Que los diferentes gobiernos que se han ido turnando en nuestro país han utilizado Rtve de la forma más conveniente es algo evidente. Pocos responsables de la radio y la televisión pública han obrado con total independencia y sin presiones políticas, pero lo que ocurre en la actualidad es bochornoso.
Como periodista en diferentes medios de comunicación con distintas tendencias ideológicas conozco los límites de la información que se puede dar sin perder mi derecho a libertad de expresión pero, también, sin buscar un problema propio o ajeno. Ojalá todos los que nos dedicamos a esto no tuviésemos que clamar por menos ataduras para expresarnos, pero es utópico pensar que cualquiera puede decir lo que le apetezca. Hay límites morales y legales.
Pero una cosa es que los trabajadores del sector conozcamos qué tenemos que hacer para trasladar las noticias con rigor y objetividad sin perder nuestro puesto de trabajo, y otra muy distinta es asistir al vergonzante espectáculo que han podido presenciar los que estaban viendo las noticias en ‘La 1’ o el ‘24 h’ de Televisión Española. La noticia del día, de la semana, un hecho esperado desde días, y con una nube de cámaras y micrófonos en la puerta de la prisión de Soto del Real…; llega el momento, se produce y mientras algunas cadenas cortan sus emisiones, el Telediario conecta en directo ¡qué suerte, qué puntería! Pero, ¿qué ocurre? Después de la primera pregunta de rigor a Bárcenas sobre su lógica alegría al abandonar la cárcel, llega una segunda más comprometida y la señal se corta. Censura. Silencio. Vergüenza.
Si no tuviera demasiado interés podría entender que con ver al extesorero del PP unos segundos se acabase la conexión en directo pero no es el caso. Parece que había una orden clara: cortar las declaraciones de Bárcenas al menor atisbo de alguna respuesta embarazosa para el partido que gobierna en España. Que gobierna y que manipula, mejor dicho, intenta manipular. Todavía queda alguien que cree que tienen la llave de la información, que lo que de “el parte” o el ‘NODO’ es la única realidad, lo que les llegará a los ciudadanos. Perdón por la expresión: hay que ser tonto para pensar eso.
Lo visto en la noche del 22 de enero de 2015 es un espectáculo que insulta a la inteligencia de los ciudadanos y a la labor de miles de profesionales de los medios de comunicación. Un atentado contra la libertad de expresión y la información libre.