Opinión

Dolosa exégesis de los textos sagrados (II)

TRIBUNA

Antonio Agar | Martes 27 de enero de 2015
Las reacciones a lasmatanzasyihadistasperpetradasenParís, han sido portadas de todos los diarios del mundo, y en las que eldenominadorcomúnhagravitado sobre la libertaddeexpresión ysuslímites.

Está más que constatado que la blasfemia y el insulto entorpecen la convivencia, pero también con su prohibición, nos llevaría a situarnos en el último peldaño de la sumisión, es decir a no ejercitar la crítica.

Se han editado crónicas de todo signo, destaco unas palabras cargadas de especial simbolismo:

“Nadie escapa al humor y la sátira, ni Dios mismo”.

Hemos llegado indefectiblemente a movernos en un terreno resbaladizo, y en el cual muchos escritores y grafistas han entronizado el humor y la ironía en los palafitos de esa libertad de expresión. Una vez asentado el principio de la falta de barreras para expresar a lo libre, inevitablemente se libra un enfrentamiento entre la libertad de pensamiento y la Fe de los religiosos de uno y otro signo, que siguen aferrados al carro de la sensibilidad espiritual con contumaz intransigencia.

Es momento de meditar y ponderar las consecuencias del todo vale en lo que concierne a la libertad de expresión. Cuando el contenido de lo expresado, traspasa el umbral de la tolerancia, lesionando gravemente la dignidad del otro: Si es persona, o institución, existen leyes que protegen los ataques al honor con castigos monetarios, en algunos casos de cierta consideración. Cuando la mofa, afecta a las creencias religiosas, se radicalizan las posturas y florecen facciones incontroladas que responden con extrema violencia.

El Papa Francesco, jesuita de reconocido temple, ha protagonizado un acto incomprensible, un lapsus que no puede permitirse el representante del Cristo que porta el baluarte del perdón y el de poner la otra mejilla.

Con el fin de valorar con mayor perspectiva la actuación del Pontífice; debemos tener presente que el Papa es, antes que nada un hombre, un ser humano, y que una vez incorporada su formación teológica y su posición de leader espiritual, pasa a ser catalogado como un Icono de la cristiandad; a semejanza de las monumentales fachadas y retablos de las catedrales, primero son piedras bellamente labradas, que tras una magistral arquitectura, convierten esas piedras y mármoles en suntuosos TEMPLOS, de lo que se deduce, que el Papa Francesco, actuó en un acto reflejo como hombre introduciendo un ejemplo que afecta a su privacidad, ante la hipotética ofensa a su progenitora, respondiendo con un imaginado puñetazo, sin reflexionar que su actitud, llevaba implícita su apoyo a la violencia de los asesinatos de París.

Resulta alentador la decisión tomada por la Revista Hebdo, publicando un número especial con una portada en la que pone de manifiesto: “TODO ESTÁ PERDONADO”, poniendo de relieve que ha triunfado la reconciliación sobre la venganza.

Con el propósito de relajar los ánimos y suavizar la tensión de los dramáticos sucesos, he recurrido a un intelectual y escritor que dedicó su enorme talento a obras y escritos, en los cuales presidía: El humor y la risa sobre sí mismo, desnudando a sus personajes del ropaje de la arrogancia con sutiles toques de fina ironía. No puede ser otro que el genial Bernard Shaw, autor de la obra maestra: Pigmalión.

De entre sus divertidas anécdotas, relato una que tuvo lugar en una de sus disertaciones. Al finalizar, cuando descendía del atril en medio de una ovación clamorosa, un señor situado en el rellano, le espetaba en voz alta insultos y gestos de desaprobación. El escritor con aplomo, se dirigió a él estrechándole la mano diciéndole: Estoy de acuerdo con Vd. pero me temo que nosotros dos, difícilmente vamos a cambiar la opinión de la multitud.

Se le atribuyen fragmentos tan deliciosos como estos:

“Quien puede reírse francamente de sí mismo, regala los espacios ocupados por su ración de orgullo, y a cambio, obtiene mayores proporciones de aceptación” Sostener el yo a pie firme, tóxico, enhiesto y sin descanso, aísla y fatiga mucho, por lo tanto aliviadas y adelgazadas de vanidad, quienes ríen de sí, se vuelven personajes más afables y de fácil entendimiento.

Buscando la verdad a través del dialogo y la moderación.

¿Quién está en posesión de la verdad? La verdad no es patrimonio de las religiones o doctrinas filosóficas, todas las creencias son en el fondo, el reflejo de una realidad subjetiva que cada cual percibe según su patrón existencial. Retumban en mis oídos las palabras sencillas de Miguel Hernández, narradas hace muchos años por mi profesor de literatura: El mundo es como aparece ante mis cinco sentidos: El aire tiene el tamaño del corazón que respiro y el Sol tiene la luz con que yo le desafío. Somos algo más que vemos, algo menos que inquirimos.

En el dialogo sereno y a través de la palabra, hallaremos si perseveramos, el punto de encuentro, pero que ¿Es la palabra? ¿Cuántos significados y resonancias, contiene su música y su canto? A veces, puede ser un susurro amoroso, otras, un soplo que murmulla entre los pliegues de unos labios que pronuncian sin descanso: PAZ, AMOR Y FRATERNIDAD UNIVERSAL, que ignoramos, empecinados en imponer nuestra verdad, en ocasiones con silencios y otras con arrebatos tan impetuosos como las galernas del Mar.

La moderación es un ejercicio del espíritu que no puede improvisarse, resultado de una pedagogía que impone la vida en base de los surcos de la experiencia. El cultivo de la templanza que irradia el moderantismo, es siempre una búsqueda sutil de la prudencia que trata de engarzarse al collar del perdón y la tolerancia.

La deseada meta del perdón y la reconciliación.

En el marco de los conflictos humanos, El perdón, demuestra la capacidad del hombre para crear el futuro, y de esta forma liberar a sus semejantes del secuestro en que nos sitúa la venganza.

No olvidemos que una sociedad mal reconciliada, es fuente de interminables conflictos.

Si logramos conciliar lo afectivo con la racionalidad, desplazando de nuestro campo gravitatorio: lo emocional, el fanatismo, las siniestras tinieblas del lado oscuro del Alma, entonces, los hombres en comunidad, podrán abrevar su sed de justicia y paz en aguas de calma sosegada, y ser remansos de seducción para otros.