Opinión

El terrorismo yihadista en Europa

TRIBUNA

Ely Karmon | Sábado 24 de enero de 2015
¿Está ahora Europa preparada para tomar las necesarias decisiones políticas, legales y operativas para combatir a los terroristas?


El tipo de ataque terrorista que golpeó a París a comienzos de este año lo llevaban temiendo desde hacía mucho tiempo las autoridades de Francia, Europa y la mayor parte del mundo occidental. El asedio al café de Sydney en diciembre presagiaba ya el atentado, mucho más mortífero, contra el edificio de la redacción de la revista “Charlie Hebdo”, las calles de París y el supermercado kosher judío.

Informaciones filtradas en los medios de comunicación por los servicios occidentales, docenas de seminarios oficiales y cientos de artículos escritos por expertos predecían una oleada de terrorismo como resultado del regreso de miles de combatientes extranjeros radicalizados procedentes de Siria y de frentes de batalla iraquíes. Las claras amenazas de ISIS y otros grupos yihadistas, así como los espantosos vídeos de rehenes decapitados en Internet, no han dejado mucho espacio a la imaginación.

Y sin embargo, los sangrientos sucesos de París han cogido por sorpresa tanto a los políticos como a la opinión pública. Daba la impresión de que las autoridades habían sido lentas a la hora de tomar las medidas necesarias para detener el flujo de yihadistas hacia Siria e Irak, y de neutralizar las incipientes redes terroristas locales.

Aún es demasiado pronto para decir quién ha estado detrás de la operación de París, si un patrocinador extranjero o una célula local.

Quienes perpetraron el atentado no eran combatientes que regresaban del Oriente Medio, como el terrorista responsable de la matanza de cuatro personas en el ataque al Museo Judío de Bruselas en mayo de 2014; más bien eran miembros del antiguo “Grupo de Buttes-Chaumont”, una red informal de jóvenes delincuentes comunes norteafricanos radicalizados en prisión y en una pequeña mezquita de barrio de París.

Sin embargo, el “Grupo de Buttes-Chaumont” estaba vinculado con las redes de 2003-2006 que enviaban combatientes para que se unieran a Al-Qaeda en Irak (AQI) en su lucha contra las fuerzas americanas y de la coalición. Dado que AQI se transformó en ISIS, sería razonable pensar que los hermanos franco-argelinos Kouachi actuaron en su nombre.

Además, Amedy Coulibaly, el musulmán franco-maliense que mató a una oficial de policía y luego tomó rehenes en el supermercado kosher, había grabado antes un “vídeo del martirio” en el que juraba lealtad al “emir de los fieles”, Abu Bakr Al-Baghdadi, el líder de ISIS.

El videoclip va acompañado de un texto que describe a Coulibaly como un “soldado del Califato”. Y Coulibaly insiste en que él y los hermanos Kouachi estaban trabajando conjuntamente.

Pero hay un posible segundo escenario. El hermano mayor, Saïd Kouachi, pasó varios meses en Yemen en 2011 y, según fuentes confidenciales, fue entrenado por Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQAP). A eso se añade que Chérif Kouachi contó en el canal de noticias de la televisión francesa BFM-TV que estaba financiado por el célebre predicador de Al-Qaeda, Anwar al-Awlaki, en Yemen y que había sido enviado por AQAP.

El comandante de AQAP, Nasr Ibn Ali al-Ansi, ha reivindicado el atentado contra la revista “Charlie Hebdo”. Según una fuente de AQAP, la organización eligió ese objetivo para vengar el honor del profeta Mahoma y para hacer una advertencia a todos los países occidentales. El objetivo de París también fue elegido por el importante papel desempeñado por Francia en la guerra contra el Islam y las naciones oprimidas. La fuente relevó que el nombre y la foto de uno de los caricaturistas habían aparecido en un cartel de “Se busca” publicado en la revista “Inspire”, de AQAP.

Uno de los principales retos para los investigadores será determinar si estaba detrás del atentado ISIS o AQAP; AQAP es la principal filial de la central de Al-Qaeda y está sometida al liderazgo de Ayman al-Zawahiri, un enconado rival del “Califa” de ISIS, al-Baghdadi. Sería una sorpresa muy preocupante si resulta que esto ha sido una “empresa conjunta” y que las dos organizaciones han logrado introducir células durmientes en territorio europeo.

Los servicios de inteligencia y la policía franceses han sido muy criticados por no haber sabido evitar los ataques, ya que los sospechosos eran muy conocidos y probablemente estuvieran sometidos a un seguimiento. Pero el problema al que se enfrentan es de grandes dimensiones. Se calcula que hay unos 5.000 yihadistas y simpatizantes en Francia y más de 1.000 combatientes yihadistas franceses en Siria e Irak. Además, las autoridades francesas están trabajando sujetas a severas limitaciones jurídicas y políticas.

Y lo que es peor, probablemente la lucha contra los terroristas se vuelva aún más difícil. Cuanto más éxito tengan las fuerzas de la coalición en la batalla contra ISIS en Siria e Irak, más probable será que los combatientes extranjeros regresen a casa e intensifiquen la amenaza terrorista en suelo europeo.

Queda por ver si esas manifestaciones sin precedentes de solidaridad nacional e internacional anuncian el despertar de los políticos y la opinión pública europeos ante el verdadero alcance de la amenaza que suponen los combatientes extranjeros que regresan, y el despertar ante la amenaza –de mayores dimensiones- de radicalización islamista en su propio territorio. Y, lo que es más importante, falta por ver si ahora están dispuestos a tomar, en estrecha colaboración, las necesarias decisiones políticas, legales y operativas para contrarrestar dichas amenazas.