Opinión

Nisman: el magnicidio de un valiente

EPPUR SI MUOVE

Antonio Hualde | Jueves 22 de enero de 2015

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”, escribía Bertolt Brecha. El fiscal argentino Alberto Nisman pertenece a ésta última categoría: era imprescindible. Por eso le mataron.

El mismo día que encontraron su cadáver, Nisman tenía que comparecer en el parlamento para dar cuenta de las últimas revelaciones del caso AMIA, el mayor atentado de la historia reciente de Argentina. En 1994, una bomba estalló en las oficinas de la Asociación Mutual Israelita Argentina -AMIA-, con un resultado devastador: 85 muertos y más de 330 heridos. Irán fue el autor intelectual y Hizbolá, el encargado de ejecutar la tarea. Pero sus responsables se irían de rositas. Y todo ello gracias a que Cristina Fernández de Kirchner llegó a un acuerdo secreto con Irán para tapar el asunto: petróleo a cambio de impunidad. Nisman lo sabía, tenía pruebas de ello e iba a sacarlo a la luz. Por eso le mataron.

Supongamos que Obama sabe quién mató a Kennedy y que decide encubrir a los responsables. Un fiscal se entera, reúne pruebas y, casualmente, el día que las iba a hacer públicas, aparece muerto en su casa. Algo así sería un escándalo a nivel mundial. Pero tratándose de Cristina Fernández de Kirchner, sólo los argentinos decentes, que son legión, estarán ahora mirando furiosos hacia la Casa Rosada. Sus vecinos bolivarianos -Venezuela, Ecuador, Bolivia- le echarán la culpa al “imperio”, como siempre. Y sin embargo, los culpables están allí mismo.

Alguien que se suicida no deja la lista de la compra para ese día. Si se pega un tiro, quedan restos de pólvora en sus manos, y en las de Nisman no había ni rastro. Además, un hombre de confianza de Cristina Fernández de Kirchner estuvo en la escena del crimen horas antes de que llegara el juez. ¿Qué hizo durante todo ese tiempo? Es difícil saberlo, y fácil adivinarlo. El oscurantismo está servido. Un oscurantismo del que se hará partícipe la mayor parte de la prensa argentina, paniaguada y lacaya de Kirchner. La poca prensa libre que aún quedaba está casi liquidada por un régimen corrupto y totalitario, que tiene en la Venezuela de Maduro su modelo. De allí salen los petrodólares para que la Presidenta de la República se siga pinchando bótox y derrochando lo que no llega a las villas miseria.

La RAE entiende por magnicidio “toda muerte violenta dada a persona muy importante por su cargo o poder”. Alberto Nisman era muy importante, tanto por su cargo -ser fiscal en la Argentina actual no es cualquier cosa- como por su poder -tenía en su mano destapar de una vez por todas la clase de persona que es Cristina Fernández de Kirchner. Séneca dijo una vez que “aquel a quien el crimen es beneficioso es el que lo ha cometido”. ¿A quién beneficia la desaparición del fiscal? Blanco y en botella. Nisman era importante, sí; imprescindible, más bien. Por eso le mataron.