Cuna de la civilización y de la democracia modernas, Grecia tiene este domingo una cita con la historia, una prueba para definirse como país en un clima de gran crispación y desazón ciudadana.
Unos 9,8 millones de electores helenos acuden por ley a las urnas para decidir en unas legislativas anticipadas, no sólo quién les representará en el Consejo de los Helenos, el Parlamento nacional, o quién será su primer ministro durante la próxima legislatura, sino también si el futuro del país seguirá estrechamente unido al proyecto comunitario y pasa por mantenerse dentro del euro o si, por el contrario, deciden ser el primer estado en desligarse del mismo.
Respuesta radical a la Troika
Una vez abiertos los colegios, los radicales de izquierda Syriza, liderados por el beligerante y carismático Alexis Tsipras, que ha contado a lo largo de la campaña con el ‘apoyo español’ de Pablo Iglesias, Cayo Lara o Ada Colau, presentes en varios actos, se postulan como claros favoritos.
Con una intención de voto del 35 por ciento, apenas hay encuestas que les den menos de ocho puntos de ventaja sobre el partido todavía gobernante, Nueva Democracia del actual primer ministro Antonis Samaras, que obtendría un 26 por ciento de respaldo popular y cuyo mayor lastre es la falta de credibilidad entre el electorado.
Tsipras, para unos el verdugo del país y para otros su salvador, ha insistido durante meses en que Grecia no debe plegarse a las decisiones de la Troika y que la multimillonaria deuda del estado heleno debe ser revisada de inmediato "para que el país recupere su autonomía". En caso contrario, Grecia deberá tomar otro camino, que pasa por salir del euro, una solución que sólo aprueba el 15 por ciento de la población.
En principio, la única duda reside en si lograrán los 151 escaños necesarios para poder gobernar en solitario o si, por el contrario, se verán forzados a conformar un gabinete decoalición con las numerosas fuerzas que han surgido en los últimos años al calor de la brutal crisis económica y política que ha azotado el país.
Los analistas no se ponen de acuerdo sobre las posibilidades de una salida de Grecia del euro, rebautizado como ‘Grexit’. Mientras algunos europarlamentarios de Syriza no descartan esta opción en última instancia, Tsipras no ha eludido la cuestión a lo largo de la campaña e insiste en que no negociará con Bruselas “con una pistola apuntándome”.
Por su parte, Samaras y Nueva Democracia han insistido en la línea europeísta de su programa con el objetivo de movilizar al electorado mayor de 45 años, su tradicional nicho de votos y cerca del 50 por ciento del censo. Por ahí pasan sus opciones de revalidar mandato, escenario que se ha ido tornando cada vez más complicado a medida que se ha ido acercando la cita electoral, ya que el primer ministro no ha logrado remontar en las encuestas a pesar de haber redoblado sus apariciones públicas para atraer a su causa a los 600.000 indecisos.
Durante la campaña electoral, el todavía primer ministro ha hecho hincapié en mantener la senda de las reformas estructurales y de las privatizaciones exigidas por la Troika, que pasan por reducir las pensiones, la eliminación de 5.500 empleos públicos y la liberalización completa de los despidos, y ha prometido para este año una bajada de impuestos a los griegos.
Como tercera fuerza se postulan los socialdemócratas de Pasok, encabezados por Evángelos Venizelos, y los centristas de nuevo cuño de To Potami (El Río) representados por el periodista Stavros Theodorakis, ambos con un respaldo, según las últimas encuestas, de entre el 5 y el 7 por ciento. Ligeramente por detrás se encuentra Amanecer Dorado, el partido neonazi con toda su cúpula encarcelada desde 2013 a la espera de ser juzgada, y los comunistas del KKE, con una proyección que orbita alrededor del 4 por ciento.
Un país en quiebra, un estado en crisis
Como telón de fondo, los comicios se celebran en medio de un clima generalizado de hartazgo con la clase dirigente, que ha sido incapaz de rescatar a un país en caída libre después de seis años de recesión y que ha visto cómo se le han tenido que inyectar 240.000 millones de euros para no entrar en bancarrota.
De país pujante, Grecia ha pasado a ver cómo uno de cada tres helenos está sumido en la pobreza, el índice de desempleo se ha disparado hasta el 27 por ciento, el 50 por ciento entre los jóvenes; los hogares ingresan ahora un 40 por ciento menos que antes de la crisis y la deuda pública ronda el 180 por cien del Producto Interior Bruto.
Además, el desprestigio en el que ha caído la clase política griega es más que notable. Las encuestas electorales suspenden en nota a todos los líderes y partidos del país, y la atomización y la radicalización de las formaciones han ido en aumento en los últimos años. Fiel reflejo de este espíritu ha sido la campaña electoral de estos comicios, donde el tono ha ido en aumento con proclamas belicistas y discursos incendiarios.
Este ambiente de crispación ha provocado que en los últimos años hayan surgido nuevas formaciones populistas que han intentado aglutinar el descontento social apartando así a las fuerzas tradicionales, como la del ex primer ministro Giorgios Papandreu, Kidiso, que todo apunta que se quedará sin el 3 por ciento mínimo de respaldo para entrar en la Cámara.
Mientras Syriza representa a la izquierda más radical, Amanecer Dorado se ha hecho fuerte e, ironías de la vida, ambas formaciones podrían entablar negociaciones para un hipotético gobierno de coalición, gracias a su compartido espíritu eurofóbico. Para este más que posible gobierno de muchos, Tsipras también podría tantear a los demócratas independientes de Dimar, escindidos en 2010 de Syriza; a los centristas de To Potami, los comunistas o a los liberales moderados de ADIV.
Así, reflejo de esta situación de ruptura y renovación es la comparación con los comicios de hace tan solo tres años. En las últimas elecciones parlamentarias griegas, Nueva Democracia logró 121 escaños, por los 81 que le otorgan las encuestas estos días. Por el contrario, Syriza podría pasar de 71 a 144 representantes en el Consejo de los Helenos, lo que supondría un vuelvo electoral enorme. Los sondeos adjudican asientos a otras cuatro fuerzas, que se convertirían en la llave del Antiguo Palacio Real, hoy reconvertido en Parlamento, para Tsipras.
De confirmarse la victoria de Syriza, se rompería así con una polarización de la política helena, que ha oscilado entre liberales y conservadores moderados en los últimos años, si bien su ascenso al poder abre muchos interrogantes de cara al futuro europeo de Grecia.
Por lo pronto, el nuevo Ejecutivo, ya sea de partido único o en coalición, deberá hacer frente a su primera prueba de fuego el próximo 28 de febrero, cuando finaliza la prórroga del rescate económico y es la fecha límite prevista para llegar a un acuerdo con los acreedores.