Opinión

Si Podemos, Jodemos

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

José Antonio Ruiz | Viernes 23 de enero de 2015

La casta y la caspa. Idus en marzo. A Pedrooo le puede ocurrir lo que a Julio César, que aun habiendo sido advertido del peligro, según Plutarco, no sólo no hizo caso del vidente, sino que encima se descojonó de él.

En affaires de contubernios, intrigas, maquinaciones, traiciones, autobombo, promociones y ascensos…, todos los políticos no son iguales sino idénticos: la primera de sus prioridades es su culo, allí donde una reina del postureo se ha tatuado un rayo vallecano para festejar que se ha ligado a un cocinero tres estrellas. Y la segunda, el cultivo de su ego, argumento favorito de psicoanalistas y loqueros, para mayor gloria y lucimiento de sus abuelas.

Como sucede con el colesterol, debe ser que existe una ambición buena y otra mala que deviene en patología severa cuando el personaje suflé se viene arriba aprovechando el desarme neuronal del patio de butacas. Nicolás abre una cuenta en Twitter y en un rato consigue 30.000 seguidores. Ya me dirás, compadre, qué se puede esperar de un país donde pasta tanto cenutrio suelto.

La ‘meritocracia’, suprimida por desuso del diccionario de la RAE, ha quedado relegada a la categoría de simple vestigio del confucianismo. «¡Mediocres del mundo, yo os absuelvo!», exclamó Salieri, mientras sonaba de fondo el pasaje de las Hostias del Offertorium del Réquiem de Mozart.

La astuta, que no casta, Susana, ya no quiere ser princesa, ni chica de la Cruz Roja, ni camarera de la Pontificia, Real, Imperial y Antigua Hermandad de Nuestra Señora del Rocío; ni tan siquiera parece hacerle ilusión convertirse en cheerleader y probar fortuna en la NBA. Y en verdad que cuesta imaginar a la mujerona de San Telmo de flyer divina de la muerte, danzando como una pléyade con el pom pom cimbreante y el talle contoneante como una diosa de los Ángeles de Victoria Secret, desafiando la fuerza de la gravedad con su cuerpo fornido, haciendo contorsiones como si estuviera bailando una lambada en Ipanema.

No se le conoce afición alguna por la trigonometría, pero parece tenerlo todo calculado, hasta inclusive el teorema de la maternidad. El día que cruce el desfiladero de Despeñaperros, donde sobrevuela el buitre leonado y merodea el lince ibérico, ya puede Pedro postularse como guardabosques en Jellystone, donde el oso Yogi y BuBu, aunque antes tendrá que pasar por el amargo trago de darse el gran hostión en las elecciones de mayo florido.

Los hay tan ingenuos, que no necesitan que nadie socave su liderazgo, pues ya se ocupan ellos mismos de ponerse en entredicho con su candidez y la de su corte de colaboradores pardillos. Aunque por si acaso, siempre hay enredadores de guardia, incapaces de pasar desapercibidos en el anonimato de la jubilación política, allí donde anida la desmemoria.

Pongamos que hablo de Pepe Bono, otro que tal baila, que nació ya pagado de sí mismo, y que de mes a mes suele necesitar un chute de gloria, en este caso a costa de apadrinar una cita nocturna de Zapatero con Iglesias, poniéndoselo a huevo de Colón a José Luis para que hurgue un poco más en la herida sangrante de Sánchez, diciendo que «Susana Díaz es, a gran distancia, la mejor gobernante actual».

A Pedro, algunos insignes miembros de la cofradía socialista, saboteadores desde Suresnes, le han perdido el respeto hasta tal extremo que el descogorcio suena ya a pitorreo. Como dibujan con sorna Gallego & Rey, su calamitosa asesora adscrita al negociado de Propaganda debiera meditar la posibilidad de volver a telefonear a Sálvame para confesarle a Jorge Javier Vázquez, esta vez con motivos, que Bono y ZP le han puesto los cuernos.

A la vista está que, como en la vida misma, todos los partidos están preñados de traidores. A Pedro lo están chuleando los suyos y está por ver que sea capaz de sobrevivir a la novatada. Mucho me temo que no fue lo suficientemente previsor como para caer en la cuenta de que el peso de la púrpura lleva aparejada la prevención de armarse antes de un buen tirachinas para poder hacer frente a los conspiradores.

El bombo de Susana. No se habla de otra cosa, como diría Peñafiel, Jaime. La Trianera está en su derecho, faltaría más, de ser madre del nasciturus y comadrona de los hijos políticos que se sienten huérfanos de un jefe de la tribu con dos cojones. Lo que tiene difícil pase es su dogmatismo populista –pleonasmo- y esa mueca de hipocresía que pone cuando niega ser desleal al mismo tiempo que se resiste a reconocer su ambición sin límites de ganar las andaluzas en la primera luna llena del año nuevo, dar a luz en el portal de Ferraz, barrer en las primarias por aclamación, y echar un pulso a Mariano y a Pablo en las Generales que también están por venir.

Ahora va a adelantar los comicios «por el bien de los andaluces»; y pasado mañana, una vez parida, hará la mudanza a Madrid con la ilusión de criar a su retoño o a sus mellizos correteando por los jardines de Moncloa, por supuesto siempre pensando en el bien de todos los españoles amamantados de ilusiones fallidas, faltaría.

Nos quieren tanto y de manera tan altruista todos estos señores y señoras del foro, que nunca viviremos lo suficiente para agradecerles sus sacrificios y desvelos por el pueblo redimido.

Lo mismo es exagerado afirmar con menosprecio que los políticos que nos gobiernan están a la altura de la mediocridad de los votantes que les aúpan al trono. O no. Las más de las veces, ni los unos pueden aspirar a más, ni los otros a menos.

La salida del trullo de Bárcenas, no preocupa ni en Génova ni en Moncloa, porque no parece que tenga Luis, no me jodas, intención de participar en la Convención del PP; lo que preocuparía de verdad, ante la juerga electoral que se avecina, vecina, es que no aproveche la excarcelación para fugarse y quitarse de en medio. Más, mucho más acojona, que pueda filtrar a PedroJota los papeles de la exclusiva con la que el arponero de Logroño, convecino de Espartero, sueña abrir el primer número de El Español. Doy por hecho que ganará la partida aquél que le eche más huevos, tal cual el caballo del general.

De momento nos tendremos que conformar con la portada de Vanity Fair, que verdaderamente da grima, con el rostro de Diego Torres, el ex socio de Urdangarín, con la mirada perdida en el barranco del Lobo de Wall Street.

Con semejante ruido de fondo, lo que cuesta entender es que todavía los haya que se lleven, escandalizados, las manos a la cabeza, porque Murdoch se lo ha pensado cuarenta y cuatro años para retirar de la página tres del tabloide The Sun, el periódico de mayor circulación de Reino Unido, la foto memorable de una chica enseñando las poitrinés.

¿España? (…) Algo habrá hecho. Si no cae por la fuerza de la gravedad, acabará cayendo por su propio peso. Tiene menos arreglo este país que la máscara de Tutankamón, por mucho que nos empeñemos en abusar del superglue. España, te estás ganando a pulso que organicemos un calvo masivo en lo alto del cerro del Valle de los Caídos.