo que nos enseña el ejemplo de la sociedad filipina es que, si el centro, España (en sentido cultural que no político), se está suicidando culturalmente, los filipinos, como la alcaldesa de Zamboanga, tratan de recuperar su propia historia. La periferia como es el caso de Filipinas, donde la gente sabe qué es perder "su circunstancia", es decir, su yo, mantienen vivos los valores y tradiciones hispánicos.